24 de maig 2015

PENTECOSTA









Texto completo de la homilía del Papa en la misa de Pentecostés
En la homilía de este domingo el Santo Padre recuerda que el  Espíritu Santo guía, renueva y fructifica
Ciudad del Vaticano, 24 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
El santo padre Francisco ha celebrado la misa del domingo de Pentecostés en la Basílica Vaticana. La celebración eucarística ha sido concelebrada por cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes.             
 Publicamos a continuación la homilía del Santo Padre:                 

«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo... recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 21.22), así dice Jesús. La efusión que se dio en la tarde de la resurrección se repite en el día de Pentecostés, reforzada por extraordinarias manifestaciones exteriores. La tarde de Pascua Jesús se aparece a sus discípulos y sopla sobre ellos su Espíritu (cf. Jn 20, 22); en la mañana de Pentecostés la efusión se produce de manera fragorosa, como un viento que se abate impetuoso sobre la casa e irrumpe en las mentes y en los corazones de los Apóstoles. En consecuencia reciben una energía tal que los empuja a anunciar en diversos idiomas el evento de la resurrección de Cristo: «Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas» (Hch 2, 4). Junto a ellos estaba  María, la Madre de Jesús, la primera discípula, y allí Madre de la Iglesia naciente. Con su paz, con su sonrisa, con su maternidad, acompañaba el gozo de la joven Esposa, la Iglesia de Jesús.
La Palabra de Dios, hoy de modo especial, nos dice que el Espíritu actúa, en las personas y en las comunidades que están colmadas de él, las hace capaces de recibir a Dios “Capax Dei”, dicen los Santos Padres. Y ¿Qué es lo que hace el Espíritu Santo mediante esta nueva capacidad que nos da? Guía hasta la verdad plena (Jn 16, 13), renueva la tierra (Sal 103) y da sus frutos (Ga 5, 22- 23). Guía, renueva y fructifica.
En el Evangelio, Jesús promete a sus discípulos que, cuando él haya regresado al Padre, vendrá el Espíritu Santo que los «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13). Lo llama precisamente «Espíritu de la verdad» y les explica que su acción será la de introducirles cada vez más en la comprensión de aquello que él, el Mesías, ha dicho y hecho, de modo particular de su muerte y de su resurrección. A los Apóstoles, incapaces de soportar el escándalo de la pasión de su Maestro, el Espíritu les dará una nueva clave de lectura para introducirles en la verdad y en la belleza del evento de la salvación. Estos hombres, antes asustados y paralizados, encerrados en el cenáculo para evitar las consecuencias del viernes santo, ya no se avergonzarán de ser discípulos de Cristo, ya no temblarán ante los tribunales humanos. Gracias al Espíritu Santo del cual están llenos, ellos comprenden «toda la verdad», esto es: que la muerte de Jesús no es su derrota, sino la expresión extrema del amor de Dios. Amor que en la Resurrección vence a la muerte y exalta a Jesús como el Viviente, el Señor, el Redentor del hombre, el Señor de la historia y del mundo. Y esta realidad, de la cual ellos son testigos, se convierte en Buena Noticia que se debe anunciar a todos.
El Espíritu Santo renueva – guía y renueva - renueva la tierra. El Salmo dice: «Envías tu espíritu... y repueblas la faz tierra» (Sal 103, 30). El relato de los Hechos de los Apóstoles sobre el nacimiento de la Iglesia encuentra una correspondencia significativa en este salmo, que es una gran alabanza a Dios Creador. El Espíritu Santo que Cristo ha mandado de junto al Padre, y el Espíritu Creador que ha dado vida a cada cosa, son uno y el mismo. Por eso, el respeto de la creación es una exigencia de nuestra fe: el “jardín” en el cual vivimos no se nos ha confiado para que abusemos de él, sino para que lo cultivemos y lo custodiemos con respeto (cf. Gn 2, 15). Pero esto es posible solamente si Adán – el hombre formado con tierra – se deja a su vez renovar por el Espíritu Santo, si se deja reformar por el Padre según el modelo de Cristo, nuevo Adán. Entonces sí, renovados por el Espíritu, podemos vivir la libertad de los hijos en armonía con toda la creación y en cada criatura podemos reconocer un reflejo de la gloria del Creador, como afirma otro salmo: «¡Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!» (Sal 8, 2.10). Guía, renueva y da, da fruto.
En la carta a los Gálatas, san Pablo vuelve a mostrar cual es el “fruto” que se manifiesta en la vida de aquellos que caminan según el Espíritu (Cf. 5, 22). Por un lado está la «carne», acompañada por sus vicios que el Apóstol nombra, y que son las obras del hombre egoísta, cerrado a la acción de la gracia de Dios. En cambio, en el hombre que con fe deja que el Espíritu de Dios irrumpa en él, florecen los dones divinos, resumidos en las nueve virtudes gozosas que Pablo llama «fruto del Espíritu». De aquí la llamada, repetida al inicio y en la conclusión, como un programa de vida: «Caminad según el Espíritu» (Ga 5, 16.25).
El mundo tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo. El estar cerrados al Espíritu Santo no es solamente falta de libertad, sino también pecado. Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo. En el egoísmo del propio interés, en el legalismo rígido – como la actitud de los doctores de la ley que Jesús llama hipócritas -, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas. En cambio, el mundo tiene necesidad del valor, de la esperanza, de la fe y de la perseverancia de los discípulos de Cristo. El mundo necesita los frutos, los dones del Espíritu Santo, como enumera san Pablo: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Ga 5, 22). El don del Espíritu Santo ha sido dado en abundancia a la Iglesia y a cada uno de nosotros, para que podamos vivir con fe genuina y caridad operante, para que podamos difundir la semilla de la reconciliación y de la paz. Reforzados por el Espíritu Santo – que guía, nos guía a la verdad, que nos renueva a nosotros y a toda la tierra, y que nos da los frutos – reforzados en el Espíritu y por estos múltiples dones, llegamos a ser capaces de luchar, sin concesión alguna, contra el pecado, de luchar, sin concesión alguna, contra la corrupción que, día tras día, se extiende cada vez más en el mundo, y de dedicarnos con paciente perseverancia a las obras de la justicia y de la paz. 

25.05,15



Sta. Marta: La riqueza que no se comparte genera corrupción
En la homilía de este lunes, el Santo Padre reflexiona sobre el pasaje del joven rico que quiere seguir a Jesús y recuerda que el apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles
Ciudad del Vaticano, 25 de mayo de 2015 (ZENIT.org)



Las riquezas deben servir para el bien común. Una abundancia de bienes vivida de forma egoísta y triste quita esperanza y está en el origen de cualquier tipo de corrupción, grande o pequeña. Así lo afirma el Santo Padre durante la homilía de la misa celebrada en Santa Marta.
De este modo, ha comentado el pasaje del joven rico que quiere seguir a Jesús. El joven se queda triste cuando Jesús le pide que venda sus riquezas. De golpe, “la alegría y la esperanza” en ese joven rico desaparecen, porque no quiere renunciar a su riqueza. Por eso, el Santo Padre ha señalado que “el apego a las riquezas está en el inicio de todo tipo de corrupción, por todas partes: corrupción personal, corrupción en los negocios, también en la pequeña corrupción comercial, de esa que quita 50 gramos al peso exacto, corrupción política, corrupción de la educación…”. Y ¿por qué?, se ha preguntado. “Porque los que viven apegados a los propios poderes, a las propias riquezas, se creen en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Al final tendrán que dejar todo”.
Asimismo, ha explicado que “hay un misterio en la posesión de las riquezas”. “Las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y hacernos creer que estamos en un paraíso terrestre”, ha observado. Sin embargo, ese paraíso terrestre es un lugar sin horizonte, ha indicado el Papa. “Vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste. El apego a las riquezas nos entristece y nos hace estériles”, ha precisado. Y ha explicado que utiliza el término “apego” y no “administrar bien las riquezas”, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor se lo da a una persona es para que esa persona lo haga para el bien de todos, no para sí mismo, no para que lo cierre en su corazón, que después con esto se hace corrupto y triste, ha advertido Francisco.
Y así ha proseguido señalando que las riquezas sin generosidad “nos hacen creer que somos poderosos, como Dios. Y al final nos quitan lo mejor, la esperanza”.
Para finalizar, el Pontífice ha recordado que Jesús indica en el Evangelio cuál es la forma justa para vivir una abundancia de bienes: “la primera bienaventuranza: ‘bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, desprenderse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como ese hombre que hacía banquetes y llevaba vestidos lujosos, no tienes horizontes, no ves a los que tienen necesidades y terminarás como ese hombre: lejos de Dios”.
26.05.15



El Papa en Santa Marta: 'No se puede seguir a Jesús y al mundanismo'
En la homilía de este martes, el Santo Padre recuerda que “seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio"
Ciudad del Vaticano, 26 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
No se puede seguir a Jesús y al mundanismo, ni se puede tener el cielo y la tierra, es feo un cristianismo a mitad y es necesario tomar una decisión radical. Lo indicó este martes por la mañana el papa Francisco en la homilía en la capilla de la residencia Santa Marta, partiendo de la pregunta de Pedro a Jesús, sobre qué habrían ganado los discípulos en seguirle, una pregunta realizada después de que el Señor le había dicho al joven rico de vender todos sus bienes y darlos a los pobres.
Por ello el Santo Padre observa que Jesús respondió en una dirección diversa de la que se esperaban los discípulos: no habla de riquezas, promete en cambio la herencia del Reino de los cielos, sin excluir “persecución y la cruz”.
“Cuando un cristiano -indicó Francisco- está apegado a los bienes, da la mala impresión de una cristiano que quiere tener dos cosas: el cielo y la tierra. Y la piedra de paragón justamente es la que Jesús indica: la cruz y las persecuciones. Esto quiere decir negarse a sí mismo, llevar cada día la cruz...”
Porque “los discípulos al seguir a Jesús tenían esta tentación: ¿Será un buen negocio? Pensemos a la mamá de Santiago y Juan, cuando le pide a Jesús un lugar para sus hijos: 'A este me lo haces primer ministro, a este otro ministro de economía...' porque tiene el interés mundano de seguir a Jesús”. Pero después, indicó Francisco, “el corazón de estos discípulos fue purificado”, hasta que llegó Pentecostés y ellos “entendieron todo”.
“La gratuidad en seguir a Jesús -añadió el Pontífice- es la respuesta a la gratuidad del amor y de la salvación que nos da Jesús”. Y cuando “se quiere ir sea con Jesús que con el mundo, sea con la pobreza que con la riqueza, esto es un cristianismo a mitad, que quiere una ganancia material. Es el espíritu del mundo”. Esos cristianos hacen eco a las palabras del profeta Elías, “cojean con las dos piernas” porque “no saben lo que quieren”.
Por lo tanto evidenció que para entender esto es necesario acordarse de que Jesús nos anuncia que “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”, o sea “aquel que se cree o que es el más grande” se tiene que volver “el servidor, el más pequeño”.
“Seguir a Jesús desde el punto de vista humano no es un buen negocio: es servir. Lo ha hecho Él, y si el Señor te da la posibilidad de ser el primero, tú tienes que comportarte como el último, o sea, servir. Y si el Señor te da la posiblidad de tener bienes, tú debes emplearte en servir a los otros. Son tres cosas, tres escalones, los que te alejan de Jesús: las riquezas, la vanidad y el orgullo. Por esto son tan peligrosas las riquezas, porque te llevan en seguida a la vanidad y te crees importante. Y cuando uno se cree importante pierde la cabeza y se pierde”.
El camino indicado por el Señor, es el del 'despojarse como ha hecho É'l, indicó el Papa, precisando sus palabras: “Quien es el primero entre ustedes se haga siervo de todos”.
Y a Jesús este 'trabajo' con los discípulos le “costó mucho tiempo porque ellos no entendían bien”. Por ello “también nosotros tenemos que pedirle a Él que nos enseñe este camino, esta ciencia de saber servir, esta ciencia que es ser humildes, esta ciencia que es volverse los últimos para servir a los hermanos y hermanas de la Iglesia”.
“Que feo es -indicó el Papa- ver a un cristiano, sea laico, consagrado, sacerdote, obispo, cuando se ve que busca dos cosas: seguir a Jesús y a los bienes, seguir a Jesús y al mundanismo. Esto est un anti-testimonio que aleja a la gente de Jesús. Prosigamos ahora con la celebración eucarística pensando a la pregunta de Pedro: 'Hemos dejado todo, ¿cómo nos pagarás?' Y pensando a la respuesta de Jesús. El pago que nos dará es asemejarnos a Él. Este será el 'sueldo'. ¡Un gran sueldo, asemejarnos a Jesús!”

27.05.15



Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 27 de mayo

El Santo Padre reflexiona sobre el noviazgo, un tiempo de conocimiento recíproco, para compartir un proyecto. No va el matrimonio exprés y es necesario trabajar en el amor. Es un camino de maduración hasta el momento del matrimonio

Ciudad del Vaticano, 27 de mayo de 2015 (ZENIT.org)

"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estas catequesis sobre la familia, hoy quisiera hablar de noviazgo. El noviazgo --se escucha en la palabra (en italiano se dice ‘fidanzamento’ ndr.)-- tiene con ver con la confianza, la confidencia, la fiabilidad. Confianza con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es sobre todo el descubrimiento de una llamada de Dios. Ciertamente es una cosa bella que hoy los jóvenes puedan elegir casarse sobre la base de un amor recíproco.

Pero precisamente la libertad de la unión requiere una consciente armonía en la decisión, no solo un simple entendimiento de la atracción o del sentimiento de un momento, de un tiempo breve. Requiere un camino. El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el que los dos están llamados a hacer un buen trabajo sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va a la profundidad.

Se conocen el uno al otro: el hombre entiende a la mujer aprendiendo de esta mujer, su novia; y la mujer entiende del hombre aprendiendo este hombre, su novio. No infravaloremos la importancia de este aprendizaje: es un compromiso bonito, y el amor mismo lo requiere, porque no es solamente una felicidad sin preocupaciones, una emoción encantada… El pasaje bíblico habla de toda la creación como un bonito trabajo del amor de Dios: “Dios miró, así dice el libro del Génesis, todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”. Solamente al final, Dios “descansó”. De esta imagen entendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No!, fue un bonito trabajo. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.

La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza para la vida, no se improvisa, no se hace de un día para otro, no hay matrimonio exprés: es necesario trabajar en el amor. Es necesario caminar. La alianza del amor entre el hombre y la mujer se aprende y se afina. Me permito decir, es una alianza artesanal. Hacer de dos vidas una vida sola. Es también casi un milagro. Un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe.

Tendríamos quizá que comprometernos más en este punto, porque nuestras “coordinadas sentimentales” están un poco confusas. Quien pretende querer todo y enseguida, cede también todo --y enseguida-- a la primera dificultad, o a la primera ocasión. No hay esperanza por la confianza y la felicidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumar el amor como una especia de “integrador” del bienestar psico-físico. ¡El amor no es esto! El noviazgo se centra en la voluntad de cuidar juntos algo que nunca deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por tentadora que pueda resultar la oferta.

También Dios, cuando habla de la alianza con su pueblo lo hace, algunas veces en la Biblia, en términos de noviazgo. En el libro de Jeremías, hablando al Pueblo cómo se había alejado de Él, dice así en el capítulo 2. ‘Yo recuerdo el tiempo de tu juventud, el tiempo de tu noviazgo’ Cuando el Pueblo era la novia de Dios y Dios ha hecho este recorrido de noviazgo.

Hace también una promesa, lo hemos oído, ahí, al inicio de la audiencia en el libro de Oseas. ‘Te haré mi esposa para siempre,  y te daré como dote el derecho y la justicia, en  el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’ . Es un largo recorrido que el Señor hace con su Pueblo en este camino de noviazgo. Al final Dios se casa con su Pueblo, en Jesucristo, se casa en Jesús con la Iglesia, el Pueblo de Dios es la esposa de Jesús.

Pero cuánto camino, y vosotros italianos, en vuestra literatura, tenéis una obra maestra sobre el noviazgo. Es necesario que los jóvenes lo conozcan, lo lean. Es una obra maestra donde se cuenta la historia de los novios que han sufrido mucho dolor, han hecho un camino de muchas dificultades hasta llegar al final, al matrimonio. Pero no dejéis de lado esta obra maestra sobre el noviazgo que la literatura italiana os ha ofrecido. Es necesario ir adelante, leerlo y ver la belleza, también el sufrimiento, pero la fidelidad de los novios. (se refiere a I promessi sposi de Alessandro Manzoni)

La Iglesia, en su sabiduría, cuida la distinción entre el ser novios y ser esposos, precisamente en vista de la delicadeza y la profundidad de esta verificación. Estemos atentos a no despreciar a la ligera esta sabia enseñanza, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo conservan las claves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu. (1 Cor 6,15-20).

Cierto, la cultura y la sociedad de ahora se han convertido lamentablemente indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este pasaje. Y por otro lado, no se puede decir que sean generosos con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y a traer hijos al mundo. Es más, a menudo ponen mil obstáculos, mentales y prácticos.

El noviazgo es un recorrido de vida, que debe maturar, como la fruta. Es un camino de maduración, el amor. Hasta el momento en el que se convierte precisamente en matrimonio.

Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y nosotros vemos muchas parejas, que quizá llegan al curso un poco sin ganas. ‘Estos sacerdotes nos obligan a hacer este curso, pero ¿por qué? Nosotros ya sabemos...’ Lo hacen sin ganas. Pero después están contentos y dan las gracias, porque de hecho han encontrado allí una ocasión --a menudo la única-- para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales.

Sí, muchas parejas están juntos desde hace mucho tiempo, quizá también en la intimidad, a veces viviendo juntos, pero no se conocen verdaderamente. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por eso, se debe revalorar el noviazgo como tiempo de conocimiento recíproco y de compartir un proyecto.

El camino de preparación al matrimonio viene configurado en esta perspectiva, valiéndose también del testimonio simple pero intenso de los cónyuges cristianos. Y dirigiéndose también aquí sobre lo esencial: la Biblia, de redescubrir juntos, de forma consciente; la oración en su dimensión litúrgica, pero también esa oración ‘doméstica’, de vivir en familia. Los sacramentos, la vida sacramental, la confesión, la comunión... El Señor viene a vivir en los novios y les prepara para recibirles verdaderamente el uno con el otro con la gracia de Cristo; y a la fraternidad con los pobres y con los necesitados, que nos invitan a la sobriedad y a compartir. Los novios que se comprometen en esto, ambos, esto lleva a preparar una bonita celebración del matrimonio. De forma distinta, no mundana, sino de forma cristiana.

Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo, como el novio a la novia. ‘Te haré mi esposa para siempre,  y te daré como dote el derecho y la justicia, en el amor y la compasión. Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor’.
Cada pareja de novios piense en esto y diga el uno al otro ‘te haré mi esposa, te haré mi esposo, espero ese momento’. Es un momento, es un recorrido que va despacio hacia adelante y que  es un recorrido de maduración. No deben quemarse las etapas del camino. La maduración se hace así, paso a paso.
El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación, ¿a qué? a la sorpresa, a la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición.
Ahora, invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, José y María. Rezar para que la familia tenga este camino de preparación. Y rezar por los novios. Rezamos a la Virgen todos juntos, un Ave María por todos los novios para que puedan entender la belleza de este camino hacia el matrimonio. Ave María… "

28.05.15




Sta. Marta: '¿Escucho el grito de los que necesitan al Señor?'
En la homilía de este jueves, el Papa ha hablado de tres tipos de cristianos: sea los mundanos que los rigoristas alejan a la gente de Jesús, en cambio están quienes escuchan a los necesitados de Jesús y su Iglesia
Ciudad del Vaticano, 28 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
Hay cristianos que alejan a la gente de Jesús porque piensan solo en su relación con Dios o porque son empresarios o mundanos o rigoristas. Y hay cristianos que escuchan realmente el grito de cuantos necesitan al Señor. Así lo ha asegurado el Santo Padre durante la homilía de Santa Marta.
De este modo, al comentar el Evangelio del ciego Bartimeo que grita a Jesús para ser sanado, mientas los discípulos le regañan para que no lo haga, el Papa ha enumerado tres tipos de cristianos. Hay cristianos que se ocupan solo de su relación con Jesús, una relación “cerrada, egoísta”, y no escuchan el grito de los otros. “Ese grupo de gente, también hoy, no escucha el grito de muchos que necesitan a Jesús. Un grupo de indiferentes: no escuchan, creen que la vida sea su grupito; están contentos; están sordos al clamor de tanta gente que necesita salvación, que necesita la ayuda de Jesús, que necesita de la Iglesia. Esta gente es egoísta, vive para sí misma. Son incapaces de escuchar la voz de Jesús”, ha explicado el Papa.
También ha hablado del grupo de los que escuchan este grito que pide ayuda, pero que lo quieren hacer callar. Como cuando los discípulos alejan a los niños para que no incomoden al Maestro. En este grupo están los “empresarios, que están cerca de Jesús”, están en el templo, parecen “religiosos”, pero “Jesús les expulsa, porque hacían negocios allí, en la casa de Dios”. Son esos que  --ha proseguido-- no quieren escuchar el grito de ayuda, sino que prefieren hacer sus negocios y usando al pueblo de Dios, usando a la Iglesia. Estos ‘empresarios’ alejan a la gente de Jesús. Y en este grupo están los cristianos que no dan testimonio. El Papa lo ha explicado así: “son cristianos de nombre, cristianos de salón, cristianos de recepciones, pero su vida interior no es cristiana, es mundana. Uno que se dice cristiano y vive como un mundano, aleja a los que piden ayuda a gritos a Jesús”.
Están los rigoristas, a quienes Jesús regaña porque que cargan mucho peso sobre los hombros de la gente. Jesús, ha recordado Francisco, les dedica todo el capítulo 23 de san Mateo. “Hipócritas, explotáis a la gente”, les dice Jesús. Y en vez de responder al grito que pide salvación alejan a la gente, ha subrayado el Santo Padre.
Y finalmente está el tercer grupo de cristianos, “los que ayudan a acercarse a Jesús”.  “Está el grupo de cristianos que tienen coherencia entre lo que creen y lo que viven, y ayudan a acercarse a Jesús, a la gente que grita, pidiendo salvación, pidiendo la gracia, pidiendo la salud espiritual por su alma”, ha precisado el Pontífice.
Para concluir, el Santo Padre ha recordado que "nos hará bien hacer un examen de conciencia para entender si somos cristianos que alejan a la gente de Jesús o la acercan, porque escuchamos el grito de muchos que piden ayuda para su salvación".
29.05.15


 

Sta Marta: 'La fe auténtica abierta al perdón obra milagros'
En la homilía de este viernes, el Santo Padre ha recordado que Jesús condena la esterilidad y el egoísmo espiritual. Quienes no ayudan al prójimo, viven siempre para sí, al final se convierten en neuróticos
Ciudad del Vaticano, 29 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
La fe auténtica, abierta a los otros y al perdón, obra milagros. Dios nos ayuda a no caer en una religiosidad egoísta y empresaria. Así lo ha recordado el Santo Padre Francisco durante la homilía de esta mañana en Santa Marta. El Evangelio de hoy propone “tres modos de vivir” en las imágenes de la higuera que no da frutos, en los comerciantes del templo y en el hombre de fe.
Tal y como ha explicado el Papa, la higuera representa la esterilidad, una vida estéril, incapaz de dar nada. Un vida que no da fruto, incapaz de hacer el bien. “Vive para sí, tranquilo, egoísta, no quiere problemas. Y Jesús maldice el árbol de la higuera, porque es estéril, porque no ha hecho lo suyo para dar fruto”, ha explicado el Papa. Representa a la persona --ha proseguido-- que no hace nada para ayudar, que vive siempre por sí misma, para que no le falta nada. Al final estos se convierten en neuróticos, ha advertido. Y así, el Santo Padre ha recordado que Jesús “condena la esterilidad espiritual, el egoísmo espiritual". 
La otra forma de vivir de la que hablado el Papa es la de los “explotadores, de los comerciantes en el templo. Explotan también el lugar sagrado de Dios para hacer negocios: cambian las monedas, venden los animales para el sacrificio, también entre ellos se vuelven como un sindicato para defender. Esto no solo era tolerado, sino también permitido por los sacerdotes del templo”.  Son  --ha precisado Francisco-- los que hacen de la religión un negocio. En la Biblia está la historia de los hijos de un sacerdote que “empujaban a la gente a dar ofrendas y ganaban mucho, también de los pobres”. Y Jesús dice: 'Mi casa será llamada casa de oración. Vosotros, sin embargo, la habéis convertido en una cueva de  ladrones.
De este modo, el papa Francisco ha señalado que la gente que iba en peregrinación allí a pedir la bendición del Señor, a hacer un sacrificio, era explotada. “Los sacerdotes allí no enseñaban a rezar, no les daban catequesis… Era una cueva de ladrones”, ha advertido. Y ha añadido: “No sé si nos hará bien pensar si con nosotros ocurre algo parecido. No lo sé. Es utilizar las cosas de Dios por el propio beneficio”.
Finalmente ha reflexionado sobre la tercera forma de vivir la fe, como Jesús indicaba. “Tened fe en Dios. Si uno dijera a un monte ‘levántate y tírate al mar’, sin dudas en su corazón, creyendo que lo que dice sucede, eso sucederá. Todo lo que pidáis en la oración, tened fe en obtenerlo y sucederá’. Sucederá precisamente lo que pedimos con fe”.
Y esto, el Papa lo ha explicado así: “Es el estilo de vida de la fe.
-‘Padre, ¿qué debo hacer para esto?’

-‘Pues pídelo al Señor, que te ayude a hacer cosas buenas, pero con fe. Solo una condición: cuando uno se pone a rezar pidiendo esto, si tiene  algo contra alguien, lo perdone. Es la única condición, para que también vuestro Padre que está en el cielo perdone, nuestros pecados’”. Este es el tercer estilo de vida, según ha explicado el Papa. “La fe, la fe para ayudar a los otros, para acercarse a Dios. Esta fe que hace milagros”,  ha indicado.
Para concluir, el Pontífice ha invitado a pedir al Señor “que nos enseñe este estilo de vida de fe y que nos ayude a no caer nunca, a nosotros, a cada uno de nosotros, a la Iglesia, en la esterilidad y en el mundo de los negocios”.

30.05.15 




El Papa invita a defender a los más frágiles de la sociedad
Francisco recibió este sábado a la Asociación Ciencia y Vida. Advirtió que las muertes en el trabajo y por desnutrición, así como dejar morir a los inmigrantes que viajan en barcazas en el Canal de Sicilia, son un atentado contra la vida humana
Ciudad del Vaticano, 30 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco ha recibido este sábado a los participantes en un congreso organizado por la Asociación Ciencia y Vida con motivo del décimo aniversario de su fundación, un encuentro que tiene como objetivo reflexionar sobre los “principios antropológicos y científicos de la bioética, con el fin de tutelar y promover la vida humana”.
Durante la audiencia en la Sala Clementina del Vaticano, el Santo Padre ha destacado el servicio que viene realizando esta asociación en favor de la promoción de la vida humana y ha animado a sus miembros a seguir practicando las actitudes de “apertura, atención y proximidad al hombre en cada situación concreta”. En este sentido, el Pontífice les ha indicado que es importante “salir para encontrar y encontrar para sostener”.
En su discurso, difundido por la Sala de Prensa de la Santa Sede, el Papa ha recordado también que el amor de Cristo nos impulsa a ser servidores de los pequeños y de los ancianos, de todo hombre y mujer, a quienes se debe reconocer y tutelar el derecho primordial a la vida.
“La existencia de la persona humana, a la cual ustedes se dedican con solicitud, es su principio constitutivo; es la vida en su insondable profundidad que origina y acompaña todo el camino científico; es el milagro de la vida el que siempre pone en crisis toda forma de presunción científica, restituyendo el primado a la maravilla y a la belleza”, ha proseguido.
Así, Francisco ha reiterado que es Cristo la luz que ilumina el camino para que la ciencia esté siempre al servicio de la vida. “Cuando disminuye esta luz, cuando el saber se olvida del contacto con la vida, se hace estéril”, ha explicado.
Por eso, ha invitado a los presentes “a tener siempre en alto la mirada sobre la sacralidad de toda persona humana, para que la ciencia este verdaderamente al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ciencia”.
Además, el Obispo de Roma ha subrayado que es importante reconocer el valor inestimable de la vida humana, ya que la vida es ante todo un don de Dios, que genera esperanza y futuro para el hombre y la sociedad.
“El grado de progreso de una civilización se mide por la capacidad de proteger la vida, sobre todo en sus fases más frágiles, más que por la difusión de instrumentos tecnológicos”, ha advertido.
“Cuando hablamos del hombre no nos olvidemos jamás de todos los atentados contra la sacralidad de la vida humana. Es un atentado contra la vida el flagelo del aborto. Es un atentado contra la vida dejar morir a nuestros hermanos en las barcazas en el Canal de Sicilia. Es un atentado contra la vida la muerte en los centros laborales porque no se respetan las condiciones mínimas de seguridad. Es un atentado contra la vida la muerte por desnutrición. Es un atentado contra la vida el terrorismo, la guerra, la violencia; también la eutanasia”, ha señalado.
Finalmente, el Santo Padre ha afirmado que “amar la vida es siempre tener cuidado del otro, quererlo bien, cultivar y respetar su dignidad trascendente”.
 31.05.15




El Papa en el Ángelus: 'El misterio de la Trinidad abraza nuestra vida'
Texto completo. Francisco invitó a elevar el tono, recordando para qué existimos, trabajamos, luchamos y sufrimos. Animó a los presentes a hacer el signo de la cruz y recordó el testimonio de amor de un nuevo beato
Ciudad del Vaticano, 31 de mayo de 2015 (ZENIT.org)
En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el papa Francisco rezó este domingo la oración del Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.
Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice les dijo:
"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡Buen domingo!
Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha revelado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio. Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a las gentes, les dijo que los bautizaran “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Este mandato, Cristo lo confía en todo tiempo a la Iglesia, que ha heredado de los Apóstoles el mandato misionero. Lo dirige también a cada uno de nosotros, que, gracias al Bautismo, formamos parte de su comunidad.
Por lo tanto, la solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo del cual provenimos y hacia el cual vamos, nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros, basados en el modelo de esa comunión de Dios. Estamos llamados a vivir no los unos sin los otros, encima o contra los otros, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros. Esto significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas, bajo la guía de los pastores. En una palabra, nos ha encomendado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y de evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios, que habita en nosotros.
La Trinidad, como mencionaba, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente 'trinitario': el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado. Y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos, por tanto, mantener siempre elevado el 'tono' de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.
Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos, y en voz alta, esta señal de la cruz ¡todos juntos! 'En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo'.
En este último día del mes de mayo, el mes mariano, nos encomendamos a la Virgen María. Ella, que más que cualquier otra criatura, ha conocido, adorado, amado el misterio de la Santísima Trinidad, nos guíe de la mano; nos ayude a percibir, en los eventos del mundo, los signos de la presencia de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo; nos obtenga amar al Señor Jesús con todo el corazón, para caminar hacia la visión de la Trinidad, meta maravillosa a la cual tiende nuestra vida. Le pedimos también que ayude a la Iglesia a ser, misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada.
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la tradicional oración mariana:
Angelus Domini nuntiavit Mariae...
Al concluir la plegaria, el Pontífice recordó que este domingo es proclamado beato el sacerdote Luis Eduardo Cestac:
"Hoy en Bayonne, Francia, es proclamado beato el sacerdote Luis Eduardo Cestac, fundador de las Religiosas Siervas de María; su testimonio de amor a Dios y al prójimo es para la Iglesia un nuevo aliciente para vivir con alegría el Evangelio de la caridad".
A continuación, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Santo Padre:
"Saludo a todos, queridos romanos y peregrinos: las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones, las escuelas. De manera particular, saludo a los fieles de La Valletta (Malta); Cáceres (España) y Michoacán (México); los procedentes de Caltanissetta, Soave, Como, Malonno y Persico Dosimo; el grupo de Bovino, con los “Caballeros de Valleverde”. Saludo a los chicos que han recibido o se preparan para recibir la Confirmación, animándoles a ser gozosos testigos de Jesús".
El Obispo de Roma se refirió también a una peregrinación mariana en Polonia:
"Al término del mes de mayo me uno espiritualmente a las muchas expresiones de devoción a María Santísima; de modo particular menciono la gran peregrinación de los hombres al Santuario de Piekary, en Polonia, que tiene como tema: “La familia: casa acogedora”.  
Hoy hay muchos polacos en la Plaza, ¿eh? ¡Muchos! ¡Déjense ver!
La Virgen ayude a toda familia a ser 'casa acogedora'".
Asimismo, invitó a participar en la tradicional procesión del Corpus Chisti, que se llevará a cabo el próximo jueves en Roma:  
"El próximo jueves, en Roma, viviremos la tradicional procesión del Corpus Christi. A las 19, en la Plaza de San Juan de Letrán, celebraré la Santa Misa, y entonces adoraremos al Santísimo Sacramento caminando hasta la Plaza de Santa María la Mayor. Les invito desde ahora a participar en este solemne acto público de fe y amor a Jesús Eucaristía, presente en medio de su pueblo".
Al despedirse, el Papa invitó a los fieles presentes a santiguarse:
"Antes de terminar, hacemos una vez más el signo de la cruz en voz alta, todos, 'en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo', recordando el misterio de la Santísima Trinidad".
Como de costumbre, Francisco concluyó su intervención diciendo: "Les deseo a todos un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!"
01.06.15




Sta. Marta: 'la Cruz es la victoria del amor de Dios por su pueblo'
En la homilía de este lunes, el Santo Padre habla de las veces que no reconocemos a Jesús en el 'fracaso' de la Cruz
Ciudad del Vaticano, 01 de junio de 2015 (ZENIT.org)
La victoria del amor de Dios por el hombre se manifiesta precisamente en el aparente “fracaso” de la Cruz de su Hijo. Demasiadas veces hemos dicho a Jesús “vete” al no reconocerle en un fracaso. El Papa ha comentado la parábola de los labradores asesinos del Evangelio del día, durante su homilía celebrada en Santa Marta.
La piedra descartada que se convierte en piedra angular. Un patíbulo escandaloso que parece el final de una historia llena de esperanza y sin embargo es el inicio de la salvación del mundo. Dios construye en la debilidad, pero si uno lee las páginas de la “historia de amor entre Dios y su pueblo parece ser una historia de fracasos”, ha observado el Papa.
Como sucede --ha precisado-- en la parábola de los labradores asesinos, que aparece como el “fracaso del sueño de Dios”. Tal y como ha explicado el Santo Padre, hay un hombre que construye una viña y están los labradores que matan a todos los que envía el señor. Pero es precisamente de esos muertos que todo toma vida. “Los profetas, los hombres de Dios que han hablado al pueblo, que no fueron escuchados, que fueron descartados, serán su gloria. El Hijo, el último enviado, que fue precisamente descartado por eso, juzgado, no escuchado y asesinado, se convirtió en piedra angular”, ha indicado Francisco. Asimismo ha subrayado que esta historia que comienza con un sueño de amor, y que parece ser una historia de amor, después parece terminar en una historia de fracasos, pero que termina con el gran don de Dios, que del descarte saca la salvación; de su Hijo descartado nos salva a todos”.
Por eso, el Papa ha observado que es aquí donde la lógica del fracaso “se cae”. Y Jesús lo recuerda a los jefes del pueblo, citando la Escritura: “La piedra que descartaron los constructores es ahora piedra angular. Esto lo ha hecho el Señor y es una maravilla a nuestros ojos”.
Así, Francisco ha observado que es bonito leer en la Biblia, también en los lamentos de Dios, el Padre que llora cuando su pueblo no sabe obedecer a Dios, porque se quieren convertir en dios.
“El camino de nuestra redención es un camino de muchos fracasos. También el último, el de la cruz, es un escándalo. Pero precisamente ahí vence el amor. Y esa historia que comienza con un sueño de amor y continúa con una historia de fracasos, termina en la victoria del amor: la cruz de Jesús. No debemos olvidar este camino, es un camino difícil”, ha explicado el Pontífice.
De este modo, Francisco ha asegurado que “si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces, cuántas veces ha expulsado a los profetas. Cuántas veces ha dicho a Jesús ‘vete’, cuántas veces ha querido salvarse a sí mismo, cuántas veces hemos pensado que nosotros éramos los justos”.
Finalmente, el Obispo de Roma en su homilía de este lunes, ha pedido no olvidar nunca que “el amor de Dios con su pueblo” se manifiesta en la muerte del Hijo en la cruz.
Nos hará bien --ha concluido-- hacer memoria de esta historia de amor que parece fracasada, pero al final vence. Es hacer memoria de la historia de nuestra vida, de esa semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros y cómo ha ido, y hacer lo mismo que ha hecho Jesús en nuestro nombre: se humilló.
02.06.15




El Papa viaja a Sarajevo 'como mensajero de paz'
Días antes de su llegada a Bosnia el 6 de junio, Francisco envía un vídeo-mensaje en el que pide oraciones para que este viaje apostólico pueda producir los frutos esperados por la comunidad cristiana y para toda la sociedad   
Ciudad del Vaticano, 02 de junio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco visita este sábado Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, en el que será su octavo viaje internacional, el undécimo país que visita, el tercero en Europa. Cuatro días antes de su llegada, Francisco ha querido hacer llegar un vídeo-mensaje a la población que le recibirá el próximo día 6 de junio.
“Voy a veros, con la ayuda de Dios, para confirmar en la fe a los fieles católicos, para apoyar el diálogo ecuménico e interreligioso, y sobre todo para animar la convivencia pacífica en vuestro país”, asegura el Pontífice.  Asimismo, les invita a unirse a sus oraciones, para que “este viaje apostólico pueda producir los frutos esperados por la comunidad cristiana y para toda la sociedad”.                 
Haciendo referencia al lema de la visita “La paz esté con vosotros”, el Papa recuerda que estas son las palabras con las que Jesús resucitado saludó a sus discípulos cuando apareció en medio de ellos en el Cenáculo, la noche de Pascua. “Es Él, el Señor, nuestras esperanza, que nos dona su paz, para que la acojamos en nuestro corazón y la difundamos con alegría y con amor”, afirma el Papa.                   
Francisco reconoce que por su parte se prepara para ir allí “como un hermano mensajero de paz, para expresar a todos, a todos, mi estima y mi amistad”. Y añade que quisiera anunciar a cada persona, a cada familia, a cada comunidad "la misericordia, la ternura y el amor de Dios".             
De este modo, el el Santo Padre asegura a los destinatarios del mensaje todo su afecto y su fuerte cercanía espiritual. A los católicos les anima a estar junto a sus conciudadanos como testigos de la fe y del amor de Dios, “trabajando para una sociedad que camine hacia la paz, en la convivencia y en la colaboración recíproca”.      
03.06.15




Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 3 de junio
El Santo Padre prosigue con la serie de catequesis sobre la familia. Los responsables de la vida pública tienen que trabajar por la unión social y combatir la espiral perversa entre familia y pobreza 
Ciudad del Vaticano, 03 de junio de 2015 (ZENIT.org)
"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En estos miércoles hemos reflexionado sobre la familia. Y vamos adelante con este tema. Reflexionar sobre la familia. Y desde hoy nuestras catequesis se abren con la reflexión de la consideración de las vulnerabilidades que tiene la familia, en las condiciones de vida que la ponen a prueba. La familia tiene muchos problemas que le ponen a prueba. Hoy comenzaremos por una.
Una de estas pruebas es la pobreza. Pensemos en tantas familias que pueblan las periferias de las megalópolis, también en las zonas rurales… ¡Cuánta miseria, cuánto degrado! Y además, para agravar la situación, en algunos lugares llega también la guerra. La guerra es siempre algo terrible. Además golpea especialmente a las poblaciones civiles, las familias. Realmente la guerra es la madre de todas las pobrezas, la guerra empobrece la familia.  Una gran depredadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos.
A pesar de todo esto, hay muchas familias pobres que con dignidad buscan conducir su vida cotidiana, a menudo confiando abiertamente en la bendición de Dios. Esta lección, sin embargo, no debe justificar nuestra indiferencia, ¡sino aumentar nuestra vergüenza! que haya tanta pobreza.  Es casi un milagro que, también en la pobreza, la familia continúa formándose, e incluso que hasta conserve --como puede-- la humanidad especial de sus uniones. El hecho irrita a esos planificadores del bienestar que consideran los afectos, la generación, las uniones familiares, como una variable secundaria de la calidad de vida. No entienden nada. Sin embargo, tendremos que arrodillarnos delante de estas familias, que son una verdadera escuela de humanidad que salva las sociedades de la barbarie.
¿Qué queda, entonces, si cedemos al chantaje de César y Mammón, de la violencia y del dinero, y renunciamos también a los afectos familiares? Una nueva ética civil llegará solamente cuando los responsables de la vida pública reorganicen la unión social a partir de la lucha a la espiral perversa entre familia y pobreza, que nos lleva al abismo.
La economía actual a menudo se ha especializado en el goce del bienestar individual, pero practica ampliamente la explotación de las uniones familiares. ¡Esta es una contradicción grave! ¡El inmenso trabajo de la familia no aparece en los balances, naturalmente! De hecho, la economía y la política son avaras en el reconocer esto. Además, la formación interior de la persona y la circulación social de los afectos tienen precisamente allí su pilar. Si lo quitas, se cae todo.
No es solo cuestión de pan. Hablamos de trabajo, instrucción, sanidad. Es importante entender esto. Nos conmueve siempre cuando vemos las imágenes de niños desnutridos y enfermos que se nos muestran en tantas partes del mundo. Al mismo tiempo, nos conmueve también mucho la mirada brillante de muchos niños, privados de todos, que están en escuelas hechas de nada, cuando muestran con orgullo su lápiz y su cuaderno. ¡Y cómo miran con amor a su maestro o su maestra! ¡Realmente los niños saben que el hombre no vive solo de pan! También el afecto familiar está. Cuando hay miseria sufren los niños porque ellos quieren el amor, la unión familiar.
Nosotros los cristianos tenemos que estar cada vez más cerca de las familias que están a prueba por la pobreza. Pesemos todos si conocemos a alguno. Papá sin trabajo, mamá sin trabajo. La familia sufre. Las uniones se debilitan. Es feo esto. De hecho, la miseria social golpea la familia y a veces la destroza. La falta o la pérdida de trabajo, o su fuerte precariedad, inciden pesadamente sobre la vida familiar, poniendo a dura prueba las relaciones. Las condiciones de vida de los barrios más desfavorecidos, con problemas de vivienda y de transporte, como también la reducción de los servicios sociales, sanitarios, escolares, causan más dificultades. A estos factores materiales se añade el daño causado a la familia por los pseudo-modelos, difundidos por los medios de comunicación basados en el consumismo y el culto del aparentar, que afectan a las clases sociales más pobres e incrementan la desintegración de las uniones familiares. Cuidar las familias, cuidar el afecto, pero la miseria pone a prueba a la familia.
La Iglesia es madre, y no debe olvidar este drama de sus hijos. También ella debe ser pobre, para hacerse fecunda y responder a tanta miseria. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica une sencillez voluntaria en la propia vida --en sus instituciones, en el estilo de vida de sus miembros-- para abatir cada muro de separación, sobre todo de los pobres. Es necesaria la oración y la acción. Recemos intensamente al Señor, que nos sacuda, para hacer a nuestras familias cristianas protagonistas de esta revolución de la proximidad familiar, que ahora es tan necesaria. De esta proximidad familiar, desde el principio, está hecha la Iglesia. Y no olvidemos que nuestro juicio sobre los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa al juicio de Dios. No olvidemos esto.
Y hagamos todo, todo lo que podamos para ayudar a las familias a ir adelante en la prueba de la pobreza y la miseria, que golpean los afectos y las uniones familiares.
Yo quisiera leer otra vez el texto de la Biblia que hemos escuchado al principio. Y que cada uno de nosotros piense en las familias que pasan por la prueba, que son probados por la miseria y la pobreza. La Biblia dice así: “Hijo mío, no prives al pobre de su sustento ni hagas languidecer los ojos del indigente” Pero pensemos cada palabra. “No hagas sufrir al que tiene hambre ni irrites al que está en la miseria. No exasperes más aún al que está irritado ni hagas esperar tu don al que lo necesita. No rechaces la súplica del afligido ni apartes tu rostro del pobre. No apartes tus ojos del indigente ni des lugar a que alguien te maldiga”. Porque esto será lo que haga el Señor, lo dice el Evangelio, si no hacemos estas cosas.
Gracias".
04.06.15



El Papa anima a los fieles de Lima a ‘seguir haciendo lío’
Se lo dijo al cardenal Cipriani cuando le mostró las fotografías de la Marcha por la Vida y del encuentro de Pentecostés


Vatican City, 04 de junio de 2015 |
El santo padre Francisco ha animado a los fieles de Lima a “seguir haciendo lío”, tras ver las fotografías de la multitudinaria la Marcha por la Vida – Lima 2015 y del encuentro por Pentecostés, ambos eventos  realizados en la arquidiócesis de Lima. Así se lo dijo el Papa al cardenal Juan Luis Cipriani, tras la  audiencia del miércoles 3 de junio, donde tuvieron ocasión de saludarse.
Durante el encuentro, el arzobispo Primado del Perú le mostró al papa Francisco algunas fotografías de la Marcha por la Vida – Lima 2015 del pasado mes de marzo que “convocó a más de medio millón de personas” y del encuentro de Pentecostés en mayo que “congregó a más de 4 mil fieles en el parque de la Exposición de Lima”.  Los dos eventos fueron realizados en el marco del XX Sínodo Arquidiocesano Limense.
Tal y como anuncia el comunicado de la arquidiócesis, “al ver la respuesta multitudinaria que hay en la Iglesia de Lima, el Santo Padre se alegró mucho y animó a todos los fieles a seguir haciendo lío”. El cardenal Cipriani, se encuentra en Roma participando en las reuniones del Comité de Economía de la Santa Sede.

05.06.15
 



Francisco: 'La actividad misionera es el máximo desafío para la Iglesia'
En su discurso a la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias advierte que el dinero es de ayuda pero puede convertirse también en la ruina de la misión
Ciudad del Vaticano, 05 de junio de 2015 (ZENIT.org)
“El anuncio del Evangelio es la primera y constante preocupación de la Iglesia, es su compromiso esencial, su mayor desafío y la fuente de su renovación”, ha asegurado el papa Francisco en la audiencia con  los participantes de la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias (OMP). Así, el Santo Padre ha recordado que “la humanidad necesita mucho el Evangelio, fuente de alegría, de esperanza y de paz. Tiene prioridad la misión evangelizadora, porque la actividad misionera es aún hoy el máximo desafío para la Iglesia”.
De hecho, de la misión evangelizadora, de su intensidad y eficacia deriva también la verdadera renovación de la Iglesia, de sus estructuras y de su actividad pastoral, ha observado el Pontífice. Además, ha advertido que sin la inquietud y la ansiedad de la evangelización, no es posible desarrollar una pastoral creíble y eficaz, que una anuncio y promoción humana.
Francisco ha recordado a los presentes que les corresponde una tarea difícil y privilegiada: “vuestra mirada y vuestro interés se extienden a los horizontes amplios y universales de la humanidad, a sus fronteras geográficas y sobre todo humanas”.
A propósito ha recordado que “en esas periferias humanas la Iglesia está llamada a salir por las calles y a ir al encuentro de tantos hermanos y hermanas nuestros que viven sin la fuerza, la luz y la consolación de Jesucristo, sin una comunidad de fe que les acoja, sin un horizonte de sentido y de vida”.               
Igualmente, el Papa ha querido recordar que la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias son “protagonistas de una renovada evangelización, dirigida a todos y en particular a los pobres, los últimos y los marginados”.  Las OMP, “están atentas y son sensibles a las necesidades de los territorios de misión y, en particular a los grupos humanos más pobres”, ha explicado el Santo Padre. Y ha añadido que “son instrumentos de comunión entre las Iglesias, favoreciendo y realizando un compartir de personas y de recursos económicos”. Están comprometidos --ha asegurado-- a apoyar seminaristas, presbíteros y religiosos de las jóvenes Iglesias de los territorios de misión en los Colegios Pontificios.
Frente a esta tarea bonita e importante, “la fe y el amor de Cristo tienen la capacidad de impulsarnos a cualquier lugar para anunciar el Evangelio del amor, de la fraternidad y de la justicia”, ha observado. Así, ha asegurado que esto se hace “con la oración, con la valentía evangélica y con el testimonio de las bienaventuranzas”.
Por otro lado, el Papa ha exhortado a los presentes a no caer en la tentación de convertirse en una ONG, una oficina de distribución de subsidios. De este modo ha recordado que el dinero es de ayuda pero puede convertirse también en la ruina de la misión. El funcionalismo --ha advertido-- cuando se pone al centro o ocupa mucho lugar, casi como si fuera la cosa más importante, nos llevará a la ruina. Así, ha indicado que la primera forma de morir es la de dar por descontadas las “fuentes”, es decir quién mueve la misión. Por eso les ha pedido que con tantos planes y programas no expulsen a Jesucristo de la Obra Misionera.
Finalmente, el Santo Padre ha asegurado que “no es posible una verdadera evangelización si no es en la energía santificadora del Espíritu Santo”.

06.06.15




Discurso del Papa a los miembros de la presidencia en Sarajevo
10.10 - Sarajevo: El Santo Padre habla de Bosnia como un país que ha pasado de una cultura del enfrentamiento, de la guerra, a hacer una cultura del encuentro
Ciudad del Vaticano, 06 de junio de 2015 (ZENIT.org)
Señores Miembros de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina Señor Presidente de turno
Miembros del Cuerpo Diplomático
Queridos hermanos y hermanas
Agradezco de corazón a los miembros de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina por su amable acogida, y de modo particular al Señor Presidente de turno Mladen Ivanić por el cordial saludo que, en nombre de todos, me ha dirigido. Es para mí un motivo de alegría encontrarme en esta ciudad, que ha sufrido tanto a causa de los sangrientos conflictos del siglo pasado, y vuelve a ser un lugar de diálogo y de convivencia pacífica. Ha pasado de una cultura del enfrentamiento, de la guerra a hacer una cultura del encuentro.
Sarajevo, así como Bosnia y Herzegovina, tienen un significado especial para Europa y el mundo entero. En estos territorios hay comunidades que, desde hace siglos, profesan religiones diferentes y pertenecen a etnias y culturas distintas, cada una con sus características peculiares y orgullosa de sus tradiciones específicas, lo que no ha sido obstáculo para que durante mucho tiempo hayan tenido relaciones de mutua amistad y cordialidad.
 Incluso en la misma estructura arquitectónica de Sarajevo se encuentran huellas visibles y permanentes de esas relaciones, ya que en su tejido urbano, a poca distancia unas de otras, surgen sinagogas, iglesias y mezquitas, de tal modo que la ciudad recibió el nombre de la “Jerusalén de Europa”. Representa en efecto una encrucijada de culturas, naciones y religiones; y ese papel requiere que se construyan siempre nuevos puentes, que se sane y restaure los ya existentes, de modo que se asegure una comunicación fluida, segura y civil.
Tenemos necesidad de comunicarnos, de descubrir las riquezas de cada uno, de valorar lo que nos une y ver las diferencias como oportunidades de crecimiento en el respeto de todos. Se necesita un diálogo paciente y confiado, para que las personas, las familias y las comunidades puedan transmitir los valores de su propia cultura y acoger lo que hay de bueno en la experiencia de los demás.
Así, es posible también curar las graves heridas del pasado reciente, y mirar hacia el futuro con esperanza, enfrentándose con el corazón libre de temores y rencores a los problemas cotidianos que toda comunidad civilizada ha de afrontar. He venido como peregrinos de paz y de diálogo.
Dieciocho años después de la visita histórica de san Juan Pablo II, que tuvo lugar casi dos años después de la firma de los Acuerdos de Paz de Dayton, me complace ver los progresos realizados, que debemos agradecer al Señor y a tantas personas de buena voluntad. Sin embargo, es importante no contentarse con lo ya logrado, sino procurar que se adopten nuevas medidas para fortalecer la confianza y crear oportunidades para que aumente la comprensión y el respeto mutuos. Para facilitar este proceso se necesita la cercanía y colaboración de la Comunidad internacional, en particular de la Unión Europea, y de todos los países y organizaciones presentes y activas en el territorio de Bosnia y Herzegovina.
Bosnia y Herzegovina forma parte de Europa; sus logros y sus dramas se insertan de lleno en la historia de los éxitos y dramas de Europa, y al mismo tiempo son un serio llamamiento a hacer todo lo posible para que el proceso de paz comenzado sea cada vez más sólido e irreversible.
En esta tierra, la paz y la concordia entre croatas, serbios y bosnios, así como las iniciativas encaminadas a su fortalecimiento, las relaciones cordiales y fraternas entre musulmanes, judíos y cristianos, tienen una importancia que va más allá de sus fronteras. Testimonian ante el mundo que la colaboración entre los diversos grupos étnicos y religiones para el bien común es posible, que se puede dar una pluralidad de culturas y tradiciones que contribuyan a encontrar soluciones originales y eficaces a los problemas, que incluso las heridas más profundas pueden ser curadas a través de un proceso que purifique la memoria y dé esperanza para el futuro. He visto hoy esa esperanza en esos niños que he saludado en el aeropuerto. Musulmanes, ortodoxos, judíos, católicos, y otras minorías. Todos juntos, felices, esa es la esperanza. Apostemos en eso.
Para oponernos con éxito a la barbarie de los que toman ocasión y pretexto de cualquier diferencia para una violencia cada vez más brutal, tenemos que reconocer los valores fundamentales de nuestra humanidad común, los valores en virtud de los cuales podemos y debemos colaborar, construir y dialogar, perdonar y crecer, permitiendo que el conjunto de las voces forme un noble y armónico canto, en vez del griterío fanático del odio.
Los responsables políticos están llamados a la noble tarea de ser los primeros servidores de sus comunidades con una actividad que proteja en primer lugar los derechos fundamentales de la persona humana, entre los que destaca el de la libertad religiosa. De ese modo, será posible construir, con un compromiso concreto, una sociedad más pacífica y justa, para que con la ayuda de todos se encuentre solución a los múltiples problemas de la vida cotidiana del pueblo.
Para ello, es indispensable que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley y su aplicación, independientemente de su origen étnico, religioso y geográfico: así todos y cada uno se sentirán plenamente participes de la vida pública y, disfrutando de los mismos derechos, podrán dar su contribución específica al bien común.
Excelentísimos señores y señoras:
La Iglesia católica, a través de la oración y la acción de sus fieles y de sus instituciones, participa en el trabajo de reconstrucción material y moral de Bosnia y Herzegovina, compartiendo sus alegrías y preocupaciones, deseosa de manifestar con decisión su cercanía especial con los pobres y necesitados, inspirada por la enseñanza y el ejemplo de su divino Maestro, Jesús.
La Santa Sede se alegra por todo el camino recorrido en estos años y asegura su compromiso de seguir promoviendo la cooperación, el diálogo y la solidaridad, a sabiendas de que, en una convivencia civil y ordenada, la paz y la escucha mutua son condiciones indispensables para un desarrollo auténtico y permanente. Espera fervientemente que, con la ayuda de todos y después de que las nubes oscuras de la tormenta han desaparecido finalmente, Bosnia y Herzegovina pueda proceder en el camino emprendido, para que después del frío invierno florezca la primavera. Y se ve florecer la primavera.
Con estos sentimientos, imploro del Altísimo paz y prosperidad para Sarajevo y para toda Bosnia y Herzegovina.
 07.06.15




Francisco: 'Un alma que no camina haciendo el bien termina en la miseria espiritual'
El Santo Padre ha animado a la peregrinación que partió hacia el santuario de Loreto, a caminar en la vida haciendo el bien, sin miedo a caer o equivocarse, confiando en la misercordia de Jesús 
Ciudad del Vaticano, 07 de junio de 2015 (ZENIT.org)
“La peregrinación es un símbolo de la vida, nos hace pensar que la vida es caminar, es un camino. Si una persona no camina y se queda parada, no sirve, no hace nada”. Se lo ha dicho el papa Francisco a las 100 mil personas que la noche de este sábado 6 de junio, recorrieron los 27 kilómetros que separan las localidades italianas de Macerata y Loreto, con ocasión de la 37ª edición de la tradicional peregrinación hacia la Santa Casa de María.
Antes de comenzar la caminata llegó la llamada del Santo Padre en la que les recordó que “un alma que no camina en la vida haciendo el bien, haciendo tantas cosas que se deben hacer para la sociedad, para ayudar a los otros y también que no camina por la vida buscando a Dios y al Espíritu Santo que te mueve por dentro, es un alma que termina en la mediocridad y en la miseria espiritual”. Por eso, el Papa exclamó: “¡no os paréis en la vida!”
Por otro lado, Francisco reconoció que puede suceder que en el camino de la vida nos caemos, nos equivocamos, “pero si tú has cometido un error, levántate enseguida y continúa caminando”. Caminar --prosiguió-- con la alegría y también caminar cuando el corazón está triste, pero siempre caminar. Asimismo, el Pontífice aseguró que si necesitas parar, “que sea para descansar un poco y retomar el aliento para ir adelante después".
También recordó que existe el peligro de equivocarse de camino. “Quien camina se puede equivocar de ruta” advirtió. Pero si esto sucede, “vuelve, porque está la misericordia de Jesús”. A propósito, el Santo Padre indicó que “la misericordia de Jesús perdona todo, siempre te espera, siempre te ama mucho”.
Para finalizar, el papa Francisco invitó a los peregrinos a reflexionar durante el recorrido: “¿qué debo hacer con mi vida? ¿Qué me dice Jesús que debo hacer de mi vida? ¿Qué piensa el Señor para mí? ¿Hay alegría en mi corazón, por cantar mientras camino?” Y concluyó: “si no hay alegría, búscala. El Señor te la dará, te la dará con su misericordia”.
08.06.15




El Papa: 'Protejan el sacramento del matrimonio, es un tesoro'
En el discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, el Papa reflexiona sobre la importancia de la pastoral familiar y la fraternidad entre los obispos
Ciudad del Vaticano, 08 de junio de 2015 (ZENIT.org)
Ante la magnitud y la desproporción de los problemas, el Obispo necesita recurrir no sólo a la oración, sino también a la amistad y a la ayuda fraterna de sus hermanos en el episcopado. Lo ha recordado el santo padre Francisco en su discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, que se encuentran en Roma por la Visita Ad Limina. Por esto, el Papa les ha pedido que “no gasten energías en divisiones y enfrentamientos, sino en construir y colaborar”.  Francisco ha insistido en su discurso en la necesidad de consolidar cada vez más la pastoral familiar. Por eso ha advertido sobre los graves problemas sociales que la aquejan: la difícil situación económica, la emigración, la violencia doméstica, la desocupación, el narcotráfico, la corrupción. Y así, el Santo Padre ha llamado la atención sobre el valor y la belleza del matrimonio. “La complementariedad del hombre y la mujer, vértice de la creación divina, está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa”, ha subrayado.  Las diferencias entre hombre y mujer --ha agregado-- no son para la contraposición o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a «imagen y semejanza» de Dios.
Al respecto, el Pontífice ha querido recordar que “el sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia”. Por eso les ha pedido que “cuiden este tesoro, uno de los más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños”.                     
 Tal y como ha recordado el Papa a los presentes “en ese bello archipiélago caribeño se fundó una de las tres primeras diócesis que se establecieron en el continente americano”. Desde entonces, ha recordado, su historia eclesiástica está “entretejida por la fidelidad y la tenacidad de tantos pastores, religiosos, misioneros y laicos que, respondiendo a los tiempos y lugares, han sabido comunicar la alegría del anuncio de Cristo Salvador, en cuyo nombre se han creado tantas iniciativas en favor del bien común, en el campo litúrgico, social y educativo, que han marcado profundamente la vida pública y privada del pueblo puertorriqueño”.
El Santo Padre ha indicado a los obispos que “están llamados a continuar escribiendo esa obra de Dios en sus Iglesias locales, animados por un espíritu de comunión eclesial, procurando que la fe crezca y la luz de la verdad brille también en nuestros días”.
Por otro lado, ha subrayado que “la confianza mutua y la comunicación sincera entre ustedes permitirá al clero y a los fieles ver la auténtica unidad querida por Cristo”.
El Papa ha exhortado a los prelados puertoriqueños a saber “tomar distancia de toda ideologización o tendencia política que les puede hacer perder tiempo y el verdadero ardor por el Reino de Dios”.
Asimismo, ha recordado que “el Obispo es modelo para sus sacerdotes y los anima a buscar siempre la renovación espiritual y a redescubrir la alegría de apacentar su grey dentro de la gran familia de la Iglesia”. Por eso, el papa Francisco ha pedido a los prelados “una actitud acogedora con ellos; que se sientan escuchados y guiados para que puedan crecer en comunión, santidad y sabiduría, y lleven a todos los misterios de la salvación”.
Haciendo referencia al próximo Jubileo de la Misericordia, les ha pedido que recuerden, tanto ellos como los sacerdotes, “el servicio de ser fieles servidores del perdón de Dios, sobre todo en el sacramento de la Reconciliación, que permite experimentar en carne propia el amor de Dios y ofrecer a cada penitente la fuente de la verdadera paz interior”.
A propósito, el Obispo de Roma ha indicado que “para tener buenos pastores, es necesario cuidar la pastoral vocacional, de manera que haya un número adecuado de vocaciones, y que especialmente los seminarios ofrezcan la debida formación a los candidatos”. El seminario es la parcela --ha añadido-- que más solicitud pide al Obispo Pastor.
A continuación ha pedido “facilitar a los fieles la vida sacramental y ofrecerles una adecuada formación permanente hace posible que también éstos puedan cumplir su propia misión”. Los fieles, “están llamados a colaborar generosamente para que se anuncie la Buena Nueva en todos los ambientes, incluso en los más hostiles y alejados de la Iglesia.” De este modo, el Papa ha deseado de corazón que el ejemplo de laicos como el beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago o el venerable maestro Rafael Cordero y Molina, “siga avanzando por el camino de una gozosa adhesión al Evangelio, profundizando en la Doctrina Social de la Iglesia y participando lúcida y serenamente en los debates públicos que atañen a la sociedad en la que viven”.
09.06.15
                  


Santa Marta: Espíritu Santo garantiza nuestra identidad
El papa Francisco nos invita a reforzar la identidad cristiana a lo largo de la vida, para dar testimonio. Y a protejerla de transformarla en una linda idea, de vivir de los mensajes de último momento, y del mundanismo que relativiza
Ciudad del Vaticano, 09 de junio de 2015 (ZENIT.org)
El papa Francisco en la homilía de este martes, durante la misa cotidiana que ha celebrado en la residencia Santa Marta invitó a proteger la identidad cristiana, permitiendo que el Espíritu Santo nos lleve adelante en la vida. Y puso en guardia del querer transformar el cristianismo en una 'linda idea', del vivir de las novedades y mensajes de último momento, y del riesgo del mundanismo espiritual.
Recordando las palabras de san Pablo a los Corintios, indicó que “para llegar a esta identidad cristiana” Dios “nos ha hecho hacer un largo camino en la historia” hasta el momento que envió a su Hijo. Así también nosotros, indicó, “tenemos que  hacer en la vida un largo camino para que esta identidad sea fuerte”, al punto de “poder dar testimonio”. O sea un camino que va de la ambigüedad a la identidad”.
"Es verdad que está el pecado -prosiguió el Santo Padre- y si nos hace caer tenemos la fuerza del Señor para levantarnos y proseguir con nuestra identidad". Es fundamental, dijo “ser fiel en esta identidad cristiana y dejar que el Espíritu Santo, que es la garantía, el regalo en nuestro corazón, nos lleve adelante en la vida”. Porque no somos personas que van atrás de una filosofía, sino que “estamos unidos y tenemos la garantía del Espíritu Santo”.
Y porque somos pecadores la identidad cristiana “es tentada y las tentaciones vienen siempre” y “la identidad cristiana se puede debilitar”. Iniciando por pasar del testimonio a las ideas, “aguar el testimonio” y hacer del cristianismo una linda idea.
En cambio la identidad cristiana es concreta. Lo leemos en las bienaventuranzas. Si no, pasamos a una religión un poco soft, en el sendero de los agnósticos. Sin olvidar que “la cruz es un escándalo”, y por lo tanto no se puede buscar a Dios “con una espiritualidad un poco etérea”.
Están también “aquellos que siempre tienen necesidad de una novedad en la identidad cristiana” y se han “olvidado que han sido elegidos unidos”, que “tienen la garantía del Espíritu” y buscan. Por ejemplo, “¿dónde están los videntes que nos dirán hoy la carta que la Virgen nos mandará a las 16 horas?”. Y viven de esto.
Otro camino para retroceder en la identidad cristiana, añadió, es el mundanismo. Ampliar tanto la conciencia que allí entra todo. Y la sal pierde el sabor. “Y vemos a comunidades cristianas, también cristianas, que se dicen cristianas, pero no pueden y no saben dar testimonio de Jesucristo”.
“En la historia de la salvación, Dios con su paciencia de Padre, nos ha llevado de la ambigüedad a las certezas, a lo concreto que fue la Encarnación y la muerte redentora de su Hijo. Esta es nuestra identidad”.
San Pablo, añadió el Papa, se afirma en Jesús “hecho hombre y muerto por obediencia”. “Esta es la identidad y allí está el testimonio”. Es una gracia, concluyó, “que debemos pedir al Señor: que siempre nos dé este regalo, este don de una identidad que no intenta adaptarse a las cosas” hasta “perder el sabor de la sal”.
10.06.15



Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 10 de junio
Francisco prosigue con la serie de catequesis sobre la familia. Señala que es importante educar a los hijos desde pequeños para que sean sensibles y solidarios ante la enfermedad
Ciudad del Vaticano, 10 de junio de 2015 (ZENIT.org)
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Seguimos con la catequesis sobre la familia. En esta catequesis me gustaría tocar un aspecto muy común en la vida de nuestras familias, el de la enfermedad. Es una experiencia de nuestra fragilidad, que vivimos principalmente en la familia, desde niños, y luego sobre todo siendo ancianos. Cuando llegan los achaques.
En el ámbito de los lazos familiares, la enfermedad de las personas que amamos es padecida con un “plus” de sufrimiento y angustia. Es el amor el que nos hace sentir este “plus”. Para un padre y una madre, muchas veces es más difícil de soportar el dolor de un hijo, una hija, que el suyo propio. La familia, podemos decir, siempre ha sido el “hospital” más cercano. Todavía hoy, en muchas partes del mundo, el hospital es un privilegio para unos pocos, y con frecuencia está lejos. Son la madre, el padre, los hermanos, las hermanas, las abuelas, los que garantizan el cuidado y ayudan a sanar.
En los Evangelios, muchas páginas hablan de los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por sanarlos. Se presenta públicamente como un luchador contra la enfermedad y que ha venido para sanar al hombre de todo mal. El mal del espíritu y el mal del cuerpo.
Es realmente conmovedora la escena evangélica apenas mencionada en el Evangelio de Marcos. Dice así: “Cuando llegó la noche, después de la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados”. Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca se ha desentendido de su cuidado. Nunca ha pasado de largo, nunca ha vuelto la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso simplemente gente amiga le llevaban delante de un enfermo, para que lo tocase y lo sanase, no ponía tiempo de por medio; la curación estaba antes que la ley, incluso de aquella tan sagrada como el descanso del sábado. Los doctores de la ley reprendían a Jesús, porque curaba en sábado. Hacía el bien el sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien. Y eso está en el primer lugar siempre.
Jesús envía a sus discípulos a hacer su misma obra y les da el poder de curar, ósea para acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el final. Debemos tener bien en cuenta lo que dijo a los discípulos en el episodio del ciego de nacimiento. Los discípulos --¡con el ciego delante!-- Discutían sobre quién había pecado (¿por qué había nacido ciego?), él o sus padres, para causar su ceguera. El Señor dijo claramente: ni él, ni sus padres; es así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Y lo sanó. ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en chismorreos. Ayudar siempre, consolar, levantar, estar cerca de los enfermos. Y esa es la tarea.
La Iglesia nos invita a orar continuamente por nuestros seres queridos afectados por el mal. La oración por los enfermos nunca debe faltar. Mejor dicho debemos orar más, tanto a nivel personal y en comunidad. Pensemos al episodio evangélico de la mujer cananea. Es una mujer pagana, no era del pueblo de Israel, era una pagana, que suplica a Jesús que sane a su hija. Jesús, para probar su fe, en primer lugar responde con dureza: “No puedo, debo pensar antes a las ovejas de Israel”. La mujer no retrocede --una madre, cuando pide ayuda para su criatura, ¡nunca se rinde! Todos lo sabemos esto, ¿eh? Las madres luchan por los hijos, ¿eh?-- y Jesús responde a esta mujer: “También a los perritos, cuando los dueños se han alimentado, se les da algo”. Como diciendo: 'pero por lo menos mírame como una perrita'. Y Jesús le dice: “Mujer, ¡grande es tu fe! Que se haga como deseas”.
Frente a la enfermedad, también surgen dificultades en la familia, a causa de la debilidad humana. Pero, en general, el tiempo de la enfermedad refuerza los lazos familiares. Y pienso en lo importante que es educar a los hijos desde pequeños en la solidaridad en el tiempo de la enfermedad. Una educación que deja de lado la sensibilidad por la enfermedad humana, endurece el corazón. Y hace que los chicos estén “anestesiados” ante el sufrimiento de los demás, incapaces de confrontarse con el sufrimiento y de vivir la experiencia del límite.
Pero cuántas veces vemos llegar al trabajo, y todos lo hemos visto, un hombre, una mujer, con la cara cansada, con la actitud cansada. 'Pero, ¿qué pasa?' 'He dormido solo dos horas, porque en casa nos turnamos', para estar cerca del niño, la niña, enfermo, del abuelo, de la abuela. Y la jornada continúa con el trabajo. Pero estas cosas son heroicas. ¡Son las heroicidades de las familias! Esas heroicidades escondidas, que se hacen cuando uno está enfermo, cuando el padre, la madre, el hijo, la hija están enfermos. Y se hacen con ternura y valentía.
La debilidad y el sufrimiento de nuestros afectos más queridos y más sagrados, pueden ser, para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida, --educar a los hijos y los nietos a entender esta cercanía en la enfermedad en la familia-- y se convierten cuando los momentos de enfermedad están acompañados por la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares. La comunidad cristiana sabe bien que la familia, en la prueba de la enfermedad, no debe ser dejada sola. Y debemos agradecer al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y sufrimiento. Esta proximidad cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para la parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace entender el Reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios. ¡Gracias!
11.06.15
























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