13 de juny 2018

CATEQUESIS JUNY

Audiencia general: Nueva serie de catequesis dedicada a los mandamientos

Palabras del Papa en español

( 13 junio 2018).- El Santo Padre Francisco ha comenzado hoy un nuevo ciclo de catequesis dedicado a los mandamientos en la audiencia general, coincidiendo con la fiesta de San Antonio de Padua.
La audiencia se ha celebrado en la plaza de San Pedro, este miércoles, 13 de junio, a las 9:40 horas, con la participación de miles de peregrinos llegados de diferentes países de Europa y del mundo.
Francisco se ha remontado a los orígenes, y ha narrado cómo indicó Jesús al hombre el camino de los mandamientos: El diálogo de Jesús con aquel hombre que se acercó a preguntarle lo que tenía que hacer para heredar la vida eterna. “En su pregunta latía el deseo de una vida plena, auténtica. Jesús le responde indicándole el camino del cumplimiento de los mandamientos”.
Pero él, a pesar de que cumple los mandamientos desde pequeño, siente que le sigue faltando algo –ha explicado el Papa–. Así, mediante un proceso pedagógico, Jesús lleva a esa persona a reconocer sus propios límites para que confíe en él, el Hijo de Dios, “el único que puede dar una vida plena”.
Vida plena
El hombre debía convencerse de que “ya no puede vivir de sí mismo”, de sus propias obras, de sus propios bienes; “es necesario que lo deje todo para seguir al Señor, porque Él es la vida plena, el amor verdadero y la riqueza auténtica”, ha aclarado Francisco.
El Pontífice ha indicado que en estas catequesis se verán cada uno de los mandamientos como esa “puerta que el Padre celeste ha abierto para conducirnos a la vida verdadera, dejando que Jesús nos tome de la mano y nos ayude a atravesarla”
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy es la fiesta de San Antonio de Padua. ¿Quién  de vosotros se llama Antonio? Un aplauso para todos los “Antonios”.
Hoy comenzamos un nuevo itinerario catequético. Será sobre el tema de los mandamientos. Los mandamientos de la ley de Dios. Nos sirve de introducción el pasaje que acabamos de escuchar: el encuentro entre Jesús y un hombre –es un joven-  que, de rodillas, le pregunta cómo puede alcanzar la vida eterna (cf. Mc 10.17 a 21). Y en esa pregunta está el desafío de cada existencia, también de la nuestra: el deseo de una vida plena e infinita. Pero ¿cómo llegar? ¿Qué camino tomar? Vivir de verdad, vivir una existencia noble… Cuántos jóvenes intentan “vivir” y en cambio se destruyen  persiguiendo cosas efímeras.
Algunos piensan que sea mejor apagar este impulso, -el impulso de vivir- porque es peligroso. Quisiera decir, sobre todo a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por muy  graves y dramáticos que sean: El mayor peligro en la vida es un mal espíritu de adaptación que no es la mansedumbre ni la humildad, sino la mediocridad, la pusilanimidad [1]. Un joven mediocre ¿es un joven con futuro o no? ¡No! Se queda ahí; no crece, no tendrá éxito. La mediocridad o la pusilanimidad. Esos jóvenes que tienen miedo de todo. “No, yo soy así…” Esos jóvenes no saldrán adelante. Mansedumbre, fuerza y nada de pusilanimidad, nada de mediocridad. El beato Pier Giorgio Frassati decía que debemos vivir, no ir tirando. [2] Los mediocres van tirando. Vivir con la fuerza de la vida. Hay que pedir a nuestro Padre Celestial para los jóvenes de hoy el don de la inquietud saludable. Pero, en vuestras casas, en cada familia, cuando hay  un joven que está todo el día sentado, a veces la madre y el padre piensan: “Está enfermo, tiene algo” y lo llevan al médico. La vida del joven es ir adelante, estar inquieto, la inquietud saludable,  la capacidad de no estar satisfechos con una vida sin belleza, sin color. Si los jóvenes no tienen hambre de una vida auténtica,  me pregunto ¿Dónde irá la humanidad? ¿Dónde irá la humanidad con jóvenes quietos y no inquietos?
La pregunta de aquel hombre del Evangelio que hemos escuchado está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? .Jesús responde: “Ya sabes los mandamientos” (v. 19), y cita una parte del Decálogo. Es un proceso pedagógico, con el cual Jesús quiere conducir a un lugar preciso. De hecho, ya está claro, por su pregunta que aquel hombre no tiene una vida plena busca algo más, está inquieto. Por lo tanto ¿qué debe entender? Él dice: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud» (v. 20).
¿Cómo se pasa de la juventud a la madurez? Cuando se empiezan a aceptar las propias limitaciones. Nos volvemos adultos cuando nos relativizamos y tomamos conciencia de “lo que falta” (cfr. v. 21). Este hombre se ve obligado a reconocer que todo lo que puede “hacer” no supera un “techo”, no va más allá de un margen.
¡Qué hermoso es ser hombres y mujeres! ¡Qué preciosa es nuestra existencia! Y sin embargo, hay una verdad que en la historia de los últimos siglos el hombre ha rechazado a menudo, con trágicas consecuencias: la verdad de sus limitaciones
Jesús, en el Evangelio, dice algo que puede ayudarnos: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento “(Mt 5, 17). El Señor Jesús regala el cumplimiento, por eso vino. Aquel hombre tenía dar un salto para llegar al umbral, donde se abre la posibilidad de dejar de vivir de uno mismo, de las propias obras, de los propios bienes y – precisamente porque falta la vida plena -dejarlo todo para seguir al Señor [3]. Mirándolo bien, en la invitación final de Jesús – inmenso, maravilloso – no está la propuesta de la pobreza sino la de la riqueza, la verdadera, “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven ¡Sígueme!”(V. 21).
¿Quién, pudiendo elegir entre un original y una copia, elegiría la copia? Este es el desafío: encontrar el original de la vida, no la copia. Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino vida verdadera, amor verdadero, riqueza verdadera! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias tintas? Es feo encontrar cristianos de medias tintas, cristianos –me permito la palabra- “enanos”; crecen hasta una determinada estatura y luego no; cristianos con el corazón encogido, cerrado. Es feo encontrarse con esto. Hace falta el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a “algo más“, a crecer algo más. San Ignacio lo llamaba el “magis”, “el fuego, el fervor de la acción, que sacude al soñoliento”. [4]
El camino de lo que falta pasa por lo que hay. Jesús no vino a abolir la Ley o los Profetas sino a cumplirlos. Tenemos que partir de la realidad para dar el salto a “lo que falta”. Debemos escudriñar lo ordinario para abrirnos a lo extraordinario.
En estas catequesis tomaremos las dos tablas de Moisés como cristianos, de la mano de Jesús, para pasar de las ilusiones de la juventud al tesoro que está en el cielo, caminando detrás de Él. Descubriremos, en cada una de esas leyes, antiguas y sabias, la puerta abierta por el Padre que está en los cielos para que el Señor Jesús, que la ha cruzado, nos lleve a la vida verdadera. Su vida. La vida de los hijos de Dios.
1] Los Padres hablan de pusilanimidad (oligopsychìa). San Juan Damasceno la define como “el temor de llevar a cabo una acción” (Exposición exacta de la Fe Ortodoxa, II, 15) y San Juan Clímaco agrega que “la pusilanimidad es una disposición pueril, en un alma que ya no es más joven “(La Scala, XX, 1, 2).

[2] Ver Carta a Isidoro Bonini, 27 de febrero de 1925.

[3] “El ojo fue creado para la luz, el oído para los sonidos, todo para su propósito y el deseo del alma para  apresurarse hacia el Cristo” (Nicola Cabasilas, La vida en Cristo,II, 90).

[4] Discurso a la XXXVI Congregación General de la Compañía de Jesús, 24 de octubre de 2016: “Se trata de magis, de aquel plus que lleva a Ignacio a iniciar procesos, a acompañarlos y evaluar su impacto real en la vida de las personas, en materia de fe, o de justicia, o de misericordia y caridad”.
14.06.18






Gritar, responder y liberar”: Propuesta del Papa para ayudar a los pobres

Mensaje de la II Jornada Mundial de los Pobres


(14 junio 2018).- El Papa Francisco ha titulado el Mensaje de la II Jornada Mundial de los Pobres “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, palabras del Salmo 37. “¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles?” plantea el Papa en documento.
La presentación del Mensaje ha tenido lugar esta mañana, 14 de junio de 2018, en la Santa Sede, a cargo de Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y Mons. Graham Bell, Subsecretario del mismo dicasterio.
El Santo Padre firmó simbólicamente el Mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres –que se celebrará el domingo, 18 de noviembre de 2018– el día 13 de junio de 2018, fiesta de San Antonio de Padua, patrono de los pobres.

Santa Marta: “Cuando insulto al otro, mato su futuro”

Jesús nos llama a la reconciliación


(14 junio 2018).- El Papa Francisco advierte de que “cuando insulto, inicio a matar al otro, le quito el derecho de ser respetable, mato su futuro, quizás incluso en el automóvil a la hora de punta, pero más a menudo por envidia”.
La reflexión del Santo Padre en la misa celebrada esta mañana, 14 de junio de 2018, en Santa Marta, ha estado enfocada a la “reconciliación que nos pide Jesús”, respetar la dignidad del otro y también la mía, ha indicado Francisco
Comentando el Evangelio de Mateo sobre el discurso de Jesús sobre la justicia, el insulto y la reconciliación, el Obispo de Roma ha explicado que Jesús nos invita a la reconciliación radical: “La sabiduría humana: siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio”. Para hacer entender bien su enseñanza sobre la relación de amor, de caridad con nuestros hermanos, el Señor usa “un ejemplo de todos los días”. Pero después “va más allá y explica el problema de los insultos”.
Decir al hermano “estúpido” o “loco” lleva a la condena, ha advertido el Santo Padre. “El Señor dice: “El insulto no termina en sí mismo, es una puerta que se abre, es comenzar un camino que terminará matando” – precisa el Papa. Porque el insulto “es el comienzo del matar, es un descalificar al otro, quitarle el derecho de ser respetable y dejarlo de lado, es matarlo en la sociedad”.
El insulto es tan peligroso, explica el Papa, “porque tantas veces nace de la envidia”. Cuando una persona tiene una minusvalía, mental o física, no me amenaza, y no tenemos ganas de insultarla.
Pero cuando una persona hace algo que no gusta, yo la insulto y la hago pasar como “discapacitada”, ha detallado el Pontífice: discapacitada mental, discapacitada social, discapacitada familiar, sin capacidad de integración… Y por esto mata: mata el futuro de una persona, mata el recorrido de una persona. Es la envidia que abre la puerta, porque cuando una persona tiene algo que me amenaza, la envidia me lleva a insultarla. Casi siempre hay envidia allí.
Así, el Papa ha invitado a reflexionar: “¿Yo cómo insulto?” “¿Yo cuándo insulto?”.
¿Cuándo separo mi corazón del otro con un insulto? –ha planteado–. Y ver si allí está aquella raíz amarga de la envidia que me lleva a querer destruir al otro para evitar la competición, la rivalidad, estas cosas. No es fácil esto. Pero pensemos: ¡qué hermoso no insultar jamás! Es bello, porque así dejamos crecer a los demás. Que el Señor no dé esta gracia.   
15.06.18


Santa Marta: Jesús dignifica a la mujer y la pone al mismo nivel que el hombre

Homilía del Papa Francisco


(15 junio 2018).- El Santo Padre ha afirmado que «Jesús dignifica a la mujer y la pone al mismo nivel que el hombre, ya que toma aquella primera palabra del Creador, “ambos son imagen y semejanza de Dios”, ambos.
Francisco ha reflexionado sobre el Evangelio del día según San Mateo, en la misa celebrada esta mañana, 15 de junio de 2018, en la Casa Santa Marta, en el que resuenan las palabras de Cristo: “El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio” y “el que repudia a su propia mujer la expone a caer en adulterio”.
Imagen y semejanza de Dios
El Papa ha puesto en guardia sobre el grave pecado de explotar a las mujeres, señala ‘Vatican News’ en español, y explica que sin ellas, “el hombre no puede ser imagen y semejanza de Dios”.
La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia: “Una cosa es la mujer antes de Jesús y otra cosa es la mujer después de Jesús”, ha anunciado Francisco.
Jesús dice palabras fuertes, radicales, que cambian la historia, ya que hasta entonces la mujer ‘era considerada de segunda clase’, para decirlo con un eufemismo: era una esclava, ni siquiera gozaba de plena libertad”, observa el Papa.
El Santo Padre subraya cómo las mujeres son precisamente “aquello que falta a todos los hombres para ser imagen y semejanza de Dios”.
En este sentido, el Papa ha invitado a orar por “las mujeres descartadas, las mujeres usadas, las niñas que tienen que vender su dignidad por un trabajo”. Igualmente, el Sucesor de Pedro recuerda que descartar a la mujer es un pecado contra Dios Creador, porque sin ellas, “los hombres no podemos ser imagen y semejanza de Dios”.
Convertida en “producto”
En los programas de televisión, revistas, periódicos, vemos a las mujeres como un objeto de deseo, de uso; como en un supermercado”, explica el Papa señalando que en muchas ocasiones, con el fin de vender productos de una “cierta calidad”, la mujer es convertida en “producto”, expuesta de manera humillante, a veces sin ropa, tirando así por tierra esa enseñanza de Jesús que la “dignificó”.
Hay una rabia contra la mujer, una rabia fea. Incluso sin decirlo… ¿Cuántas veces las chicas necesitan venderse como un objeto desechable para tener un puesto de trabajo? ¿Cuántas veces?”, se pregunta Francisco señalando que esta situación también se vive en Roma y que no hace falta irse muy lejos para ser testigos de esta lacra social.   
16.06.18


Ángelus: El Reino de Dios crece de manera misteriosa y sorprendente

Una actitud de fe que sobrepasa nuestros proyectos, nuestros cálculos y nuestras previsiones

(17 junio 2018).- “Ayer, como hoy, el Reino de Dios crece de manera misteriosa y sorprendente en el mundo, revelando el poder oculto de la pequeña semilla, su victoriosa vitalidad”, dijo el Papa Francisco el 17 de junio. 2018.
Delante de 15 mil personas presentes en la Plaza de San Pedro, bajo un sol brillante, el Papa hizo hincapié en la “lógica de la naturaleza impredecible de Dios”: “Hoy el Señor nos llama a una actitud de fe que sobrepasa nuestros proyectos, nuestros cálculos, nuestras previsiones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas, el Señor siempre nos sorprende.”
Aquí está nuestra traducción de las palabras pronunciadas por el Papa para introducir la oración mariana.
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
En el fragmento del Evangelio de hoy (Mc 4.26-34), Jesús habló a la multitud del Reino de Dios y del dinamismo de su crecimiento, y lo hace contando dos parábolas breves.
En la primera parábola (v. 26-29), el Reino de Dios se compara con el misterioso crecimiento de la semilla, que se siembra y el germen crece y produce la especie, independientemente de los cuidados del agricultor, que al final de la maduración hace lo necesario para recolectarlo. El mensaje que nos da esta parábola es éste: por la predicación y la acción de Jesús el Reino de Dios es anunciado, irrumpe en el campo del mundo y como el grano crece y se desarrolla, por su propia fuerza y ​​de acuerdo con sus criterios, humanamente no descifrables. Al crecer y germinar en la historia, no depende tanto del trabajo del hombre, sino que es sobre todo la expresión del poder y la bondad de Dios. Y de la fuerza del Espíritu Santo, quien hace avanzar la vida cristiana en el seno del Pueblo de Dios.
A veces la historia, como  sus acontecimientos y sus protagonistas, parece ir en sentido contrario de los designios del Padre celestial, que quiere para todos sus hijos la justicia, la fraternidad, la paz. Pero estamos llamados a vivir estos tiempos como temporadas de prueba, de esperanza y atenta espera de la cosecha. En efecto, ayer, como hoy, el Reino de Dios está creciendo en el mundo de una manera misteriosa y sorprendente, al revelar el poder oculto de la pequeña semilla, su victoriosa vitalidad. En los pliegues de los acontecimientos personales y sociales que a veces parecen marcar el hundimiento de la esperanza, uno debe permanecer confiado en la acción sofocada pero poderosa de Dios. Por eso, en tiempos de tinieblas y dificultades, no debemos permitir dejarnos abatir, sino permanecer anclados en la fidelidad de Dios, en su presencia que siempre salva. Acordaos de esto: Dios salva siempre, Él es salvador.
En la segunda parábola (v. 30-32), Jesús compara el Reino de Dios con un pequeño grano de mostaza. Es un grano muy pequeño, pero crece hasta convertirse en la más grande de todas las plantas del jardín: un crecimiento impredecible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la naturaleza impredecible de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que va más allá de nuestros proyectos, nuestros cálculos y nuestras predicciones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas, el Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos más generosamente a los planes de Dios, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En nuestras comunidades debemos prestar atención a las pequeñas y grandes oportunidades de bien que nos ofrece el Señor, permitiéndonos involucrarnos en su dinámica de amor acogedor y de misericordia hacia todos.
La autenticidad de la misión de la Iglesia no está dada por el éxito y la satisfacción de los resultados, sino por el hecho de avanzar con el coraje de la confianza y la humildad de rendirse a Dios. Avanzar en la confesión de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Es la consciencia de ser pequeños y débiles instrumentos, que en las manos de Dios y por su gracia pueden realizar grandes obras, avanzando en su Reino que es “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17). Que la Virgen María nos ayude a ser simples y atentos, a colaborar con nuestra fe y nuestro trabajo en el desarrollo del Reino de Dios en los corazones y en la historia.     
18.06.18




Santa Marta: La comunicación calumniosa “destruye”

Como en la dictadura nazi, dice el Papa


(18 junio 2018).- El Papa advierte de que se pueden “destruir instituciones o personas” con la calumnia: “Se usa la seducción que el escándalo tiene en la comunicación. Justamente de esta ‘comunicación calumniosa’, ha dicho Francisco en su homilía en la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta.
En la mañana del lunes, 18 de junio de 2018, el Santo Padre ha alertado de que “también hoy, en muchos países, se usa este método: destruir la libre comunicación” y lo ha comparado con la dictadura nazi: “Pensemos por ejemplo en las dictaduras del siglo pasado. Pensemos en la persecución a los judíos, por ejemplo. Una comunicación calumniosa, contra los judíos; y terminaban en Auschwitz porque no merecían vivir”.
En esta línea, el Pontífice ha observado que por este motivo, hay muchas personas, “tantos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniosas”. Ha explicado que hoy también sucede en las pequeñas sociedades, en las personas y en tantos países: “El primer paso es apropiarse de la comunicación, y después la destrucción, el juicio, y la muerte”.
Una “gran seducción”
También en la vida cotidiana es así” –ha asegurado el Papa Francisco–. Si se quiere destruir a una persona, “inicio por la comunicación: difamar, calumniar, decir escándalos”.
Y comunicar escándalos es un hecho que tiene una seducción enorme, una gran seducción. Se seduce con los escándalos. Las buenas noticias no son seductoras: si, pero que bien que ha hecho. Y pasa… Pero un escándalo: pero has visto. Has visto esto. Has visto aquel otro. ¿Qué cosa ha hecho? Esta situación… Pero no puede, no se puede ir adelante así. Y así la comunicación crece, y esa persona, esa institución, aquel país termina en la ruina. No se juzgan al final a las personas. Se juzgan las ruinas de las personas o de las instituciones, porque no pueden defenderse”.
Historia de Nabot
El Papa ha reflexionado a partir de la historia de Nabot, narrada hoy en el Primer Libro de los Reyes y propuesta en la Primera Lectura. El rey Acab desea la viña de Nabot y le ofrece dinero. Aquel terreno pero forma parte de la herencia de sus padres y por lo tanto el hombre lo rechaza. Entonces Acab que era “caprichoso”, hace como los niños cuando no obtienen lo que quieren: llora.
Luego, siguiendo el consejo de su mujer cruel, Jezabel, lo acusa de falsedad, lo mata y toma posesión de su viña. Nabot –ha señalado el Pontífice– es pues un “mártir de la fidelidad a la herencia” que había recibido de sus padres: una herencia que iba más allá de la viña, una “herencia del corazón”.
Francisco ha indicado que la historia de Nabot es paradigma para la historia de Jesús, de San Esteban y de todos los mártires que han sido condenados “usando un escenario de calumnias”. Pero es también un paradigma en el modo de proceder de mucha gente, de “tantos jefes de Estado y de Gobierno”. Se comienza con una mentira y, “después de haber destruido sea una persona, sea una situación con aquella calumnia”, se juzga y se condena, ha descrito.  
19.06.18




Santa Marta: “Amen a sus enemigos y recen por sus persecutores”

Exhortación del Papa en la Misa


(19 junio 2018).- En su homilía, Francisco afirmó que comprendemos que “debemos perdonar a los enemigos”, “lo decimos todos los días en el Padrenuestro; pedimos perdón como nosotros perdonamos: es una condición…, si bien no fácil”.
El perdón, la oración, el amor por quien nos “quiere destruir”, por nuestro enemigo: Sólo la Palabra de Jesús puede tanto, destacó el Pontífice en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el tercer martes de junio.
De este modo también “rezar por los demás”, por “aquellos que nos causan dificultades”, “que nos ponen a prueba: también esto es difícil, pero lo hacemos. O, al menos, tantas veces hemos logrado hacerlo”, ha señalado el Papa.
Al reflexionar sobre el capítulo V, versículo 43, del Evangelio de Mateo propuesto por la liturgia del día, el Santo Padre admitió la dificultad humana de seguir el modelo de nuestro Padre celestial que tiene un amor “universal”. De ahí que haya destacado el desafío del cristiano de pedir al Señor la “gracia” de saber “bendecir a nuestros enemigos” y comprometernos a amarlos.
Rezar por los enemigos
Pero rezar por aquellos que quieren destruirme, por los enemigos, para que Dios los bendiga: es algo verdaderamente difícil de entender –ha reconocido Francisco–. Pensemos en el siglo pasado, en los pobres cristianos rusos que por el sólo hecho de ser cristianos eran enviados a Siberia a morir de frío: ¿Y ellos debían rezar por el gobernante verdugo que los mandaba allá? Pero, ¿cómo? Y tantos lo han hecho: han rezado. Pensemos en Auschwitz y en otros campos de concentración: ellos debían rezar por este dictador que quería la raza pura y mataba sin escrúpulos, ¡y rezar para que Dios lo bendijera! Y tantos lo han hecho”.
El Papa ha planteado la “lógica difícil” de Jesús que, en el Evangelio, está contenida en la oración y en la justificación de aquellos que “lo  mataban” en la Cruz: “Perdónalos, Padre, no saben lo que hacen”. Jesús pide perdón por ellos, como también lo hace en el momento del martirio, Santo Esteban:
Pero cuánta distancia, una infinita distancia entre nosotros que tantas veces no perdonamos pequeñas cositas, y esto que nos pide el Señor y de lo que nos ha dado ejemplo: perdonar a los que tratan de destruirnos. En las familias es tan difícil, a veces, para los esposos, perdonarse después de alguna disputa, o perdonar a la suegra: no es fácil. Para el hijo, pedir perdón al papá, es difícil. Pero perdonar a aquellos que te están matando, que quieren destruirte… No sólo perdonar: rezar por ellos, ¡para que Dios los custodie! Es más, amarlos. Sólo la palabra de Jesús puede explicar esto. Yo no logro ir más allá”.
Por último, el Papa ha propuesto que “nos hará bien, hoy, pensar en un enemigo – creo que todos nosotros tengamos alguno – en uno que nos ha hecho el mal o que nos quiere hacer el mal o que trata de hacer el mal: en éste. La oración mafiosa es: “Me la pagarás”. La oración cristiana es: “Señor, dale tu bendición y enséñame a amarlo”. Pensemos en uno: todos nosotros tenemos uno. Pensemos en él. Recemos por él. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de amarlo”.   
20.06.18



Audiencia general: Con los mandamientos, Dios nos cuida y protege de la autodestrucción

2ª catequesis de los mandamientos

(20 junio 2018).- El Papa Francisco ha asegurado que Dios “es un padre que nos quiere y sale a nuestro encuentro”. Con los mandamientos, que contienen sus palabras, “Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos”.
La audiencia general se ha celebrado esta mañana, miércoles, 20 de junio de 2018, en la plaza de san Pedro bajo un sol radiante y con la presencia de miles de fieles procedentes de diferentes países del mundo.
Dios es un padre
El Pontífice ha dedicado la catequesis de hoy –la segunda dedicada a los mandamientos– a hablar de los mandamientos como parte de una relación, aquella de la Alianza entre Dios y su Pueblo.
Sabemos que “Dios es un padre” –ha destacado el Papa– que “nos quiere” y “sale a nuestro encuentro”. Con los mandamientos, que contienen sus palabras, Él nos cuida y protege de la autodestrucción, porque somos sus hijos, no sus súbditos. Vivir como cristianos es pasar de la mentalidad de esclavos a la mentalidad de hijos.
Diez Palabras
La Sagrada Escritura los llama también «las diez Palabras» –ha dicho Francisco–. “¿Qué diferencia hay entre un mandamiento y una palabra? El mandamiento es un precepto, una orden. En cambio, la palabra es el medio esencial de la relación como diálogo fundamentado en el amor”.
En este sentido, el Santo Padre ha expresado que “dos personas que no se aman, no logran comunicar. Sin embargo, cuando alguien habla a nuestro corazón, termina nuestra soledad y comienza una comunicación que da vida”.
Desde el principio, ha explicado Francisco, el Tentador, quiso engañar al hombre y a la mujer, haciéndoles creer que Dios no los amaba y que era un déspota que les imponía leyes y normas para someterlos. “Lo mismo quiere hacernos creer también hoy a nosotros”, ha advertido.
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Esta audiencia se desarrolla en dos sitios: nosotros, aquí, en la Plaza y en el Aula Pablo VI donde hay más de 200 enfermos que ven la audiencia gracias a una pantalla gigante. Todos juntos formamos una comunidad. Saludamos con un aplauso a los que están en el Aula.
El miércoles pasado comenzamos un nuevo ciclo de catequesis, sobre los mandamientos. Vimos que el Señor Jesús no vino a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. Pero tendremos que entender mejor esta perspectiva.
En la Biblia, los mandamientos no viven por sí mismos, sino que son parte de un nexo, una relación. El Señor Jesús no vino a abolir la Ley sino a darle cumplimiento. Y existe esa relación, de la Alianza [1] entre Dios y su pueblo. Al comienzo del capítulo 20 del libro de Éxodo leemos – y esto es importante-: “Dios pronunció todas estas palabras”(v. 1).
Parece una apertura como cualquier otra, pero nada en la Biblia es trivial. El texto no dice “Dios pronunció estos mandamientos“, sino “estas palabras”. La tradición judía siempre llamará al Decálogo “las Diez Palabras”. Y el término “decálogo” significa precisamente esto [2]. Y, sin embargo, están en forma de leyes, son mandamientos objetivamente. ¿Por qué, entonces, el Autor sagrado usa, precisamente aquí, el término “diez palabras”? ¿Por qué? ¿Y no dice “diez mandamientos”?
¿Cuál es la diferencia entre un mandato y una palabra? El mandato es una comunicación que no requiere diálogo. La palabra, en cambio, es el medio esencial de la relación como diálogo. Dios Padre crea por medio de su palabra, y su Hijo es la Palabra hecha carne. El amor se alimenta de palabras, al igual que la educación o la colaboración. Dos personas que no se aman no logran comunicar. Cuando alguien habla a nuestro corazón, nuestra soledad termina. Recibe una palabra, hay comunicación y los mandamientos son palabra de Dios: Dios se comunica en estas diez Palabras y espera nuestra respuesta
Una cosa es recibir una orden, otra percibir que alguien intenta hablar con nosotros. Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Yo puedo deciros: “Hoy es el último día de la primavera, cálida primavera, pero hoy es el último día”. Es una verdad, no un diálogo. Pero si os digo: “¿Qué pensáis de esta primavera?, abro un diálogo. Los mandamientos son un diálogo. La comunicación se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo “(ibíd., N. Evangelii gaudium, 142).
Pero esta diferencia no es algo artificial. Observemos lo que pasó al principio. El Tentador, el diablo,  quiere engañar al hombre y a la mujer sobre esta cuestión: quiere convencerlos de que Dios les ha prohibido comer los frutos del árbol del bien y del mal para mantenerlos sometidos. El desafío es efectivamente éste: La primera regla que Dios da al hombre, ¿es la imposición de un déspota que prohíbe y obliga?, o ¿la atención de un papá  que cuida de sus pequeños y los protege de la autodestrucción? ¿Es una palabra o es un mandato? La más trágica, entre las diversas mentiras que la serpiente le dice a Eva, es la sugerencia de una deidad envidiosa– “Pero, no, Dios tiene envidia de vosotros”- , de una deidad posesiva. “Dios no quiere que tengáis libertad”. Los hechos muestran dramáticamente que la serpiente mintió, dio a entender que una palabra de amor fuese un mandato. (véase Génesis 2: 16-17; 3.4-5).
El hombre se enfrenta a esta encrucijada: ¿Dios me impone cosas o me cuida? ¿Sus mandamientos son solo una ley o contienen una palabra para cuidarme? ¿Dios es patrón o padre? Dios es Padre: No lo olvidéis nunca. Incluso en las situaciones más difíciles, pensad que tenemos un Padre que nos quiere a todos. ¿Somos súbditos o hijos? Este combate, tanto dentro como fuera de nosotros, se presenta continuamente: Tenemos que elegir mil veces entre una mentalidad de esclavos y una mentalidad de hijos. El mandamiento es del patrón, la palabra es del Padre.
El Espíritu Santo es un Espíritu de hijos, es el Espíritu de Jesús Un espíritu de esclavos no puede por menos que aceptar la Ley de forma opresiva, y puede producir dos resultados opuestos: O  una vida de deberes y obligaciones, o una reacción violenta de rechazo Todo el cristianismo es el pasaje de la letra de la Ley al Espíritu que da vida (véase 2 Cor 3: 5-17). Jesús es la Palabra del Padre, no es la condena del Padre. Jesús vino a salvar, con su Palabra, no a condenarnos.
Se ve cuando un hombre o una mujer han vivido este pasaje o no. La gente se da cuenta de si un cristiano razona como un hijo o como un esclavo. Y nosotros mismos recordamos si nuestros educadores nos cuidaron como padres y madres, o si solo nos impusieron reglas. Los mandamientos son el camino hacia la libertad, porque son la palabra del Padre que nos hace libres en este camino.
El mundo no necesita legalismo, sino cuidados. Necesita cristianos con corazón de hijos. [3]Necesita cristianos con el corazón de hijos: no lo olvidéis.
1] El cap. 20 del libro de Éxodo está precedido por la oferta de la Alianza en el cap. 19, en el que es central el pronunciamiento: “Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos; porque mía es toda  la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa “(Ex 19, 5-6). Esta terminología encuentra su síntesis emblemática en el Levítico 26:12: “Me pasearé en medio de  vosotros y seré para vosotros Dios y vosotros seréis para mí un pueblo” y  proseguirá hasta el nombre del Mesías predicho en Isaías 7:14 es decir Emmanuel, que llega en Mateo, ” Ved que  la virgen concebirá y dará a luz un hijo; y le pondrá por nombre Emmanuel, que traducido significa Dios con nosotros “(Mt 1,23). Todo esto indica la naturaleza esencialmente relacional de la fe hebrea y, en el más alto grado, de la fe cristiana.
[2] Ver también Éxodo 34,28b: “Escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras”.
[3] Cf. Juan Pablo II, Cart. Enc. Veritatis splendor, 12: ” La entrega del Decálogo es promesa y signo de la alianza nueva, cuando la ley será escrita nuevamente y de modo definitivo en el corazón del hombre (cf. Jr 31, 31-34), para sustituir la ley del pecado, que había desfigurado aquel corazón (cf. Jr. 17, 1). Entonces será dado «un corazón nuevo» porque en él habitará «un espíritu nuevo», el Espíritu de Dios (cf. Ez 36, 24-28) 
  21.06.18




Consejo Mundial de Iglesias: Necesidad de un “nuevo impulso evangelizador”


(21 junio 2018).- “Tenemos necesidad de un nuevo impulso evangelizador” ha expresado el Pontífice Católico en su visita al Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra, que representa a 350 iglesias, y a su vez, a más de 500 millones de cristianos.
El Papa Francisco ha manifestado su deseo de estar presente en las celebraciones de 70º aniversario de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias para reafirmar el compromiso de la Iglesia Católica en la causa ecuménica y para animar la cooperación con las Iglesias miembros y con los interlocutores ecuménicos.
Esta tarde, el Papa Francisco ha participado en el Encuentro Ecuménico en el Salón ‘Visser’t Hooft’ del Centro Ecuménico del Consejo Mundial de Iglesias en Ginebra.
Caminar, rezar y trabajar juntos”
En este contexto el Santo Padre se ha detenido en el lema elegido para esta jornada: Caminar – Rezar – Trabajar juntos, que ha desarrollado a lo largo de su discurso.
Discurso del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas: 
Me es grato encontrarme con vosotros y os agradezco vuestra amable acogida. En particular, doy las gracias al Secretario General, Reverendo Dr. Olav Fykse Tveit, y a la Moderadora, Dra. Agnes Abuom, por sus palabras y por haberme invitado con ocasión del 70º aniversario de la institución del Consejo Ecuménico de las Iglesias.
En la Biblia, setenta años evocan un período de tiempo cumplido, signo de la bendición de Dios. Pero setenta es también un número que hace aflorar en la mente dos célebres pasajes evangélicos. En el primero, el Señor nos ha mandado perdonarnos no siete, sino «hasta setenta veces siete» (Mt 18,22). El número no se refiere desde luego a un concepto cuantitativo, sino que abre un horizonte cualitativo: no mide la justicia, sino que inaugura el criterio de una caridad sin medida, capaz de perdonar sin límites. Esta caridad que, después de siglos de controversias, nos permite estar juntos, como hermanos y hermanas reconciliados y agradecidos con Dios nuestro Padre. 
Si estamos aquí es gracias también a cuantos nos han precedido en el camino, eligiendo la senda del perdón y gastándose por responder a la voluntad del Señor: «que todos sean uno» (Jn 17,21). Impulsados por el deseo apremiante de Jesús, no se han dejado enredar en los nudos intrincados de las controversias, sino que han encontrado la audacia para mirar más allá y creer en la unidad, superando el muro de las sospechas y el miedo. Tenía razón un antiguo padre en la fe cuando afirmaba: «Si el amor logra expulsar completamente al temor y este, transformado, se convierte en amor, entonces veremos que la unidad es una consecuencia de la salvación» (S. Gregorio de Nisa, Homilía 15, Comentario sobre el libro del Cantar de los Cantares). 
Somos los depositarios de la fe, de la caridad, de la esperanza de tantos que, con la fuerza inerme del Evangelio, han tenido la valentía de cambiar la dirección de la historia, esa historia que nos había llevado a desconfiar los unos de los otros y a distanciarnos recíprocamente, cediendo a la diabólica espiral de continuas fragmentaciones. Gracias al Espíritu Santo, inspirador y guía del ecumenismo, la dirección ha cambiado y se ha trazado de manera indeleble un camino nuevo y antiguo a la vez: el camino de la comunión reconciliada, hacia la manifestación visible de esa fraternidad que ya une a los creyentes. 
El número setenta ofrece en el Evangelio un segundo punto de reflexión. Se refiere a los discípulos que Jesús envió a la misión durante su ministerio público (Lc10,1) y cuya memoria se celebra en el Oriente cristiano. El número de estos discípulos remite a las naciones conocidas, enumeradas al comienzo de la Escritura (cf. Gn 10). ¿Qué nos sugiere esto? Que la misión está dirigida a todos los pueblos y que cada discípulo, por ser tal, debe convertirse en apóstol, en misionero. El Consejo Ecuménico de las Iglesias ha nacido como un instrumento de aquel movimiento ecuménico suscitado por una fuerte llamada a la misión: ¿cómo pueden los cristianos evangelizar si están divididos entre ellos? Esta apremiante pregunta es la que dirige también hoy nuestro caminar y traduce la oración del Señor a estar unidos «para que el mundo crea» (Jn 17,21). 
Permitidme, queridos hermanos y hermanas, manifestaros también, además del vivo agradecimiento por el esfuerzo que realizáis en favor de la unidad, una preocupación. Esta nace de la impresión de que el ecumenismo y la misión no están tan estrechamente unidos como al principio. Y, sin embargo, el mandato misionero, que es más que la diakonia y que la promoción del desarrollo humano, no puede ser olvidado ni vaciado. Se trata de nuestra identidad. El anuncio del Evangelio hasta el último confín es connatural a nuestro ser cristianos. Ciertamente, el modo como se realiza la misión cambia según los tiempos y los lugares y, frente a la tentación ―lamentablemente frecuente―, de imponerse siguiendo lógicas mundanas, conviene recordar que la Iglesia de Cristo crece por atracción. 
¿En qué consiste esta fuerza de atracción? Evidentemente, no en nuestras ideas, estrategias o programas. No se cree en Jesucristo mediante un acuerdo de voluntades y el Pueblo de Dios no es reductible al rango de una organización no gubernamental. No, la fuerza de atracción radica en aquel don sublime que conquistó al apóstol Pablo: «conocerlo a él [Cristo], y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos» (Flp 3,10). Solo de esto podemos presumir: del «conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo» (2 Co 4,6), que nos da el Espíritu vivificador. Este es el tesoro que nosotros, frágiles vasijas de barro (cf. v. 7), debemos ofrecer a nuestro amado y atormentado mundo. No seríamos fieles a la misión que se nos ha confiado si redujéramos este tesoro al valor de un humanismo puramente inmanente, adaptable a las modas del momento. Y seríamos malos custodios si quisiéramos solo preservarlo, enterrándolo por miedo a los desafíos del mundo (cf. Mt 25,25). 
Tenemos necesidad de un nuevo impulso evangelizador. Estamos llamados a ser un pueblo que vive y comparte la alegría del Evangelio, que alaba al Señor y sirve a los hermanos, con un espíritu que arde por el deseo de abrir horizontes de bondad y de belleza insospechados para quien no ha tenido aún la gracia de conocer verdaderamente a Jesús. Estoy convencido de que, si aumenta la fuerza misionera, crecerá también la unidad entre nosotros. Así como en los orígenes el anuncio marcó la primavera de la Iglesia, la evangelización marcará el florecimiento de una nueva primavera ecuménica. Como en los orígenes, estrechémonos en comunión en torno al Maestro, no sin antes arrepentirnos de nuestras continuas vacilaciones y digámosle, con Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). 
Queridos hermanos y hermanas: He deseado estar presente en las celebraciones de este aniversario del Consejo también para reafirmar el compromiso de la Iglesia Católica en la causa ecuménica y para animar la cooperación con las Iglesias miembros y con los interlocutores ecuménicos. En este contexto, también quisiera detenerme un poco en el lema elegido para esta jornada: Caminar – Rezar – Trabajar juntos. 
Caminar: sí, pero ¿hacia dónde? En base a cuanto se ha dicho, propongo un doble movimiento: de entrada y de salida. De entrada, para dirigirnos constantemente hacia el centro, para reconocernos sarmientos injertados en la única vid que es Jesús (cf. Jn15,1-8). No daremos fruto si no nos ayudamos mutuamente a permanecer unidos a él. De salida, hacia las múltiples periferias existenciales de hoy, para llevar juntos la gracia sanadora del Evangelio a la humanidad que sufre. Preguntémonos si estamos caminando de verdad o solo con palabras, si los hermanos nos importan de verdad y los encomendamos al Señor o están lejos de nuestros intereses reales. También preguntémonos si nuestro camino es un volver sobre nuestros propios pasos o si es un ir al mundo con convicción para llevar allí al Señor.  Rezar: También en la oración, como en el camino, no podemos avanzar solos, porque la gracia de Dios, más que hacerse a medida individual, se difunde armoniosamente entre los creyentes que se aman. Cuando decimos «Padre nuestro» resuena dentro de nosotros nuestra filiación, pero también nuestro ser hermanos. La oración es el oxígeno del ecumenismo. Sin oración la comunión se queda sin oxígeno y no avanza, porque impedimos al viento del Espíritu empujarla hacia adelante. Preguntémonos: ¿Cuánto rezamos los unos por los otros? El Señor ha rezado para que fuésemos una sola cosa, ¿lo imitamos en esto?
Trabajar juntos: En este sentido quisiera subrayar que la Iglesia Católica reconoce la especial importancia del trabajo que desempeña la Comisión Fe y Constitución, y desea seguir contribuyendo a través de la participación de teólogos altamente cualificados. El estudio de Fe y Constitución, para una visión común de la Iglesia y su trabajo en el discernimiento de las cuestiones morales y éticas tocan puntos neurálgicos del desafío ecuménico. Del mismo modo, la presencia activa en la Comisión para la Misión y la Evangelización; la colaboración con la Oficina para el Diálogo Interreligioso y la Cooperación, últimamente sobre el importante tema de la educación y la paz; la preparación conjunta de los textos para la Semana de oración por la unidad de los cristianos y otras formas de sinergia son elementos constitutivos de una sólida y auténtica colaboración. Asimismo, agradezco la importante labor del Instituto Ecuménico de Bossey en la formación ecuménica de las jóvenes generaciones de responsables pastorales y académicos de tantas Iglesias y Confesiones cristianas de todo el mundo. Desde hace muchos años, la Iglesia Católica colabora en esta obra educativa con la presencia de un profesor católico en la Facultad; y cada año tengo la alegría de saludar al grupo de estudiantes que realiza el viaje de estudios a Roma. Quisiera mencionar también, como signo positivo de “armonía ecuménica”, la creciente adhesión a la Jornada de oración por el cuidado de la creación.
Por otra parte, el trabajo típicamente eclesial tiene un sinónimo bien definido: diakonia. Es el camino por el que seguimos al Maestro, que «no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45). El servicio variado e intenso de las Iglesias miembros del Consejo encuentra una expresión emblemática en la Peregrinación de justicia y paz. La credibilidad del Evangelio se ve afectada por el modo cómo los cristianos responden al clamor de todos aquellos que, en cualquier rincón de la tierra, son injustamente  víctimas del trágico aumento de una exclusión que, generando pobreza, fomenta los conflictos. Mientras los débiles son cada vez más marginados, sin pan, trabajo ni futuro, los ricos son cada vez menos y más ricos. Dejémonos interpelar por el llanto de los que sufren, y sintamos compasión, porque «el programa del cristiano es un corazón que ve» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 31). Veamos qué podemos hacer concretamente, antes de desanimarnos por lo que no podemos. Miremos también a tantos hermanos y hermanas nuestros que en diversas partes del mundo, especialmente en Oriente Medio, sufren porque son cristianos. Estemos cerca de ellos. Y recordemos que nuestro camino ecuménico está precedido y acompañado por un ecumenismo ya realizado, el ecumenismo de la sangre, que nos exhorta a seguir adelante. 
Animémonos a superar la tentación de absolutizar determinados paradigmas culturales y dejarnos absorber por intereses personales. Ayudemos a los hombres de buena voluntad a dar mayor relieve a situaciones y acontecimientos que afectan a una parte importante de la humanidad, pero que ocupan un lugar muy marginal en el ámbito de la información a gran escala. No podemos desinteresarnos, y es preocupante cuando algunos cristianos se muestran indiferentes frente al necesitado. Más triste aún es la convicción de quienes consideran los propios bienes como signo de predilección divina, en vez de una llamada a servir con responsabilidad a la familia humana y a custodiar la creación. El Señor, Buen Samaritano de la humanidad (cf. Lc10,29-37), nos interpelará sobre el amor al prójimo, cualquiera que sea (cf. Mt 25,31-46). Preguntémonos entonces: ¿Qué podemos hacer juntos? Si es posible hacer un servicio, ¿por qué no proyectarlo y realizarlo juntos, comenzando por experimentar una fraternidad más intensa en el ejercicio de la caridad concreta? 
Queridos hermanos y hermanas: Os renuevo mi cordial agradecimiento. Ayudémonos a caminar, a rezar y a trabajar juntos para que, con la ayuda de Dios, la unidad avance y el mundo crea. Gracias.   
22.06.18  


Francisco invita a los cristianos orientales a “custodiar su carga profética”



( 22 junio 2018).- El Papa Francisco ha expresado su deseo de que “los hijos y las hijas de las Iglesias Orientales Católicas puedan custodiar su carga profética, de anuncio del Evangelio de Jesús, incluso en los contextos, a menudo, más secularizados de nuestro Occidente, donde llegan como inmigrantes o refugiados”.
Discurso entregado por el Papa Francisco 
Queridos amigos,
Me alegra encontraros al final de los trabajos de vuestra Asamblea Plenaria, que este año coincide con el 50 aniversario de la fundación de ROACO. Saludo cordialmente al cardenal Sandri y le agradezco sus palabras de presentación. Extiendo mi agradecido saludo a los Representantes Pontificios de los países del Medio Oriente que todos los días acompañan la esperanza de las poblaciones cristianas o de otras tradiciones religiosas en tierras desafortunadamente marcadas por conflictos y sufrimientos. Con gratitud saludo a los representantes de los organismos católicos junto con los benefactores de la Congregación para las Iglesias Orientales, así como a aquellos que han sido colaboradores en los últimos años y están presentes en este importante aniversario.

Después del centenario del Dicasterio, recién concluido, ROACO está viviendo su año jubilar. Según las Escrituras, en el año 50 resonabael shofar, el cuerno que anunciaba el año de la liberación de los esclavos, del perdón de la deuda, del regreso a la posesión de la tierra, todo ello  basado en la conciencia del don gratuito de la alianza y de la tierra -que era el signo- de Dios a su pueblo. Os invito a recordar con gratitud el tiempo transcurrido, y sobre todo los rostros -algunos ya han concluido su peregrinación terrenal-, que en la Congregación, como en cada uno de vuestros organismos, han contribuido al esfuerzo de ayuda y caridad. El estudio de los proyectos y su apoyo material, gracias a la generosidad de muchos creyentes de todo el mundo, ha permitido que las diferentes expresiones de las Iglesias Orientales Católicas, tanto en la madre patria como en la diáspora,  se hayan desarrollado y llevado adelante el testimonio del Evangelio. Un testimonio sometido a duras pruebas, a menudo la del dolor y la persecución, la primera por los regímenes totalitarios en Europa del Este, después, más recientemente, por las formas de fundamentalismo y de fanatismo con pretextos religiosos y de conflictos que no parecen querer cesar  especialmente en el Medio Oriente. La solidaridad concreta que habéis manifestado ha salido al encuentro de las emergencias de la guerra y la migración, pero sobre todo ha sido capaz de garantizar la vida misma de las iglesias, las actividades pastorales y de evangelización,  las obras sociales y de asistencia. Todo esto manifiesta el rostro de la Iglesia de Cristo que anuncia el Evangelio con obras y palabras, haciendo presente la caridad misma de Dios hacia cada hombre. De hecho, el año del Señor siempre tiene una dimensión de liberación interior, del corazón humano oprimido por el pecado, y exterior, en la nueva vida de los redimidos que anticipa  los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia.
San Pedro, en su discurso después de Pentecostés, recuerda la profecía, -tan querida por mí-, de Joel: “Sobre todos derramaré mi Espíritu; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros hijos tendrán visiones, y vuestros ancianos soñarán “(Hechos 2:17). Las Iglesias Orientales Católicas, que son testigos vivos de los orígenes apostólicos, están llamadas de manera especial a preservar y difundir una chispa del fuego pentecostal: están llamadas día tras día a descubrir su presencia profética en todos los lugares donde son peregrinas. A partir de Jerusalén, la Ciudad Santa, cuya identidad y vocación peculiar debe ser preservada más allá de las diversas tensiones y disputas políticas, la presencia de los cristianos, aunque pequeño rebaño, obtiene del Espíritu la fuerza para la misión de testimonio, hoy más urgente que nunca. ¡Que de los santos lugares donde el sueño de Dios se cumplió en el misterio de la encarnación y de la muerte y resurrección de Jesucristo, brote un espíritu de fortaleza renovado que anime a los cristianos de Tierra Santa y Oriente Medio a comprender su vocaciónespecífica y a dar razones de la fe y de la esperanza!, ¡Que los hijos y las hijas de las Iglesias Orientales Católicas puedan custodiar su carga profética, de anuncio del Evangelio de Jesús, incluso en los contextos, a menudo, más secularizados de nuestro Occidente, donde llegan como inmigrantes o refugiados! ¡Que encuentren acogida tanto en el ámbito práctico como en el ámbito de la vida eclesial, conservando y desarrollando el patrimonio de sus tradiciones propias! Gracias a vuestra ayuda, pueden dar testimonio a nuestros corazones, a veces entorpecidos, de que todavía vale la pena vivir y sufrir por el Evangelio, a pesar de ser minoría o incluso perseguidos porque el Evangelio es la alegría y la vida de los hombres y las mujeres de todos los tiempos.
Permitidme una última palabra de agradecimiento y exhortación. Gracias a la actividad de ROACO, a través de las miradas y los gestos de caridad que sostienen la vida de las Iglesias Orientales, el sucesor de Pedro puede también continuar su misión de búsqueda de los posibles caminos hacia la unidad visible de todos los cristianos. Mientras se trata de estrechar con humildad y corazón sincero la mano de los hermanos más alejados, los hijos no se olvidan y no se aman menos, sino que, también con vuestra ayuda se les escucha y ayuda a caminar como la Iglesia del Resucitado, a través de los desafíos y los sufrimientos espirituales y materiales, en Medio Oriente y en Europa Oriental.
Queridísimos, que siempre os acompañe en vuestra actividad la constante asistencia divina. Imparto de corazón a todos vosotros mi bendición apostólica, que extiendo a los organismos que representáis, a vuestras familias y a las comunidades a las que pertenecéis. Y os pido por favor que recéis por mí. Gracias.    
23.06.18


Ángelus: “¿Sé percibir las consolaciones del Espíritu?”

El Papa Francisco comenta el Evangelio de la Natividad de San Juan Bautista

(24 junio 2018).- “¿Sé percibir el consuelo del Espíritu?”: El Papa Francisco propuso un examen de conciencia al final de su comentario sobre el Evangelio del día, este domingo, 24 de junio de 2018, Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.
El Papa señaló, en presencia de unos 20.000 visitantes, que los testigos de esta Natividad milagrosa –mientras que Zacarías y Elizabeth eran mayores– y el final del silencio de Zacarías era “en la alegría, asombro y gratitud”.
El Papa invitó a contemplar a este “pueblo de Dios fiel” en Israel y lo invitó a sacar el tema de un examen de conciencia: “Pidámosle cada uno, en un examen de conciencia: ¿cómo está mi fe? Estoy gozoso? ¿Estoy abierto a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. ¿He `probado´ en el alma ese sentido de maravilla que otorga la presencia de Dios, este sentimiento de gratitud?”
En un tweet publicado en su cuenta @Pontifex_es, el Papa agregó esta invitación para imitar la humildad de San Juan Bautista: “Al igual que San Juan Bautista, el cristiano debe ser capaz de rebajarse para que el Señor pueda crecer en su corazón”.
Palabras del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy la liturgia nos invita a celebrar la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista. Su nacimiento es el evento que ilumina la vida de sus padres Isabel y Zacarías, e involucra a familiares y vecinos en alegría y asombro. Estos ancianos padres habían soñado y preparado ese día, pero ahora ya no lo esperaban: se sentían excluidos, humillados, decepcionados. No tenían hijos. Confrontados al anuncio del nacimiento de un hijo (ver Lc 1, 13), Zacarías permaneció incrédulo, porque las leyes naturales no se lo permitían; estaban viejos, mayores; como resultado, el Señor lo hizo callar durante todo el tiempo de gestación (ver v. 20). Es una señal. Pero Dios no depende de nuestra lógica y nuestras limitadas capacidades humanas. Debemos aprender a confiar y a guardar silencio frente al misterio de Dios y a contemplar con humildad y silencio su obra, que se revela en la historia y que a menudo excede nuestra imaginación.
Y ahora que el evento tiene lugar, ahora que Isabel y Zacarías experimentan que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37), su alegría es grande. La página del Evangelio de hoy (Lc 1,57-66.80) anuncia el nacimiento y luego se centra en el momento de imponer el nombre del niño. Isabel elige un nombre extraño a la tradición familiar y dice: “Se llamará Juan” (v 60), don gratuito y desde ahora inesperado porque Juan significa “Dios ha hecho gracia”. Y este niño será un heraldo, un testigo de la gracia de Dios para los pobres que esperan su salvación con humilde fe. Zacarías confirma inesperadamente la elección de este nombre al escribirlo en una tabla, porque estaba en mudo, y “de inmediato su boca se abrió y su lengua se aflojó, y habló normalmente, bendiciendo a Dios” (v. 64).
Todo el evento del nacimiento de Juan el Bautista está rodeado por una alegre sensación de asombro, sorpresa y gratitud: la gente se apodera del santo temor de Dios “y de todas estas cosas se hablaba en toda la región montañosa de Judea”. (v. 65). Hermanos y hermanas, el pueblo fiel tiene la intuición de que algo grande ha sucedido, aunque sea humilde y escondido, y se pregunta: “¿Qué será este niño?” (V. 66).  El pueblo fiel de Dios es capaz de vivir la fe con alegría, con un sentimiento de asombro, de sorpresa y de gratitud.
Miremos estas gentes que hablaban bien de esta cosa maravillosa, de este milagro del nacimiento de Juan, y lo hicieron con alegría, estaban contentos, con una sensación de asombro, sorpresa y gratitud. Y mirando esto, preguntémonos: ¿cómo está mi fe? ¿Es una fe gozosa, o es siempre la misma fe, una fe “plana”? ¿Tengo un sentido de maravilla cuando veo las obras del Señor, cuando escucho acerca de la evangelización o la vida de un santo, o la cantidad de gente buena que veo: siento la gracia, internamente, ¿o no se mueve nada en mi corazón? ¿Puedo percibir las consolaciones del Espíritu o estoy cerrado? Vamos a preguntar a cada uno de nosotros, en un examen de conciencia: ¿cómo está mi fe? Es gozosa? ¿Está abierta a las sorpresas de Dios? Porque Dios es el Dios de las sorpresas. ¿He “probado” en el alma ese sentido de maravilla que otorga la presencia de Dios, este sentimiento de gratitud? Pensemos en estas palabras, que son el alma de la fe: alegría, asombro, sorpresa y gratitud.
Que la Santísima Virgen nos ayude a comprender que en cada persona humana está la huella de Dios, la fuente de vida. Ella, Madre de Dios y Madre nuestra, nos hace cada vez más conscientes de que en la generación de un niño los padres actúan como colaboradores de Dios. Una misión verdaderamente sublime que hace de cada familia un santuario de vida y que cada nacimiento de un hijo despierta la alegría, asombro y gratitud.  
25.06.18


Academia para la Vida: Francisco llama a una “ecología humana”

Discurso del Santo Padre

(25 junio 2018).- El Papa ha usado el término “ecología humana” para describir la “sabiduría que debe inspirar nuestra actitud”, llamada a considerar la calidad ética y espiritual de la vida en todas sus fases.
Esta mañana, a las 11:30 horas, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Papa Francisco ha recibido en audiencia a los participantes en la XXIV Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida (PAV),cuyo  tema es «Equal beginnings. But then? A global responsibility», en curso en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano del 25 al 27 de junio.
La obra “hermosa” de la vida –ha expresado el Santo Padre– es la generación de una nueva persona, la educación de sus cualidades espirituales y creativas, la iniciación en el amor de la familia y la comunidad, el cuidado de su vulnerabilidad y sus heridas; así como la iniciación en la vida de los hijos de Dios, en Jesucristo.
Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana” ha descrito el Santo Padre.
Dignidad de la persona
El Papa ha manifestado su deseo de que la visión global de la bioética, que los especialistas preparan para relanzar en el ámbito de la ética social y del humanismo planetario, se mueva “a partir de la profunda convicción de la dignidad irrevocable de la persona humana.
En esta línea, el Pontífice ha matizado: La dignidad de cada persona, en cada etapa y condición de su existencia, “en la búsqueda de formas de amor y de cuidado con que se deben tratar a su vulnerabilidad y su fragilidad”.
Discurso del Papa Francisco
Distinguidos Señoras y Señores,
Me complace saludaros a todos, desde el presidente, monseñor Vincenzo Paglia, a quien agradezco haberme presentado esta Asamblea General, en la que el tema de la vida humana se situará dentro del amplio contexto del mundo globalizado en el que hoy vivimos. Y también quiero saludar al cardenal Sgreccia, que tiene noventa años pero es entusiasta, joven, en la lucha por la vida. Gracias, Eminencia, por lo que ha hecho en este ámbito y por lo que está haciendo. Gracias.
La sabiduría que debe inspirar nuestra actitud en la “ecología humana” está llamada a considerar la calidad ética y espiritual de la vida en todas sus fases. Hay una vida humana concebida, una vida en gestación, una vida salida a la luz, una vida niña, una vida adolescente, una vida adulta, una vida envejecida y consumada – y existe la vida eterna. Hay una vida que es familia y comunidad, una vida que es invocación y esperanza. Como también existe la vida humana frágil y enferma, la vida herida, ofendida, envilecida, marginada, descartada. Siempre es vida humana. Es la vida de las personas humanas, que habitan en la tierra creada por Dios y comparten la casa común de todas las criaturas vivientes. Ciertamente en los laboratorios de biología se estudia la vida con las herramientas que permiten explorar sus aspectos físicos, químicos y mecánicos. Un estudio importante e imprescindible, pero que debe integrarse con una perspectiva más amplia y más profunda, que pide atención a la vida propiamente humana, que irrumpe en la escena mundial con el prodigio de la palabra y del pensamiento, de los afectos y del espíritu. ¿Qué reconocimiento recibe hoy la sabiduría humana de la vida en las ciencias de la naturaleza? ¿Y qué cultura política inspira la promoción y protección de la vida humana real? La obra “hermosa” de la vida es la generación de una nueva persona, la educación de sus cualidades espirituales y creativas, la iniciación en el amor de la familia y la comunidad, el cuidado de su vulnerabilidad y sus heridas; así como la iniciación en la vida de los hijos de Dios, en Jesucristo.
Cuando entregamos a los niños a las privaciones, los pobres al hambre, los perseguidos a la guerra, los ancianos al abandono, ¿no hacemos nosotros mismos, en cambio, el trabajo “sucio” de la muerte? ¿De dónde viene el trabajo sucio de la muerte? Viene del pecado. El mal intenta persuadirnos de que la muerte es el fin de todo, de que hemos venido al mundo por casualidad y que estamos destinados a terminar en la nada. Excluyendo al otro de nuestro horizonte, la vida se repliega sobre sí misma y se convierte en un bien de consumo. Narciso, el personaje de la mitología antigua, que se ama a sí mismo e ignora el bien de los demás, es ingenuo y ni siquiera se da cuenta. Mientras tanto, sin embargo, propaga un virus espiritual muy contagioso, que nos condena a ser hombres-espejo y mujeres-espejo, que sólo ven a sí mismos y nada más. Es como volverse ciego a la vida y su dinámica, en cuanto don recibido de otros y  que pide ser colocado de manera responsable en circulación para otros.
La visión global de la bioética, que os estáis preparando a relanzar en el ámbito de la ética social y del humanismo planetario, fuertes de la inspiración cristiana, se esforzará con más seriedad y rigor en desactivar la complicidad con el trabajo sucio de la muerte, sostenido por el pecado. Así, nos restituirá a las razones y prácticas de la alianza con la gracia destinada por Dios para la vida de cada uno de nosotros. Esta bioética no se moverá partiendo de la enfermedad y de la muerte para decidir el sentido de la vida y definir el valor de la persona. Se moverá, más bien, a partir de la profunda convicción de la dignidad irrevocable de la persona humana, así como Dios ama, la dignidad de cada persona, en cada etapa y condición de su existencia, en la búsqueda de formas de amor y decuidado con que se deben tratar a su vulnerabilidad y su fragilidad.
Así, en primer lugar, este bioética global será una forma específica de desarrollar la perspectiva de la ecología integral que es propia de la Encíclica Laudato si’, en la que insistí en estos puntos-fuertes “, la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.”(n. ° 16).
En segundo lugar, en una visión integral de la persona, se trata de articular con creciente claridad todos los vínculos y las diferencias concretas en las que habita la condición humana universal y que nos involucran a partir de nuestro cuerpo. En efecto, ” nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente” (Laudato si’, 155).
Por lo tanto, es necesario proceder con un cuidadoso discernimiento de las complejas diferencias fundamentales de la vida humana: del hombre y de la mujer, de la paternidad y de la maternidad, de la filiación y de la fraternidad, de la sociabilidad y también de todas las diferentes edades de la vida. Al igual que de  todas las condiciones difíciles y todos los pasajes delicados o peligrosos que requieren una sabiduría ética especial y una valiente resistencia moral: sexualidad y generación, enfermedad y vejez, insuficiencia y discapacidad, privación y exclusión, violencia y guerra:” La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte “(Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate, 101).
En los textos y enseñanzas de la formación cristiana y eclesiástica, estos temas de la ética de la vida humana tendrán que encontrar un lugar apropiado en el contexto de una antropología global, y no quedar confinados entre las cuestiones límite de la moralidad y del derecho. Espero que una conversión a la centralidad actual de la ecología humana integral, es decir, de una comprensión armoniosa y completa de la condición humana, encuentre en vuestro compromiso intelectual, civil y religioso, apoyo válido y entonación proposicional.
La bioética global nos insta, pues, a la sabiduría de un discernimiento profundo y objetivo del valor de la vida personal y comunitaria, que debe preservarse y promoverse incluso en las condiciones más difíciles. También debemos afirmar con fuerza que, sin el apoyo adecuado de una proximidad humana responsable, ninguna regulación puramente jurídica y ningún auxilio técnico podrán, de por sí, garantizar condiciones y contextos relacionales que correspondan a la dignidad de la persona. La perspectiva de una globalización que, abandonada solamente a  su dinámica espontánea, tiende a aumentar y profundizar las desigualdades, solicita una respuesta ética a favor de la justicia. La atención a los factores sociales, económicos, culturales y ambientales que determinan la salud es parte de este compromiso y se convierte en una forma concreta de hacer realidad el derecho de cada pueblo a “la participación, sobre la base de la igualdad y de la solidaridad, de los bienes que están destinados a todos los hombres.”(JUAN PABLO II, Carta Encíclica Sollicitudo rei socialis, 21).
Por último, la cultura de la vida debe dirigir con más seriedad la mirada a la “cuestión seria” de su destino final. Se trata de resaltar con mayor claridad qué es lo que dirige la existencia del hombre hacia un horizonte que lo supera: cada persona está llamada gratuitamente “como hijo, a la unión con Dios y a la participación de su felicidad”. […] Enseña además la Iglesia que la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio. “(CONC, ECUM VAT, II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 21) ). Necesitamos interrogarnos más profundamente sobre el destino final de la vida, capaz de restaurar dignidad y  significado al misterio de sus afectos más profundos y sagrados. La vida del hombre, hermosa de maravillar y frágil de morir, va más allá de sí misma: somos infinitamente más de lo que podemos hacer por nosotros mismos. Pero la vida del hombre también es increíblemente tenaz, ciertamente por una gracia misteriosa que viene de lo alto, en la audacia de su invocación de una justicia y una victoria definitiva del amor. Y es incluso capaz -esperanza contra toda esperanza- de sacrificarse por ello hasta el final. Reconocer y apreciar esta fidelidad y dedicación a la vida suscita en nosotros gratitud y responsabilidad, y nos alienta a ofrecer generosamente nuestro saber y nuestra experiencia a toda la comunidad humana. La sabiduría cristiana debe reabrir con pasión y audacia el pensamiento del destino del género humano a la vida de Dios, que ha prometido abrir al amor de la vida, más allá de la muerte, el horizonte infinito de cuerpos amorosos de luz, ya sin lágrimas. Y sorprenderlos eternamente con el encanto siempre nuevo de todas las cosas “visibles e invisibles” que están escondidas en el seno del Creador. Gracias.
 26.06.18


Francia: Complicidad y afecto en la visita de Emmanuel Macron al Papa

Conversación de 57 minutos

(26 junio 2018).- Esta mañana, el Papa Francisco ha recibido al Presidente de Francia, Emmanuel Macron, en el Vaticano.
El presidente francés, acompañado por su esposa Brigitte Macron y una pequeña delegación, llegó poco después de las 10:30 horas al Vaticano, bajo un sol resplandeciente.
Después de cruzar varios salones, joyas de los palacios pontificios, Emmanuel Macron fue recibido por el Papa Francisco en el umbral de la biblioteca del Vaticano.
Una hora de conversación
El Papa Francisco y Emmanuel Macron dialogaron en privado durante 57 minutos, la audiencia más larga del pontificado, si bien la necesidad de intérprete disminuye el tiempo de conversación real comparada con la audiencia de 53 minutos a los Reyes de España, señala el periódico español ABC.
De acuerdo con una declaración de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, los dos jefes de estado hablaron sobre la protección del medio ambiente, la migración, el tema del desarme, la prevención y resolución de conflictos, especialmente los que están actualmente en curso en Medio Oriente y África. El proyecto europeo también fue mencionado.
Al final de la entrevista, el Papa Francisco y el Presidente Emmanuel Macron procedieron al tradicional intercambio de regalos. El Santo Padre ha regalado una medalla de San Martín, obispo de Tours y apóstol de Galia, a Emmanuel Macron, así como varios de sus textos, incluida la encíclica Laudato si ‘, pero también la exhortación apostólica Gaudete y Exultate, sobre llamada a la santidad.
Es la clase media de la santidad”, susurró el Soberano Pontífice al presidente francés, entregándole el documento. Otro presente ha sido el mensaje de la Jornada Mundial de la paz de este año.

Diario de un cura rural’
El presidente de Francia, acompañado de su esposa, Brigitte, ha regalado al Pontífice un ejemplar antiguo de Diario de un cura rural, de Georges Bernanos –indica ‘Vatican News’ en francés– que el pontífice ha agradecido comentando: “Siempre lo he amado; lo he leído muchas veces y me ha hecho mucho bien”.
Al despedirse del Santo Padre, el presidente francés ha abrazado al Papa, dándole palmadas en la hombro y dos besos, un gesto muy cercano y familiar.
Asimismo, Emmanuel Macron se ha reunido con el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede y Mons. Paul Gallagher, Secretario de Relaciones con los Estados, antes de unirse a la Embajada de Francia cerca de la Santa Sede, la Villa Bonaparte, para un almuerzo
Título honorífico 
El presidente está acompañado por su delegación, compuesta por 12 personalidades, incluidos los ministros de asuntos exteriores e interior, pero también el presidente de Secours Catholique, el fundador de Samu Social, así como los intelectuales Rémi Brague o Dominique Wolton y personalidades de medios de comunicación, apunta ‘Vatican News’.
A las 14:30 horas, Macron tomará posesión del título de canónigo de honor de la basílica de Roma San Juan de Letrán, una distinción honorífica cuya tradición se remonta a derecho a los jefes de Estado franceses desde Enrique IV.    
27.06.18


Audiencia general: Dios siempre escucha el lamento de sus hijos y los libera

Palabras del Papa en español


( 27 junio 2018).- “Si alguien no ha hecho todavía experiencia de la acción liberadora de Dios en su vida, necesita elevar su grito al Padre como hizo el pueblo de Israel, Él siempre escucha el lamento de sus hijos y los libera”: es la invitación que ha hecho Francisco en la audiencia general celebrada esta mañana.
Dios liberó a su pueblo y lo sacó de la esclavitud”, ha recordado el Papa Francisco, como una muestra más de que “Nuestro Dios primero salva y después nos pide confianza”.
En la audiencia general de este miércoles, 27 de junio de 2018, el Santo Padre Francisco, ha continuado su ciclo de catequesis sobre los Mandamientos, enfocando su meditación en el tema: “El amor de Dios precede a la ley y le da significado” (pasaje bíblico: del Libro de Deuteronomio 4, 32-35).
Desde esta perspectiva, la vida cristiana “no es simplemente un obedecer normas ni cumplir deberes”, ni tampoco depende solo de nuestra fuerza de voluntad, sino que es una “respuesta agradecida a un Padre generoso que nos ama y nos libera”, ha aclarado el Pontífice.
El Obispo de Roma ha explicado a los visitantes y peregrinos congregados en la plaza de San Pedro que un corazón que ha sido tocado por el Espíritu Santo es “agradecido” y recuerda la “bondad de Dios” y los muchos beneficios que ha recibido de él.
Él siempre libera”
En este contexto, el Papa ha hecho una invitación: “Si alguien no ha hecho todavía experiencia de la acción liberadora de Dios en su vida, necesita elevar su grito al Padre como hizo el pueblo de Israel, Él siempre escucha el lamento de sus hijos y los libera”.
Nosotros no podemos salvarnos únicamente con nuestras propias fuerzas, pero podemos gritar pidiendo ayuda”, ha señalado. Esto es ya una forma de oración, que brota de lo que en nosotros existe de oprimido y necesitado de libertad.
El Papa ha subrayado que Dios “escucha siempre” nuestro grito, pues Él nos ha llamado a vivir como hijos libres y agradecidos, obedeciendo con alegría a aquel que nos ha dado mucho más de lo que nosotros podremos darle.
Al final de su reflexión en español, el Papa, como de costumbre, ha saludado a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.    
28.06.18


31 de maig 2018

PAPA JUNY


Chile: Francisco llama al cambio radical para luchar contra la “cultura del abuso”

Carta del Papa al pueblo chileno


(31 mayo 2018).- El Papa Francisco llama a la Iglesia chilena a hacer un cambio radical para luchar contra la “cultura del abuso”, en una carta a los chilenos, publicada el 31 de mayo de 2018 sobre el abuso sexual, la conciencia y el poder cometidos en las últimas décadas.
El llanto de las víctimas ha llegado al cielo”, escribe con tristeza, “no sabíamos cómo escuchar y actuar a tiempo”. “Nunca más”, insiste en este mensaje que condena las “atrocidades” cometidas.
Tras los encuentros de los obispos chilenos con el Papa en Roma, celebrados del 15 al 18 de mayo de 2018, y en el marco de la jornada de equipos de conducción pastoral, la Conferencia Episcopal de Chile ha publicado la carta de Francisco dirigida al pueblo chileno.
En el texto, el Papa enfatiza en que “hoy sabemos que la mejor palabra que podemos dar frente al dolor causado es el compromiso para la conversión personal, comunitaria y social que aprenda a escuchar y cuidar especialmente a los más vulnerables. Urge, por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante; donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición. Esto nos tiene que impulsar como Iglesia a buscar con humildad a todos los actores que configuran la realidad social y promover instancias de diálogo y constructiva confrontación para caminar hacia una cultura del cuidado y protección”.
El Santo Padre explica en su carta que la visita de Mons. Scicluna y Mons. Bertomeu se origina al constatar que “existían situaciones que no sabíamos ver y escuchar. Como Iglesia no podíamos seguir caminando ignorando el dolor de nuestros hermanos”.
Falta de reconocimiento
Luego, sobre los encuentros con algunas víctimas de abuso sexual, de poder y de conciencia, el Papa expresa su constatación sobre “cómo la falta de reconocimiento/escucha de sus historias, como también del reconocimiento/aceptación de los errores y las omisiones en todo el proceso, nos impiden hacer camino. Un reconocimiento que quiere ser más que una expresión de buena voluntad hacia las víctimas, más bien quiere ser una nueva forma de pararnos frente a la vida, frente a los demás y frente a Dios”.
Santos de la puerta de al lado”
Por otro lado, Francisco comparte su alegría y esperanza al confirmar en el diálogo con las víctimas “su reconocimiento de personas a las que me gusta llamar “santos de la puerta de al lado”. Seríamos injustos si al lado de nuestro dolor y nuestra vergüenza por estas estructuras de abuso y encubrimiento que tanto se han perpetuado y tanto mal han hecho, no reconociéramos a muchos fieles laicos, consagrados, consagradas, sacerdotes, obispos que han dado la vida por amor en las zonas más recónditas de la querida tierra chilena.
01.06.18


Dar lo mejor de uno mismo’ en el deporte es una “llamada a aspirar a la santidad”

Mensaje del Papa Francisco

(1 junio 2018).- “Dar lo mejor de uno mismo en el deporte, es también una llamada a aspirar a la santidad”, expresa el Papa Francisco en el mensaje escrito con motivo del nuevo documento “Dar lo mejor de uno mismo”, sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana.
El Santo Padre ha enviado esta carta al cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, con motivo de la publicación del nuevo texto por parte del organismo vaticano.
Francisco propone que es “necesario” profundizar en la “estrecha relación” que existe entre el deporte y la vida, para que puedan iluminarse recíprocamente, para que el afán de superación en una disciplina atlética sirva también de inspiración para “mejorar siempre como persona” en todos los aspectos de la vida.
Mensaje del Papa Francisco
Al venerado hermano
Señor Cardenal Kevin Farrell
Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida
Con alegría recibí la noticia de la publicación del documento “Dar lo mejor de uno mismo”, sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana, que el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha preparado con el objetivo de resaltar el papel de la Iglesia en el mundo del deporte y de cómo el deporte puede ser un instrumento de encuentro, de formación, de misión y santificación.
El deporte es un lugar de encuentro donde personas de todo nivel y condición social se unen para lograr un objetivo común. En una cultura dominada por el individualismo y el descarte de las generaciones más jóvenes y de los más mayores, el deporte es un ámbito privilegiado en torno al cual las personas se encuentran sin distinción de raza, sexo, religión o ideología y donde podemos experimentar la alegría de competir por alcanzar una meta juntos, formando parte de un equipo en el que el éxito o la derrota se comparte y se supera; esto nos ayuda a desechar la idea de conquistar un objetivo centrándonos solo en uno mismo. La necesidad del otro abarca no solo a los compañeros de equipo sino también al entrenador, los aficionados, la familia, en definitiva, todas aquellas personas que con su entrega y dedicación hacen posible llegar a “dar lo mejor de uno mismo”. Todo esto hace del deporte un catalizador de experiencias de comunidad, de familia humana. Cuando un padre juega con su hijo, cuando los chicos juegan juntos en el parque o en la escuela, cuando el deportista celebra la victoria con los aficionados, en todos esos ambientes se puede ver el valor del deporte como lugar de unión y encuentro entre las personas. ¡Los grandes objetivos, en el deporte como en la vida, los logramos juntos, en equipo!
El deporte es también un vehículo de formación. Quizás hoy más que nunca debemos fijar la mirada en los jóvenes, puesto que, cuanto antes se inicie el proceso de formación, más fácil resultará el desarrollo integral de la persona a través del deporte. ¡Sabemos cómo las nuevas generaciones miran y se inspiran en los deportistas! Por eso, es necesaria la participación de todos los deportistas, de cualquier edad y nivel, para que los que forman parte del mundo del deporte sean un ejemplo en virtudes como la generosidad, la humildad, el sacrificio, la constancia y la alegría. Del mismo modo, deberían dar su aportación en lo que se refiere al espíritu de equipo, el respeto, la competitividad y la solidaridad con los demás. Es esencial que todos seamos conscientes de la importancia que tiene el ejemplo en la práctica deportiva, ya que es buen arado en tierra fértil que facilitará la cosecha siempre que se cuide y se trabaje adecuadamente.
Por último, quisiera resaltar el papel del deporte como medio de misión y santificación. La Iglesia está llamada a ser un signo de Jesús en medio del mundo, también a través del deporte en los “oratorios”, en las parroquias y en las escuelas, en las asociaciones, etc. Siempre es ocasión de llevar el mensaje de Cristo, “a tiempo y a destiempo” (2 Tim4,2). Es importante llevar, comunicar esta alegría que transmite el deporte, que no es otra que descubrir las potencialidades de la persona, que nos llaman a desvelar la belleza de la creación y del propio ser humano puesto que está hecho a imagen y semejanza de Dios. El deporte puede abrir el camino a Cristo en aquellos lugares o ambientes donde por diferentes motivos no es posible anunciarlo de manera directa. Y las personas con su testimonio de alegría, con la práctica deportiva en comunidad, pueden ser mensajeras de la Buena Noticia.
Dar lo mejor de uno mismo en el deporte, es también una llamada a aspirar a la santidad. Durante el reciente encuentro con los jóvenes en preparación al Sínodo de los Obispos manifesté la convicción de que todos los jóvenes allí presentes físicamente o a través de las redes sociales, tenían el deseo y la esperanza de dar lo mejor de uno mismo. He utilizado la misma expresión en la reciente exhortación apostólica, recordando que el Señor tiene una forma única y específica de llamada a la santidad para todos nosotros: “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él” (Gaudete et Exsultate, 11).
Es necesario profundizar en la estrecha relación que existe entre el deporte y la vida, para que puedan iluminarse recíprocamente, para que el afán de superación en una disciplina atlética sirva también de inspiración para mejorar siempre como persona en todos los aspectos de la vida. Tal búsqueda, con la ayuda de la gracia de Dios, nos encamina a aquella plenitud de vida que nosotros llamamos santidad. El deporte es una riquísima fuente de valores y virtudes que nos ayudan a mejorar como personas. Como el atleta durante el entrenamiento, la práctica deportiva nos ayuda a dar lo mejor de nosotros mismos, a descubrir sin miedo nuestros propios límites, y a luchar por mejorar cada día. De esta forma, “en la medida en que se santifica, cada cristiano se vuelve más fecundo para el mundo” (ibidem, 33). Para el deportista cristiano, la santidad será entonces vivir el deporte como un medio de encuentro, de formación de la personalidad, de testimonio y de anuncio de la alegría de ser cristiano con los que le rodean.
Ruego al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen, para que este documento produzca frutos abundantes tanto en el compromiso eclesial con la pastoral del deporte, como más allá de las fronteras de la Iglesia. A todos los deportistas y los agentes de pastoral que se reconocen en el gran “equipo” del Señor Jesús les pido por favor que recen por mí y envío de corazón mi bendición.
Vaticano, 1 de junio de 2018.
Fiesta de San Justino, mártir.
FRANCISCUS

02.06.18



Santa Marta: El Papa revela que hoy asistimos a una “gran persecución”

No sólo de los cristianos” advierte Francisco

(1 junio 2018).- Hoy asistimos a una “gran persecución”, no sólo de los cristianos, sino también contra todo hombre y mujer, a través de las “colonizaciones culturales, la guerra, el hambre, la esclavitud”, ha expresado el Papa en su reflexión diaria en la capilla de Santa Marta.
En el fondo –ha continuado Francisco– el contemporáneo “es un mundo de esclavos”: que el Señor nos dé la gracia de luchar y de restablecer “con la fuerza de Jesucristo la imagen de Dios que está en todos nosotros”.
La homilía del Papa de este viernes, 1 de junio de 2018, se ha inspirado hoy en la Primera Lectura del Apóstol san Pedro, en la que se refiere a cómo en los siglos, la persecución de los cristianos haya “prendido”, como un “incendio”, el Papa explica cómo esa cara, “parte de la vida cristiana”, sea “una bienaventuranza”: Jesús –ha recordado el Papa– fue perseguido a causa de su fidelidad al Padre.
Cristianos sin derechos
El Pontífice ha observado: “La persecución es un poco ‘el aire’ del cual el cristiano vive aún hoy, porque también hoy hay muchos, muchos mártires, muchos perseguidos por amor a Cristo. En muchos países los cristianos no tienen derechos. Si llevas una cruz, vas a la cárcel. Y hay gente en la cárcel; hay gente condenada a morir por ser cristiana, hoy. Hubo personas asesinadas y el número hoy es más alto que el de los mártires de los primeros días. ¡Son más! Pero, esto no es noticia. Y por esto los noticieros, los periódicos, no publican estas cosas. Pero los cristianos son perseguidos”.
Del mismo modo, el Papa ha denunciado que ahora hay también persecución hacia “cada hombre y mujer, porque son la imagen viviente de Dios”: “Detrás de cada persecución, tanto a los cristianos como a los humanos, está el diablo, está el demonio que trata de destruir la confesión de Cristo en los cristianos y la imagen de Dios en el hombre y la mujer.
Desde el principio –ha continuado el Papa– trató de hacer esto – podemos leerlo en el Libro del Génesis-: destruir esa armonía entre el hombre y la mujer que el Señor creó, esa armonía que deriva del ser imagen y semejanza de Dios. Y logró hacerlo. Logró hacerlo con el engaño, la seducción… Con las armas que él utiliza. Siempre hace así. Pero también hoy en día hay una fuerza, yo diría un ensañamiento contra el hombre y la mujer, porque, de lo contrario, no se explicaría esta ola creciente de destrucciones al hombre y la mujer, al humano”.   
03.06.18



Eucaristía, una puerta “entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre”

Entre el templo y el camino, entre la fe y la historia


(3 junio 2018).- La presencia de Jesús vivo en la eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre”, ha subrayado el Papa Francisco en el Ángelus de este 3 de junio, fiesta del Santísimo Sacramento.
Cada vez que celebramos la Eucaristía, a través de este Sacramento a la vez sobrio y solemne, hacemos la experiencia de la Nueva Alianza, que realiza en plenitud la comunión entre Dios y nosotros”, ha añadido ante las 15.000 personas reunidas en la Plaza de San Pedro: “incluso pequeños y pobres, colaboramos a la edificación de la historia según el proyecto de Dios”.
La Eucaristía, “nos enseña a ser más acogedores y disponibles hacia aquellos que están en búsqueda de comprensión, de ayuda, de ánimo, y que están marginados y solos”.
Palabras del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy en muchos países, como Italia, celebramos la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, o, según la expresión latina, del Corpus Domini. El Evangelio nos recuerda las palabras de Jesús, pronunciadas en la Última Cena con sus discípulos: “Tomad, este es mi cuerpo …Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza, derramada por la multitud”. (Mc 14,22-24). En virtud de este testamento de amor, la comunidad cristiana se reúne todos los domingos, y todos los días, alrededor de la Eucaristía, sacramento del Sacrificio redentor de Cristo. Y atraídos por su presencia real, los cristianos le adoran y le contemplan a través del humilde signo del pan convertido en su Cuerpo.
Cada vez que celebramos la Eucaristía, a través de este Sacramento a la vez sobrio y solemne, hacemos la experiencia de la Nueva Alianza, que realiza en plenitud la comunión entre Dios y nosotros. Y en cuanto que participantes de esta Alianza, incluso pequeños y pobres, colaboramos a la edificación de la historia según el proyecto de Dios? Por eso , toda celebración eucarística, en tanto que constituye un acto de culto público a Dios, envía a la vida y a los acontecimientos concretos de nuestra existencia Alimentando nos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, somos asimilados a Él, recibimos en nosotros su amor, no para guardarlo celosamente, sino para compartirlo con los otros. Es la lógica eucarística. En ella contemplamos a Jesús, pan partido y dado, sangre derramada para nuestra salvación. Es una presencia que, como un fuego, quema, en nosotros las actitudes egoístas, que nos purifica de la tendencia a dar solamente cuando hemos recibido, y que enciende el deseo de hacernos nosotros también, en unión con Jesús, pan partido y sangre derramada para los hermanos.
Por eso la fiesta del Corpus Domini es un misterio de atracción a Cristo y de transformación en Él. Y es esta escuela de amor concreto, paciente y sacrificado, como Jesús en la cruz. Nos enseña a ser más acogedores y disponibles hacía a aquellos que están en busca de comprensión, de ayuda, de ánimo y que están marginados y solos. La presencia de Jesús vivo en la Eucaristía es como una puerta, una puerta abierta entre el templo y el camino, entre la fe y la historia, entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre.
Las procesiones del Santísimo Sacramento, que hoy se desarrolla en diferentes países y ciudades, son expresiones de la piedad eucarística popular.
Yo también esta tarde, Ostia-como lo hizo el bienaventurado Pablo VI hace 50 años- celebraré la Misa, que será seguida por la procesión con el Santísimo Sacramento. Invito a todo el mundo a participar, incluso espiritualmente, por radio y televisión.
Que la Virgen María nos acompañe en este día.   

04.06.18


Corpus Christi: “Derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor”

Homilía del Papa Francisco

(4 junio 2018).- Así se vive eucarísticamente –dijo el Papa Francisco–: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. “La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú”.
Ayer, domingo, 3 de junio de 2018, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el Papa Francisco celebró los ritos correspondientes del Corpus Domini, según el calendario litúrgico de la Iglesia italiana, con la participación de unos 10.000 fieles, indica la gendarmería vaticana.
El Santo Padre predicó: La Eucaristía es un alimento sencillo, como el pan, pero es el único que sacia, porque no hay amor más grande. Allí encontramos a Jesús realmente, compartimos su vida, sentimos su amor.
A su llegada a las 17:50 horas, el Papa presidió la celebración eucarística en la plaza frente a la parroquia de Santa Mónica. El arzobispo Angelo De Donatis, vicario de Su Santidad para la diócesis de Roma, los obispos auxiliares y los sacerdotes de las parroquias de Ostia concelebraron con el Santo Padre.
Al final de la santa misa tuvo lugar la procesión con el Santísimo Sacramento por algunas calles del barrio del litoral romano, que terminó cerca de la parroquia de Nuestra Señora de Bonaria, donde el Santo Padre impartió la bendición eucarística.
El Papa Francisco regresó al Vaticano a las 20:30 horas, informa la Santa Sede.
Sigue la homilía pronunciada por el Santo Padre durante la celebración eucarística:
Homilía del Papa Francisco
En el Evangelio que hemos escuchado se narra la Última Cena, pero sorprendentemente la atención está más puesta en los preparativos que en la cena. Se repite varias veces el verbo “preparar”. Los discípulos preguntan, por ejemplo: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» (Mc 14,12). Jesús los envía a prepararla dándoles indicaciones precisas y ellos encuentran «una habitación grande, acondicionada y dispuesta» (v. 15). Los discípulos van a preparar, pero el Señor ya había preparado.
lgo similar ocurre después de la resurrección, cuando Jesús se aparece por tercera vez a los discípulos: mientras pescan, él los espera en la orilla, donde les prepara pan y pescado. Pero, al mismo tiempo, pide a los suyos que lleven un poco del pescado que acababan de pescar y que él les había indicado cómo pescarlo (cf. Jn 21,6.9-10). También aquí, Jesús prepara con antelación y pide a los suyos que cooperen. Incluso, poco antes de la Pascua, Jesús había dicho a los discípulos: «Voy a prepararos un lugar […] para que donde estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14,2.3). Es Jesús quien prepara, el mismo Jesús que, sin embargo, con fuertes llamamientos y parábolas, antes de su Pascua, nos pide que nos preparemos, que estemos listos (cf. Mt 24,44; Lc 12,40).
Jesús, en definitiva, prepara para nosotros y nos pide que también nosotros preparemos. ¿Qué prepara Jesús para nosotros? Prepara un lugar y un alimento. Un lugar mucho más digno que la «habitación grande acondicionada» del Evangelio. Es nuestra casa aquí abajo, amplia y espaciosa, la Iglesia, donde hay y debe haber un lugar para todos. Pero nos ha reservado también un lugar arriba, en el paraíso, para estar con él y entre nosotros para siempre. Además del lugar nos prepara un alimento, un pan que es él mismo: «Tomad, esto es mi cuerpo» (Mc 14,22). Estos dos dones, el lugar y el alimento, son lo que nos sirve para vivir. Son la comida y el alojamiento definitivos. Ambos se nos dan en la Eucaristía. Alimento y lugar.
Jesús nos prepara un puesto aquí abajo, porque la Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia, la genera y regenera, la reúne y le da fuerza. Pero la Eucaristía nos prepara también un puesto arriba, en la eternidad, porque es el Pan del cielo. Viene de allí, es la única materia en esta tierra que sabe realmente a eternidad. Es el pan del futuro, que ya nos hace pregustar un futuro infinitamente más grande que cualquier otra expectativa mejor. Es el pan que sacia nuestros deseos más grandes y alimenta nuestros sueños más hermosos. Es, en una palabra, la prenda de la vida eterna: no solo una promesa, sino una prenda, es decir, una anticipación, una anticipación concreta de lo que nos será dado. La Eucaristía es la “reserva” del paraíso; es Jesús, viático de nuestro camino hacia la vida bienaventurada que no acabará nunca.
En la Hostia consagrada, además del lugar, Jesús nos prepara el alimento, la comida. En la vida necesitamos alimentarnos continuamente, y no solo de comida, sino también de proyectos y afectos, deseos y esperanzas. Tenemos hambre de ser amados. Pero los elogios más agradables, los regalos más bonitos y las tecnologías más avanzadas no bastan, jamás nos sacian del todo. La Eucaristía es un alimento sencillo, como el pan, pero es el único que sacia, porque no hay amor más grande. Allí encontramos a Jesús realmente, compartimos su vida, sentimos su amor; allí puedes experimentar que su muerte y resurrección son para ti. Y cuando adoras a Jesús en la Eucaristía recibes de él el Espíritu Santo y encuentras paz y alegría. Queridos hermanos y hermanas, escojamos este alimento de vida: pongamos en primer lugar la Misa, descubramos la adoración en nuestras comunidades. Pidamos la gracia de estar hambrientos de Dios, nunca saciados de recibir lo que él prepara para nosotros.
Pero, como a los discípulos entonces, también hoy a nosotros Jesús nos pide preparar. Como los discípulos le preguntamos: «Señor, ¿dónde quieres que vayamos a preparar?». Dónde: Jesús no prefiere lugares exclusivos y excluyentes. Busca espacios que no han sido alcanzados por el amor, ni tocados por la esperanza. A esos lugares incómodos desea ir y nos pide a nosotros realizar para él los preparativos. Cuántas personas carecen de un lugar digno para vivir y del alimento para comer. Todos conocemos a personas solas, que sufren y que están necesitadas: son sagrarios abandonados. Nosotros, que recibimos de Jesús comida y alojamiento, estamos aquí para preparar un lugar y un alimento a estos hermanos más débiles. Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotros mismos, sino el uno para el otro. Así se vive eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú.
Los discípulos, dice el Evangelio, prepararon la Cena después de haber «llegado a la ciudad» (v. 16). El Señor nos llama también hoy a preparar su llegada no quedándonos fuera, distantes, sino entrando en nuestras ciudades. También en esta ciudad, cuyo nombre —“Ostia”— recuerda precisamente la entradala puerta. Señor, ¿qué puertas quieres que te abramos aquí? ¿Qué portones nos pides que abramos, qué barreras debemos superar? Jesús desea que sean derribados los muros de la indiferencia y del silencio cómplice, arrancadas las rejas de los abusos y las intimidaciones, abiertas las vías de la justicia, del decoro y la legalidad. El amplio paseo marítimo de esta ciudad llama a la belleza de abrirse y remar mar adentro en la vida. Pero para hacer esto hay que soltar esos nudos que nos unen a los muelles del miedo y de la opresión. La Eucaristía invita a dejarse llevar por la ola de Jesús, a no permanecer varados en la playa en espera de que algo llegue, sino a zarpar libres, valientes, unidos.
Los discípulos, concluye el Evangelio, «después de cantar el himno, salieron» (v. 26). Al finalizar la Misa, también nosotros saldremos. Caminaremos con Jesús, que recorrerá las calles de esta ciudad. Él desea habitar en medio de vosotros. Quiere visitar las situaciones, entrar en las casas, ofrecer su misericordia liberadora, bendecir, consolar. Habéis experimentado situaciones dolorosas; el Señor quiere estar cerca. Abrámosle las puertas y digámosle:
Ven, Señor, a visitarnos.
Te acogemos en nuestros corazones,
en nuestras familias, en nuestra ciudad.
Gracias porque nos preparas el alimento de vida
y un lugar en tu Reino.
Haz que seamos activos en la preparación,
portadores gozosos de ti que eres la vida,
para llevar fraternidad, justicia y paz
a nuestras calles. Amén.
05.06.18


Guatemala: Oración por las víctimas de la erupción del “volcán de fuego”

Telegrama del Santo Padre


(5 junio 2018).- El Santo Padre, profundamente apenado al conocer la triste noticia de la violenta erupción del volcán de fuego, que ha ocasionado numerosas víctimas e ingentes daños materiales que han afectado a un significativo número de habitantes de la zona, ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos y oraciones por todos los que sufren las consecuencias de ese desastre natural.
Telegrama de condolencias para las víctimas de la erupción del “Volcán de Fuego” en Guatemala, que tuvo lugar en los últimos días, enviado al Nuncio Apostólico de Guatemala, Mons. Nicolas Henry Marie Denis Thevenin, en nombre del Santo Padre Francisco, por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.
Ruego a vuestra excelencia que transmita el sentido pésame de Su Santidad, junto con expresiones de consuelo, a los familiares que lloran la pérdida de sus seres queridos, así como su cercanía espiritual a los heridos y a los que trabajan denodadamente en auxiliar a los damnificados, mientras pide al Señor que derrame sobre todos ellos los dones de la solidaridad, la serenidad espiritual y la esperanza cristiana, en prenda de lo cual les imparte de corazón la bendición apostólica”, se escribe en la carta.   
06.06.18



Audiencia general: “El Espíritu nos mueve a salir de nuestro egoísmo”

Palabras del Papa en español

(6 junio 2018).- “El Espíritu nos mueve a salir de nuestro egoísmo y a ser un don para los demás”: El Santo Padre Francisco ha continuado la reflexión sobre la Confirmación considerando los efectos del don del Espíritu Santo en quienes reciben este sacramento.
Así, el Papa ha impartido la 3ª catequesis sobre la Confirmación en la audiencia general celebrada el miércoles, 6 de junio de 2018, ante miles de fieles y peregrinos llegados a Roma desde diferentes lugares del mundo.
Comunidad eclesial
Francisco ha expresado que al recibir la Confirmación, nos unimos con mayor fuerza a los miembros del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia.
Tenemos que pensar en la Iglesia como un organismo vivo –ha anunciado– compuesto de personas que caminan formando una comunidad junto al obispo, que es el ministro originario de la Confirmación y quien nos vincula con la Iglesia”.
Signo de la paz
Al final del rito de la Confirmación, el obispo dice a cada confirmado «la paz esté contigo». “Recibir la paz a través del obispo nos impulsa a trabajar por la comunión dentro y fuera de la Iglesia, a mejorar los vínculos de concordia en la parroquia y a cooperar con la comunidad cristiana”, ha explicado el Pontífice.
Estas palabras nos recuerdan el saludo de Jesús a sus discípulos en la noche de Pascua y expresan la unión con el Pastor de esa iglesia particular y con todos los fieles, ha aclarado Francisco.
Asimismo, el Papa ha señalado que la Confirmación se recibe una sola vez, pero su fuerza espiritual se mantiene en el tiempo y anima a crecer espiritualmente con los demás.  
07.06.18


Santa Marta: El amor de Cristo supera todo conocimiento, supera todo

Solemnidad del Sagrada Corazón

(8 junio 2018).- “Hoy es la fiesta del amor de Dios”: El Papa Francisco ha iniciado así su homilía esta mañana en la Misa matutina de Santa Marta, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
El Pontífice ha aclarado que no somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que es Él quien “nos amó primero, Él es el primero en amar”, señala ‘Vatican News’ en español. Una verdad que los profetas explicaban con el símbolo de la flor del almendro, la primera en florecer en la primavera, así, el Papa subraya: “Dios es así: siempre primero. Nos espera primero, nos ama primero, nos ayuda primero”.
Francisco ha advertido que no es fácil entender el amor de Dios y se ha referido a la Carta del apóstol Pablo que han escuchado en la Eucaristía, que habla, de hecho, de inescrutables riquezas de Cristo”, de un misterio escondido.
Es un amor que no se puede entender –ha afirmado el Santo Padre–. Un amor de Cristo que supera todo conocimiento. Supera todo. Así de grande es el amor de Dios. Y un poeta decía que era como `el mar, sin orillas, sin fondo…´: pero un mar sin límites. Y éste es el amor que nosotros debemos entender, el amor que nosotros recibimos”.
El Señor “ha sido un gran pedagogo” –ha expresado el Papa– a lo largo de la historia de la salvación, nos ha revelado su amor, y retomando las palabras del profeta Oseas en el pasaje leído, explica que no lo ha revelado a través de la potencia: “No. Escuchemos: ‘Yo he enseñado a caminar a mi pueblo, lo llevaba en los brazos. Cuidaba de ellos”. En brazos, cercano: como un papá”.
El Obispo de Roma ha planteado: “Dios, ¿cómo manifiesta el amor? ¿Con las cosas grandes?. No, se empequeñece, se empequeñece, se empequeñece, con estos gestos de ternura, de bondad. Se hace pequeño. Se acerca. Y con esta cercanía, con este empequeñecimiento, Él nos hace entender la grandeza del amor. Lo grande se entiende a través de lo pequeño”.
Por último, el Papa ha aclarado que no se necesitan “grandes discursos sobre el amor”, sino hombres y mujeres “que sepan hacer estas pequeñas cosas por Jesús, por el Padre”. Las obras de misericordia “son la continuidad de este amor, que se empequeñece, llega a nosotros, y nosotros lo llevamos adelante”.    
09.06.18




Ángelus: El antídoto contra la destrucción de la buena reputación

Que Dios nos libere de esta terrible tentación”

(10 junio 2018).- “Aquí hay un verdadero veneno mortal”: el Papa Francisco analiza, en el Ángelus de este domingo 10 de junio de 2018, los estragos de los vendedores ambulantes de calumnias y chismes. Y ha  indicado el antídoto, tomar tan pronto como se manifiesten los síntomas.
La malicia con la que, premeditadamente, uno quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si, al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta mala hierba está germinando en nosotros, vayamos inmediatamente a confesarla en el sacramento de la penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos nocivos, que son incurables”, dice el Papa. “Estén atentos porque esta actitud destruye familias, amistades, comunidades e incluso a la sociedad”, ha advertido el Santo Padre.
El Papa también ha señalado el hecho de que la familia de Jesús vio con malos ojos su “disponibilidad” para las multitudes. Y ha señalado que Cristo ha fundado una “nueva familia”.
Resumiendo estas dos lecciones del Evangelio, el Papa ha concluido: “Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos, nos hace la familia de Jesús. Hablar mal de los demás, destruir la reputación de los demás, nos convierte en la familia del diablo”.
Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (Marcos 3: 20-35) nos muestra dos tipos de incomprensiones a los que Jesús tuvo que hacer frente: la de los escribas y la de los miembros de su propia familia. La primera incomprensión la de los escribas que eran hombres educados en las Sagradas Escrituras y encargados ​​de explicarlas a la gente.
Algunos de ellos son enviados desde Jerusalén a Galilea, donde la fama de Jesús había comenzado a extenderse, para desacreditarlo ante los ojos de la gente. Para hacer el papel de chismosos desacreditando al otro, quitándole la autoridad, es una cosa muy fea y estos eran enviados para hacer precisamente eso. Y estos escribas llegaron con una acusación precisa y terrible, no ahorraban medios, iban a lo concreto y decían: “Éste está poseído por Belzebú y expulsa a los demonios por medio del jefe de los demonios” (v.22). Y el jefe de los demonios es Él quién lo empuja, es casi decir que este hombre era un endemoniado.
De hecho Jesús curaba a muchos enfermos y los escribas querían hacer creer a la gente  que no lo hacía con el Espíritu de Dios, como lo hacía Jesús sino con el espíritu del Maligno, con la fuerza del Diablo. Jesús reacciona con palabras fuertes y claras, no tolera esto, porque esos escribas, quizás sin darse cuenta, están cayendo en el pecado más grave: negar y blasfemar el Amor de Dios que está presente y obra en Jesús. La blasfemia es el pecado contra el Espíritu Santo, el único pecado imperdonable, así lo dice Jesús que parte de un cierre del corazón a la misericordia de Dios que actúa en Jesús. Pero este episodio contiene una advertencia que nos sirve a todos. De hecho, puede suceder que una fuerte envidia por la bondad y por las buenas obras de una persona puedan llevar a acusarla falsamente. Aquí hay un veneno mortal: la malicia con la que, de forma premeditada, uno quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si, mediante el examen de nuestra conciencia nos damos cuenta de que esta mala hierba está brotando dentro de nosotros, vayamos a confesarnos inmediatamente en el sacramento de la Penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos malignos que son incurables.
Estén atentos porque estos comportamientos destruyen a las familias, a las comunidades y por tanto a la sociedad.
El Evangelio de hoy también nos habla de otra incomprensión muy distinta hacia Jesús: la de su familia. Estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura (v. 21). De hecho, Jesús se mostró tan disponible para las personas, especialmente para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tenía tiempo ni para comer. Jesús era así, primero a la gente, ayudar a la gente, enseñar a la gente, Jesús era para la gente, no tenía tiempo ni para comer. Su familia, por lo tanto, decide traerlo de regreso a Nazaret. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo envían a llamar. Le dicen a Jesús: “Mira, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan” (v. 32). Él responde: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”, Y mirando a las personas que lo rodean para escucharlo, agrega: “¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, él es hermano, hermana y madre para mí “(v.  33-34).
Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo. Todos los que aceptan la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre sí, recibir la palabra de Jesús nos convierte en hermanos y en familia entre nosotros. Hablar de los otros, destruir la reputación de los otros nos hace ser familia del Diablo. La respuesta de Jesús no es una falta de respeto por su madre y su familia. De hecho, para María es el mayor reconocimiento, por qué ella es la perfecta discípula que obedecía la voluntad de Dios en todo.
Que la Virgen Madre nos ayude a vivir en comunión con Jesús, reconociendo el trabajo del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia, regenerando el mundo a una nueva vida.   
11.06.18


Santa Marta: “Anuncio, servicio y gratuidad” para evangelizar


Homilía del Papa en la Eucaristía

( 11 junio 2018).- “El anuncio, el servicio y la gratuidad” son las tres dimensiones fundamentales de la evangelización, ha subrayado el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta, este lunes, 11 de junio de 2018.
Partiendo de las Lecturas bíblicas del día, el Pontífice ha aclarado que es el Espíritu Santo el “protagonista” del anuncio, que no representa una simple “predicación” o la “transmisión” de algunas ideas, sino es un movimiento dinámico capaz de “cambiar los corazones” gracias a la obra del Espíritu.
Francisco ha señalado que “no es una actitud empresarial” aquello que Jesús nos manda hacer, “es con el Espíritu Santo”: Esta es la valentía, ha subrayado. “La verdadera valentía de la evangelización no es una terquedad humana, así… No. Es el Espíritu Santo que nos da la valentía y lo lleva adelante”.
La dimensión del servicio dado también “en las cosas pequeñas”, ha indicado el Santo Padre como necesaria para la evangelización. De hecho, es equivocada la presunción de querer ser servido después de haber hecho carrera, en la Iglesia o en la sociedad: “el escalar en la Iglesia –agregado– es un signo de que no se sabe qué es la evangelización”, “aquel que manda debe ser como aquel que sirve”.
Nosotros podemos anunciar cosas buenas pero sin servicio no es anuncio, parece, pero no es –advierte del Papa–. Porque el Espíritu no solo te lleva adelante a proclamar las verdades del Señor y la vida del Señor, sino te lleva también a los hermanos, a las hermanas para servirlos. El servicio. Incluso en las cosas pequeñas. Es feo cuando se encuentran evangelizadores que se hacen servir y viven para hacerse servir. Es feo. Serán como los príncipes de la evangelización”.
Por último, el Obispo de Roma ha señalado la gratuidad como otra característica indispensable para evangelizar, porque ninguno puede redimirse por sus  propios méritos. “Gratuitamente han recibido – nos recuerda el Señor – gratuitamente den”.
Así, el Pontífice ha indicado que los operadores pastorales de la evangelización deben aprender esto, sus vidas deben ser gratuitas, al servicio, al anuncio, llevados por el Espíritu. “La propia pobreza los lleva a abrirse al Espíritu”.   
12.06.18


Santa Marta: “El cristiano debe ser sal y luz para los otros”

Esa es la “santidad de todos los días”

(12 junio 2018).- “Ser sal y luz para los otros, sin atribuirse méritos” es el “simple testimonio habitual”, la “santidad de todos los días”, a la que está llamado el cristiano, ha anunciado el Papa Francisco en la Misa celebrada esta mañana, en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
Es un testimonio –ha aclarado el Santo Padre– de “todos los días, que inicia por la mañana, cuando nos despertamos, y termina por la noche, cuando nos vamos a dormir”.
Parece poca cosa”, advierte Francisco, pero el Señor “con pocas cosas nuestras hace milagros, hace maravillas”. Por lo tanto, es necesario tener esta actitud de “humildad” que consiste en buscar solamente ser sal y luz.
Siempre al servicio
Sal para los otros, luz para los otros, porque la sal no se sazona a sí misma, siempre al servicio. La luz no se ilumina a sí misma, siempre al servicio. Sal para los otros, pequeña sal que ayuda en las comidas, pero pequeña. ¿En el supermercado la sal se vende por toneladas? No… En pequeñas bolsitas, es suficiente”.
Y después –ha continuado– la sal no se vanagloria de sí misma, porque no se sirve a sí misma. Siempre está allí para ayudar a los demás: ayudar a conservar las cosas, a condimentar las cosas. Siempre está el testimonio”.
Santidad de cada día
El Pontífice ha señalado que el Señor nos dice: “Tú eres sal, tu eres luz”, y ha exhortamos a que renunciemos a tener ningún mérito. Pues, nosotros cuando comemos –ha expresado– no decimos: “¡Ah, qué rica la sal! ¡No!: “Rica la pasta, rica la carne, rica…”. No decimos: “Qué rica la sal”. De noche cuando vamos para casa, no decimos: “Qué buena la luz”, no. Ignoramos la luz, pero vivimos con aquella luz que ilumina. Ésta es una dimensión que hace que nosotros cristianos seamos como anónimos en la vida.
No somos protagonistas de nuestros méritos”, ha subrayado nuevamente el Papa al concluir. Por lo tanto, no se debe hacer como el fariseo que agradece al Señor pensando que es santo.
Además, el Santo Padre ha propuesto que al final día, hagamos una “linda oración” y nos preguntemos: “¿He sido sal hoy?” “¿He sido luz hoy?”, y ha concluido diciendo: “Ésta es la santidad de todos los días”.    
13.06.18