1 de febr. 2019

PAPA- FEBRER


Santa Marta: “Con los ojos del hombre y con los ojos de Dios”

Fiesta de San Juan Bosco

(31 enero 2019).- “Don Bosco tuvo el coraje de mirar la realidad con los ojos del hombre y con los ojos de Dios. Que todos los sacerdotes lo imiten: mirando la realidad con los ojos del hombre y con los ojos de Dios”: este es el tweet que ha publicado hoy el Papa Francisco, 31 de enero de 2019, tomado de su meditación en la misa de la mañana, en la capilla de Santa Marta.
En su homilía –reportada por Vatican News– el Papa Francisco se refirió a la figura de la madre de Don Bosco, una mujer sencilla “que no había estudiado en la facultad de teología”, y que le dijo en el momento de su ordenación: “De ahora en adelante, vas a sufrir”. El sacerdote sufre –ha explicado el Papa– no porque “haga el faquir” sino porque mira la realidad con los ojos de los hombres y de Dios.
Al ver a los jóvenes abandonados en las calles –ha enfatizado el Papa– Don Bosco “se movió como hombre y comenzó a pensar en maneras de hacer crecer a los jóvenes… caminos humanos. Y luego tuvo el coraje de mirar con los ojos de Dios… con un amor paternal, y al mirar a Dios con los ojos del mendigo que piden luz, comenzó a avanzar”.
El sacerdote debe tener “estas dos polaridades”, insistió el Papa Francisco: “mirar la realidad con los ojos del hombre y con los ojos de Dios”, y para eso debe pasar “mucho tiempo antes del tabernáculo”.
Don Bosco, continuó, “no llegó solo con el catecismo y el crucifijo, diciendo ‘hazlo’. Los jóvenes le habrían dicho: ‘Buenas noches, hasta mañana’. No, no: se les acercó con su vivacidad. Les hizo jugar,  caminó con ellos, escuchó con ellos, vio con ellos, lloró con ellos y los llevó más lejos”.
El sacerdote debe mirar a “personas humanamente” y estar “siempre sin caminos”. Y el Papa debe advertir nuevamente: el sacerdote no es un funcionario que recibe “de 15 a 17:30 horas”: “Tenemos tantos buenos funcionarios, que hacen su trabajo … pero el sacerdote no puede ser. El sacerdote levanta la vista para “entender que son (sus) hijos, (sus) hermanos” y él “tiene el coraje de ir a pelear allí: el sacerdote es alguien que lucha con Dios”.
01.02.19



Santa Marta: Perseverar en la fe en los momentos de desolación

El Papa aconseja la memoria y la esperanza

(1 feb. 2019).- “La vida cristiana no es un carnaval, no es una fiesta y alegría continua –recuerda el Papa– la vida cristiana tiene momentos hermosos y momentos feos, momentos de tibieza, de desapego, como he dicho, donde todo no tiene sentido… el momento de la desolación”.
En la capilla de la Casa Santa Marta, el Pontífice ha celebrado la Santa Misa y ha comentado la Primera Lectura del día (Heb 10,32-39), “una catequesis sobre la perseverancia: perseverar en el camino de la fe, perseverar en el servicio del Señor”, ha señalado.
En este momento –ha descrito el Santo Padre– “tanto por las persecuciones internas como por el estado interior del alma”, el autor de la Carta a los Hebreos dice: “Sólo se necesita constancia. Sí. Pero la constancia, ¿por qué? “Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa. Constancia para alcanzar la promesa”.
Todos pasamos por fases de “desolación”, ha señalado Francisco, “momentos oscuros” en los que las cosas parecen perder sentido, pero es entonces cuando los cristianos deben “perseverar” para “alcanzar la promesa” del Señor, sin “dejarse caer” o “retroceder”.
Memoria y esperanza
El Papa ha indicado “la memoria y la esperanza” como dos grandes referentes para combatir la desolación.
Resistir en los malos tiempos –ha continuado– pero una resistencia de memoria y esperanza, una resistencia con el corazón: el corazón, cuando piensa en los buenos tiempos, respira, cuando mira a la esperanza, también puede respirar. Eso es lo que debemos hacer en tiempos de desolación, para encontrar el primer consuelo y la primera consolación prometida por el Señor”.
Mártires de Lituania
Finalmente, el Papa Francisco recuerda su viaje apostólico a Lituania, en septiembre de 2018, y cómo le impresionó el coraje de tantos cristianos, de tantos mártires que han “perseverado en la fe”.

Aún hoy, muchos, muchos hombres y mujeres están sufriendo por la fe pero recuerdan el primer encuentro con Jesús, tienen esperanza y siguen adelante. Éste es un consejo que el autor de la Carta a los Hebreos da para los momentos también de persecución, cuando los cristianos son perseguidos, atacados: tengan perseverancia”
02.02.19




Francisco en Abu Dhabi: “Invertir en cultura ayuda a que disminuya el odio”


Discurso del Papa en el ‘Founder’s Memorial’

Esta tarde, a las 17.45 hora local (14.45 horas en Roma), el Santo Padre Francisco, junto con el Gran Imán, se trasladó al Founder’s Memorial para el Encuentro Interreligioso.
A su llegada, el Papa y el Gran Imán fueron recibidos por el príncipe heredero Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan y subieron al podio juntos.
Discurso del Santo Padre
Al Salamò Alaikum! La paz esté con vosotros.
Agradezco sinceramente a Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan y al Dr. Ahmad Al-Tayyib, Gran Imán de Al-Azhar, por sus palabras. Doy las gracias al Consejo de los Ancianos por el encuentro que acabamos de tener en la Mezquita Sheikh Zayed.
Saludo cordialmente a las autoridades civiles y religiosas y al cuerpo diplomático. Permítanme además un sincero agradecimiento por la cálida bienvenida que nos han dispensado a mí y a mi delegación.
También doy las gracias a todas las personas que contribuyeron a hacer posible este viaje y que han trabajado en este evento con dedicación, entusiasmo y profesionalismo: a los organizadores, al personal de Protocolo, al de Seguridad y a todos aquellos que “entre bambalinas” han colaborado de diversas maneras. Agradezco de forma especial al señor Mohamed Abdel Salam, exconsejero del Gran Imán.

Desde vuestra patria me dirijo a todos los países de la Península, a quienes deseo enviarles mi más cordial saludo, con amistad y aprecio.
Con gratitud al Señor, en el octavo centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil, he aceptado la ocasión para venir aquí como un creyente sediento de paz, como un hermano que busca la paz con los hermanos. Querer la paz, promover la paz, ser instrumentos de paz: estamos aquí para esto.
El logo de este viaje representa una paloma con una rama de olivo. Es una imagen que recuerda la historia del diluvio universal, presente en diferentes tradiciones religiosas. De acuerdo con la narración bíblica, para preservar a la humanidad de la destrucción, Dios le pide a Noé que entre en el arca con su familia. También hoy, en nombre de Dios, para salvaguardar la paz, necesitamos entrar juntos como una misma familia en un arca que pueda navegar por los mares tormentosos del mundo: el arca de la fraternidad.
El punto de partida es reconocer que Dios está en el origen de la familia humana. Él, que es el Creador de todo y de todos, quiere que vivamos como hermanos y hermanas, habitando en la casa común de la creación que él nos ha dado. Aquí, en las raíces de nuestra humanidad común, se fundamenta la fraternidad como una «vocación contenida en el plan creador de Dios».[1] Nos dice que todos tenemos la misma dignidad y que nadie puede ser amo o esclavo de los demás.
No se puede honrar al Creador sin preservar el carácter sagrado de toda persona y de cada vida humana: todos son igualmente valiosos a los ojos de Dios. Porque él no mira a la familia humana con una mirada de preferencia que excluye, sino con una mirada benevolente que incluye. Por lo tanto, reconocer los mismos derechos a todo ser humano es glorificar el nombre de Dios en la tierra. Por lo tanto, en el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión.
El enemigo de la fraternidad es el individualismo, que se traduce en la voluntad de afirmarse a sí mismo y al propio grupo por encima de los demás. Es una insidia que amenaza a todos los aspectos de la vida, incluso la prerrogativa más alta e innata del hombre, es decir, la apertura a la trascendencia y a la religiosidad. La verdadera religiosidad consiste en amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Por lo tanto, la conducta religiosa debe ser purificada continuamente de la tentación recurrente de juzgar a los demás como enemigos y adversarios. Todo credo está llamado a superar la brecha entre amigos y enemigos, para asumir la perspectiva del Cielo, que abraza a los hombres sin privilegios ni discriminaciones.
Por eso, quisiera expresar mi aprecio por el compromiso con que este 
país tolera y garantiza la libertad de culto, oponiéndose al extremismo y al odio. De esta manera, al mismo tiempo que se promueve la libertad fundamental de profesar la propia fe, que es una exigencia intrínseca para la realización del hombre, también se vigila para que la religión no sea instrumentalizada y corra el peligro, al admitir la violencia y el terrorismo, de negarse a sí misma.
La fraternidad ciertamente «expresa también la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y dignidad».[2] Su expresión es la pluralidad religiosa. En este contexto, la actitud correcta no es la uniformidad forzada ni el sincretismo conciliatorio: lo que estamos llamados a hacer, como creyentes, es comprometernos con la misma dignidad de todos, en nombre del Misericordioso que nos creó y en cuyo nombre se debe buscar la recomposición de los contrastes y la fraternidad en la diversidad. Aquí me gustaría reafirmar la convicción de la Iglesia Católica: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».[3]

Sin embargo, se nos presentan varias cuestiones ¿Cómo protegernos mutuamente en la única familia humana? ¿Cómo alimentar una fraternidad no teórica que se traduzca en auténtica fraternidad? ¿Cómo hacer para que prevalezca la inclusión del otro sobre la exclusión en nombre de la propia pertenencia de cada uno?  ¿Cómo pueden las religiones, en definitiva, ser canales de fraternidad en lugar de barreras de separación?
La familia humana y la valentía de la alteridad
Si creemos en la existencia de la familia humana, se deduce que esta, en sí misma, debe ser protegida. Como en todas las familias, esto ocurre principalmente a través de un diálogo cotidiano y efectivo. Presupone la propia identidad, de la que no se debe abdicar para complacer al otro. Pero, al mismo tiempo, pide la valentía de la alteridad,[4] que implica el pleno reconocimiento del otro y de su libertad, y el consiguiente compromiso de empeñarme para que sus derechos fundamentales sean siempre respetados por todos y en todas partes. Porque sin libertad ya no somos hijos de la familia humana, sino esclavos. De entre las libertades me gustaría destacar la religiosa. Esta no se limita solo a la libertad de culto, sino que ve en el otro a un verdadero hermano, un hijo de mi propia humanidad que Dios deja libre y que, por tanto, ninguna institución humana puede forzar, ni siquiera en su nombre.
Diálogo y oración
La valentía de la alteridad es el alma del diálogo, que se basa en la sinceridad de las intenciones. El diálogo está de hecho amenazado por la simulación, que aumenta la distancia y la sospecha: no se puede proclamar la fraternidad y después actuar en la dirección opuesta. Según un escritor moderno, «quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto en el que ya no puede distinguir la  verdad, ni dentro de sí mismo ni a su alrededor, y así comienza a no tener ya estima ni de sí mismo ni de los demás».[5]
Para todo esto la oración es indispensable: mientras encarna la valentía de la alteridad con respecto a Dios, en la sinceridad de la intención, purifica el corazón del replegarse en sí mismo. La oración hecha con el corazón es regeneradora de fraternidad. Por eso, «en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad».[6]
No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no habrá futuro. Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas. Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz.
La educación y la justicia
Volvemos entonces a la imagen inicial de la paloma de la paz. También la paz para volar necesita alas que la  sostengan.   Las alas de la educación y la justicia.
Educar —en latín significa extraer, sacar— es descubrir los preciosos recursos del alma. Es confortador observar que en este país no solo se invierte en la extracción de los recursos de la tierra, sino también en los del corazón, en la educación de los jóvenes. Es un compromiso que espero continúe y se extienda a otros lugares. También la educación acontece en la relación, en la reciprocidad. Junto a la famosa máxima antigua “conócete a ti mismo”, debemos colocar “conoce a tu hermano”: su historia, su cultura y su fe, porque no hay un verdadero conocimiento de sí mismo sin el otro. Como hombres, y más aún como hermanos, recordémonos que nada de lo que es humano nos puede ser extraño.[7] Es importante para el futuro formar identidades abiertas, capaces de superar la tentación de replegarse sobre sí mismos y volverse rígidos.
Invertir en cultura ayuda a que disminuya el odio y aumente la civilización y la prosperidad. La educación y la violencia son inversamente proporcionales. Las instituciones católicas —muy apreciadas en este país y en la región— promueven dicha educación para la paz y el entendimiento mutuo para prevenir la violencia.
Los jóvenes, rodeados con frecuencia por mensajes negativos y noticias falsas, deben aprender a no rendirse a las seducciones del materialismo, del odio y de los prejuicios; aprender a reaccionar ante la injusticia y también ante las experiencias dolorosas del pasado; aprender a defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que defienden sus derechos. Un día ellos nos juzgarán: bien, si les hemos dado bases sólidas para crear nuevos encuentros de civilización; mal, si les hemos proporcionado solo espejismos y la desolada perspectiva de conflictos perjudiciales de incivilidad.
La justicia es la segunda ala de la paz, que a menudo no se ve amenazada por episodios individuales, sino que es devorada lentamente por el cáncer de la injusticia.
Por lo tanto, uno no puede creer en Dios y no tratar de vivir la justicia con todos, de acuerdo con la regla de oro: «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas» (Mt 7,12).
¡La paz y la justicia son inseparables! El profeta Isaías dice: «La obra de la justicia será la paz» (32,17). La paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal. Una justicia dirigida solo a miembros de la propia familia, compatriotas, creyentes de la misma fe es una justicia que cojea, es una injusticia disfrazada.
Las religiones tienen también la tarea de recordar que la codicia del beneficio vuelve el corazón inerte y que las leyes del mercado actual, que exigen todo y de forma inmediata, no favorecen el encuentro, el diálogo, la familia, las dimensiones esenciales de la vida que necesitan de tiempo y paciencia. Que las religiones sean la voz de los últimos, que no son estadísticas sino hermanos, y estén del lado de los pobres; que vigilen como centinelas de fraternidad en la noche del conflicto, que sean referencia solícita para que la humanidad no cierre los ojos ante las injusticias y nunca se resigne ante los innumerables dramas en el mundo.
El desierto que florece
Después de haber hablado de la fraternidad como arca de paz, me gustaría inspirarme en una segunda imagen, la del desierto que nos rodea. Aquí, en pocos años, con visión de futuro y sabiduría, el desierto se ha transformado en un lugar próspero y hospitalario; el desierto ha pasado de ser un obstáculo intransitable e inaccesible a un lugar de encuentro entre culturas y religiones. Aquí el desierto ha florecido, no solo por unos pocos días al año, sino para muchos años venideros. Este país, en el que la arena y los rascacielos se dan la mano, sigue siendo una importante encrucijada entre el Occidente y el Oriente, entre el Norte y el Sur del planeta, un lugar de desarrollo, donde los espacios, en otro tiempo inhóspitos, ofrecen puestos de trabajo para personas de diversas naciones.
Sin embargo, el desarrollo tiene también sus adversarios. Y si el enemigo de la fraternidad era el individualismo, me gustaría señalar a la indiferencia como un obstáculo para el desarrollo, que termina convirtiendo las realidades florecientes en tierras desiertas. De hecho, un desarrollo meramente utilitario no ofrece un progreso real y duradero. Solo un desarrollo integral e integrador favorece un futuro digno del hombre. La indiferencia impide ver a la comunidad humana más allá de las ganancias y al hermano más allá del trabajo que realiza. La indiferencia no mira hacia el futuro; no le interesa el futuro de la creación, no le importa la dignidad del forastero y el futuro de los niños.
En este contexto, me alegro de que, en el pasado mes de noviembre, haya tenido lugar aquí en Abu Dhabi el primer Foro de la Alianza Interreligiosa para Comunidades más seguras, sobre el tema de la dignidad del niño en la era digital. Este evento acogió el mensaje publicado un año antes en Roma en el Congreso Internacional sobre el mismo tema, al que le di todo mi apoyo y aliento. Por lo tanto, agradezco a todos los líderes comprometidos en este ámbito y les aseguro mi apoyo, solidaridad y colaboración, como también la de la Iglesia Católica, en esta causa importante de la protección de los menores en todos sus aspectos.
Aquí, en el desierto, se ha abierto un camino de desarrollo fecundo que, a partir del trabajo, ofrece esperanzas a muchas personas de diferentes pueblos, culturas y credos. Entre ellos, también muchos cristianos, cuya presencia en la región se remonta a siglos atrás, han encontrado oportunidades y han contribuido de manera significativa al crecimiento y bienestar del país. Además de las habilidades profesionales, os brindan la autenticidad de su fe. El respeto y la tolerancia que encuentran, así como los lugares de culto necesarios donde rezan, les permiten esa maduración espiritual que luego beneficia a toda la sociedad. Los animo a que continúen en este camino, para que aquellos que viven o están de paso preserven no solo la imagen de las grandes obras construidas en el desierto, sino también de una nación que incluye y abarca a todos.
En este mismo espíritu deseo que, no solo aquí, sino en toda la amada y neurálgica región de Oriente Medio, haya oportunidades concretas de encuentro: una sociedad donde personas de diferentes religiones tengan el mismo derecho de ciudadanía y donde solo se le quite  ese  derecho a la violencia, en todas sus formas.
Una convivencia fraterna basada en la educación y la justicia; un desarrollo humano, construido sobre la inclusión acogedora y sobre los derechos de todos: estas son semillas de paz, que las religiones están llamadas a hacer brotar. A ellos les corresponde, quizás como nunca antes, en esta delicada situación histórica, una tarea que ya no puede posponerse: contribuir activamente a la desmilitarización del corazón del hombre. La carrera armamentística, la extensión de sus zonas de influencia, las políticas agresivas en detrimento de lo demás nunca traerán estabilidad. La guerra no sabe crear nada más que miseria, las armas nada más que muerte.
La fraternidad humana nos exige, como representantes de las religiones, el deber de desterrar todos los matices de aprobación de la palabra guerra. Devolvámosla a su miserable crudeza. Ante nuestros ojos están sus nefastas consecuencias. Estoy pensando de modo particular en Yemen, Siria, Irak y Libia. Juntos, hermanos de la única familia humana querida por Dios, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres; a todo esto nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo. Que nuestro estar juntos hoy sea un mensaje de confianza, un estímulo para todos los hombres de buena voluntad, para que no se rindan a los diluvios de la violencia y la desertificación del altruismo. Dios está con el hombre que busca la paz. Y desde el cielo bendice cada paso que, en este camino, se realiza en la tierra.
[1] Benedicto XVI, Discurso a los nuevos Embajadores  ante  la  Santa  Sede
[2] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2015, 2.
[3] Decl.  Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 5.
[4] Cf. Discurso a los participantes en la Conferencia Internacional para la paz, Al-Azhar Conference Centre, El Cairo, 28 abril 2017.
[5] F.M. Dostoievski, Los hermanos Karamazov, II, 2.
[6] Audiencia General, 28 octubre 2015.
[7] Cf. Terencio, Heautontimorumenos I, 1, 25.

05.02.19



Bahamas: Pensamiento del Papa tras la muerte de los inmigrantes haitianos en el Océano

(6 febrero 2019).- El Papa Francisco ha expresado en la audiencia general del 6 de febrero de 2019 su solidaridad y oración por de la muerte de casi una treintena de migrantes en el archipiélago de las Bahamas, en el Océano Atlántico, hace cuatro días.
El sábado pasado, dijo, cerca del archipiélago de las Bahamas, se hundió un bote que llevaba decenas de inmigrantes de Haití y en busca de esperanza y un futuro de paz”.
El Papa luego aseguró su “pensamiento amoroso” a las “familias que sufren, así como al pueblo haitiano afectado por esta nueva tragedia. Y agregó una invitación a unirse a su oración por aquellos que han desaparecido trágicamente y por los heridos”.
Según una declaración emitida por el Ministerio del Interior de Haití, el hundimiento tuvo lugar en la pequeña isla de “Abaco”, al norte del archipiélago de las Bahamas. 19 personas sobrevivieron, pero se rescataron 28 cadáveres.


El Papa narra su viaje “breve pero muy significativo” a los Emiratos Árabes

(6 febrero 2019).- El Pontífice ha compartido su experiencia en los Emiratos Árabes Unidos con las personas presentes en la audiencia general, celebrada esta mañana, 6 de febrero de 2019, en el Aula Pablo VI, un viaje “breve pero muy significativo”, ha descrito. “Es la primera vez que un Papa viaja a la Península Arábiga”.
A las 9:30 horas, el Papa Francisco ha llegado al aula donde le esperaban cientos de fieles procedentes de Italia y de otras partes del mundo, como España y Latinoamérica, entre ellos un grupo de andaluces, a quienes se ha dirigido el Santo Padre: “Cuando entraba, vi que había muchos andaluces, que saben hacer ruido”.
Documento sobre fraternidad humana
Así, el Obispo de Roma ha destacado el encuentro interreligioso, celebrado en Abu Dhabi, junto al Príncipe Heredero de los Emiratos y a otras autoridades locales, con importantes intervenciones sobre el valor de la alteridad, el diálogo y la oración.
Francisco también ha resaltado la firma del documento sobre la fraternidad humana con el Gran Imán de Al-Azhar, en el que “juntos afirmamos la común vocación de todos los hombres a ser hermanos en cuanto hijos de Dios” y “condenamos cualquier forma de violencia, también aquella revestida de motivaciones religiosas”, además “nos comprometemos a difundir en el mundo los auténticos valores y la paz”, ha comentado.

El Santo Padre no ha querido dejar de recordar a la comunidad cristiana en aquellas tierras y a su obispo Paul Hinder, Vicario Apostólico de Arabia del Sur. “Con ellos he podido compartir la Eucaristía en la que hemos pedido especialmente por Oriente Medio y el Yemen”, explicó.
San Francisco y el Sultán Al Kamil
Francisco ha explicado que durante este viaje, ha recordado a san Francisco de Asís y su encuentro con el Sultán Al Kamil, del que se cumplen ahora 800 años, algo que le ha ayudado a “tener presente el Evangelio y los pobres” durante todos sus encuentros, ha señalado.
De este modo, el Sucesor de Pedro ha agradecido a las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos su acogida, y los “fructíferos diálogos” entablados con cada uno de ellas, ha valorado. Así, el Papa ha observado que este país se ha desarrollado mucho en los últimos tiempos, siendo un “cruce de caminos entre oriente y occidente”, y dando lugar a una “rica comunidad multicultural”.
Haitianos, víctimas del naufragio
El Papa ha resumido la catequesis en francés, inglés, alemán, español, polaco y árabe, dirigiendo expresiones particulares de saludo a los grupos de fieles presentes.
Después ha dirigido una invitación a rezar por los migrantes provenientes de Haití, víctimas del naufragio ocurrido cerca de las Bahamas. La audiencia general se ha concluido con el canto del Padre Nuestro y la Bendición Apostólica.
07.02.19




El Papa narra su viaje “breve pero muy significativo” a los Emiratos Árabes

Resumen de la catequesis en español


( 6 febrero 2019).- El Pontífice ha compartido su experiencia en los Emiratos Árabes Unidos con las personas presentes en la audiencia general, celebrada esta mañana, 6 de febrero de 2019, en el Aula Pablo VI, un viaje “breve pero muy significativo”, ha descrito. “Es la primera vez que un Papa viaja a la Península Arábiga”.
A las 9:30 horas, el Papa Francisco ha llegado al aula donde le esperaban cientos de fieles procedentes de Italia y de otras partes del mundo, como España y Latinoamérica, entre ellos un grupo de andaluces, a quienes se ha dirigido el Santo Padre: “Cuando entraba, vi que había muchos andaluces, que saben hacer ruido”.
Documento sobre fraternidad humana
Así, el Obispo de Roma ha destacado el encuentro interreligioso, celebrado en Abu Dhabi, junto al Príncipe Heredero de los Emiratos y a otras autoridades locales, con importantes intervenciones sobre el valor de la alteridad, el diálogo y la oración.
Francisco también ha resaltado la firma del documento sobre la fraternidad humana con el Gran Imán de Al-Azhar, en el que “juntos afirmamos la común vocación de todos los hombres a ser hermanos en cuanto hijos de Dios” y “condenamos cualquier forma de violencia, también aquella revestida de motivaciones religiosas”, además “nos comprometemos a difundir en el mundo los auténticos valores y la paz”, ha comentado.
El Santo Padre no ha querido dejar de recordar a la comunidad cristiana en aquellas tierras y a su obispo Paul Hinder, Vicario Apostólico de Arabia del Sur. “Con ellos he podido compartir la Eucaristía en la que hemos pedido especialmente por Oriente Medio y el Yemen”, explicó.
San Francisco y el Sultán Al Kamil
Francisco ha explicado que durante este viaje, ha recordado a san Francisco de Asís y su encuentro con el Sultán Al Kamil, del que se  cumplen ahora 800 años, algo que le ha ayudado a “tener presente el Evangelio y los pobres” durante todos sus encuentros, ha señalado.

De este modo, el Sucesor de Pedro ha agradecido a las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos su acogida, y los “fructíferos diálogos” entablados con cada uno de ellas, ha valorado. Así, el Papa ha observado que este país se ha desarrollado mucho en los últimos tiempos, siendo un “cruce de caminos entre oriente y occidente”, y dando lugar a una “rica comunidad multicultural”.
Haitianos, víctimas del naufragio
El Papa ha resumido la catequesis en francés, inglés, alemán, español, polaco y árabe, dirigiendo expresiones particulares de saludo a los grupos de fieles presentes.
Después ha dirigido una invitación a rezar por los migrantes provenientes de Haití, víctimas del naufragio ocurrido cerca de las Bahamas. La audiencia general se ha concluido con el canto del Padre Nuestro y la Bendición Apostólica.


Santa Marta: Conversión, “abrir el corazón a fin de que entre la Palabra de Dios”

Si el corazón está cerrado no puede ser curado

(7 febrero 2019).- La conversión y la curación es un tema que nos atañe a todos, ha propuesto el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, este jueves, 7 de febrero de 2019.
Para abrir el corazón de los demás e invitarlos a convertirse se necesita la mansedumbre, la humildad y la pobreza, siguiendo los pasos de Cristo”, ha asegurado el Papa, tras escuchar las lecturas del día, el pasaje evangélico de San Marcos (6, 7-13).
La “primera curación” es la conversión, en el sentido de “abrir el corazón a fin de que entre la Palabra de Dios”, ha matizado.
Convertirse es mirar hacia otra parte, coincidir en otra parte. Y esto abre el corazón, hace ver otras cosas. Pero si el corazón está cerrado no puede ser curado”, ha continuado. “Si alguien está enfermo y por tenacidad no quiere ir al médico, no será curado. Y a ellos dice, primero: ‘Conviértanse, abran el corazón’. Nosotros los cristianos hacemos tantas cosas buenas, pero si el corazón está cerrado, es todo un barniz exterior”.
El Papa ha exhortado al camino de la “pobreza”, a la “humildad” y a la “mansedumbre”.
Así, ha puesto de ejemplo: Si un apóstol, un enviado, alguno de nosotros – somos tantos los enviados aquí – va un poco con la nariz para arriba, creyéndose superior a los demás o buscando algún interés humano o – no sé – buscando posiciones en la Iglesia, jamás curará a alguien, no habrá logrado abrir el corazón de nadie, porque su palabra no tendrá autoridad. El discípulo tendrá autoridad si sigue los pasos de Cristo”.

¿Y cuáles son los pasos de Cristo? La pobreza. ¡De Dios se hizo hombre! ¡Se ha aniquilado! ¡Se ha despojado! La pobreza que conduce a la mansedumbre, a la humildad. Jesús humilde que va por la calle para curar. Y así un apóstol con esta actitud de pobreza, de humildad, de mansedumbre, es capaz de tener autoridad para decir: “Conviértanse”, para abrir los corazones”.
08.02.19


Ángelus: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”

Palabras del Papa antes del Ángelus


(10 febrero 2019).- Como cada domingo a las 12 horas el Papa Franciscos se ha asomado a la ventana de su estudio del palacio Apostólico para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro.


Palabras del Papa antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy (cf. Lc 5, 1-11) nos ofrece, en el relato de Lucas, la llamada de San Pedro. Su nombre, lo sabemos, era Simón, y era pescador. Jesús, en la orilla del lago de Galilea, lo ve mientras está arreglando las redes, junto con otros pescadores. Lo encuentra fatigado y decepcionado, porque esa noche no habían pescado nada. Y Jesús lo sorprende con un gesto inesperado: se sube a su barca y le pide que se aleje un poco de la tierra porque quiere hablar con la gente desde allí. Entonces Jesús se sienta en la barca de Simón y enseña a la multitud reunida a lo largo de la orilla. Pero sus palabras también reabren el corazón de Simón a la confianza. Entonces Jesús, con otro “movimiento” sorprendente, le dice: “Rema mar adentro y echen sus redes para pescar” (v. 4). Al principio, Simón responde con una objeción: “Maestro, estuvimos bregando toda la noche y no hemos cogido nada …”. Y, como experto pescador, podría haber agregado: “Si no recogimos nada por la noche, mucho menos cogeremos durante el día”. En cambio, inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: “… pero en tu palabra lanzaré las redes” (v. 5). Es la respuesta de la fe, que nosotros también estamos llamados a dar; Es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a aquellos que tienen responsabilidades en la Iglesia. Y la obediencia confiada de Pedro produce un resultado prodigioso: “Así lo hicieron y recogieron una cantidad enorme de peces” (v. 6).
Se trata de una pesca milagroso, signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos ponemos generosamente a su servicio, Él realiza grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que lo acojamos en la barca de nuestra vida, que comencemos de nuevo con él y surcar un nuevo mar, que se revela lleno de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, para ser testigos de la bondad y de la misericordia, da un nuevo sentido a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de replegarse sobre sí misma. A veces, nos sorprendemos y dudamos ante la llamada que nos hace el Maestro Divino, y nos sentimos tentados a rechazarla debido a nuestra insuficiencia. Incluso Pedro, después de esa increíble pesca, le dijo a Jesús: “Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador” (v. 8), es hermosa esta humilde oración”Señor aléjate de mi porque soy un pecador”. Pero lo dijo de rodillas ante Aquel que ahora reconoce como “Señor”. Y Jesús lo alienta diciendo: “No temas; desde ahora en adelante serás pescador de hombres “(v. 10), porque Dios, si confiamos en Él, nos libra de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión.
El mayor milagro realizado por Jesús para Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados, no es tanto la red llena de peces, como haberlos ayudado a no ser víctimas de la decepción y el desaliento ante las derrotas. Los abrió para convertirse en anunciadores y testigos de su palabra y del reino de Dios. Y la respuesta de los discípulos fue rápida y total, una vez que subieron las barcas a la tierra firme dejaron todo y lo siguieron (v. 11).
Que la Santísima Virgen, modelo de pronta adhesión a la voluntad de Dios, nos ayude a sentir la fascinación de la llamada del Señor y nos haga disponibles para colaborar con él para difundir su palabra de salvación en todas partes.
11.02.19


Audiencia general, 13 de febrero de 2019 – Catequesis del Papa Francisco

Padre de todos nosotros’ – 6ª catequesis del ‘Padre Nuestro’

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:25 en el Aula Pablo VI  donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.
El Santo Padre, retomando el ciclo de catequesis sobre el Padre nuestro, se ha centrado en el tema “Padre de todos nosotros” (Pasaje bíblico: Del Evangelio según San Lucas 10, 21-22)
Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo.
La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la bendición apostólica.
Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Continuamos nuestro itinerario para aprender cada vez mejor a rezar como Jesús nos enseñó. Tenemos que rezar como Él nos enseñó a hacerlo.

Él dijo: cuando reces, entra en el silencio de tu habitación, retírate del mundo y dirígete  a Dios llamándolo “¡Padre!”. Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan de pie en las calles para que los admire la gente (cf. Mt 6, 5). Jesús no quiere hipocresía. La verdadera oración es la que se hace en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios. Dios y yo. Esa oración huye de la falsedad: ante Dios es imposible fingir. Es imposible, ante Dios no hay truco que valga, Dios nos conoce así, desnudos en la conciencia y no se puede fingir. En la raíz del diálogo con Dios hay un  diálogo silencioso, como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esta es oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar. “Pero, padre, yo no digo palabras…” Mira a Dios y déjate mirar por Él: es una oración, ¡una hermosa oración!

Sin embargo, aunque la oración del discípulo sea confidencial, nunca cae en el intimismo. En el secreto de la conciencia, el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas, todas las llevo en la oración.
Hay una ausencia impresionante en el texto de “Nuestro Padre”. ¿Si yo preguntase a vosotros cual es la ausencia impresionante en el texto del Padre nuestro? No será fácil responder. Falta una palabra. Pensadlo todos: ¿qué falta en el Padre nuestro? Pensad, ¿qué falta? Una palabra. Una palabra por la que en nuestros tiempos, -pero quizás siempre-, todos tienen una gran estima. ¿Cuál es la palabra que falta en el Padre nuestro que rezamos todos los días? Para ahorrar tiempo os la digo: Falta la palabra “yo”. “Yo” no se dice nunca.  Jesús nos enseña a rezar, teniendo en nuestros labios sobre todo el “Tú”, porque la oración cristiana es diálogo: “santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad”.  No mi nombre, mi reino, mi voluntad. Yo no, no va. Y luego pasa al “nosotros“. Toda la segunda parte del “Padre Nuestro” se declina en la primera persona plural: “Danos nuestro pan de cada día, perdónanos nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal”. Incluso las peticiones humanas más básicas, como la de  tener comida para satisfacer el hambre, son todas en plural. En la oración cristiana, nadie pide el pan para sí mismo: dame el pan de cada día, no, danos, lo suplica para todos, para todos los pobres del mundo. No hay que olvidarlo, falta la palabra “yo”. Se reza con el tú y con el nosotros. Es una buena enseñanza de Jesús. No os olvidéis.
¿Por qué? Porque no hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios. No hay ostentación de los problemas personales como si fuéramos los únicos en el mundo que sufrieran. No hay oración elevada a Dios que no sea la oración de una comunidad de hermanos y hermanas, el nosotros: estamos en comunidad, somos hermanos y hermanas, somos un pueblo que reza, “nosotros”. Una vez el capellán de una cárcel me preguntó: “Dígame, padre, ¿Cuál es la palabra contraria a yo? Y yo, ingenuo, dije: “Tú”. “Este es el principio de la guerra. La palabra opuesta a “yo” es “nosotros”, donde está la paz, todos juntos”. Es una hermosa enseñanza la que me dio aquel cura.

Un cristiano lleva a la oración todas las dificultades de las personas que están a su lado: cuando cae la noche, le cuenta a Dios los dolores con que se ha cruzado ese día; pone ante Él tantos rostros, amigos e incluso hostiles; no los aleja como distracciones peligrosas. Si uno no se da cuenta de que a su alrededor hay tanta gente que sufre, si no se  compadece de las lágrimas de los pobres, si está acostumbrado a todo, significa que su corazón es ¿cómo es? ¿Marchito? No, peor: es de piedra. En este caso, es bueno suplicar al Señor que nos toque con su Espíritu y ablande nuestro corazón. “Ablanda, Señor, mi corazón”. Es una oración hermosa: “Señor, ablanda mi corazón, para que entienda y se haga cargo de todos los problemas, de todos los dolores de los demás”. Cristo no pasó inmune al lado de las miserias del mundo: cada vez que percibía una soledad, un dolor del cuerpo o del espíritu, sentía una fuerte compasión, como las entrañas de una madre. Este “sentir compasión” –no olvidemos esta palabra tan cristiana: sentir compasión- es uno de los verbos clave del Evangelio: es lo que empuja al buen samaritano a acercarse al hombre herido al borde del camino, a diferencia de otros que tienen un corazón duro.
Podemos preguntarnos: cuando rezo, ¿me abro al llanto de tantas personas cercanas y lejanas?, ¿O pienso en la oración como un tipo de anestesia, para estar más tranquilo? Dejo caer la pregunta, que cada uno conteste. En este caso caería víctima de un terrible malentendido. Por supuesto, la mía ya no sería una oración cristiana. Porque ese “nosotros” que Jesús nos enseñó me impide estar solo tranquilamente y me hace sentir responsable de mis hermanos y hermanas.
Hay hombres que aparentemente no buscan a Dios, pero Jesús nos hace rezar también por ellos, porque Dios busca a estas personas más que a nadie. Jesús no vino por los sanos, sino por los enfermos, por  los pecadores (cf. Lc 5, 31), es decir, por  todos, porque el que piensa que está sano, en realidad no lo está. Si trabajamos por la justicia, no nos sintamos mejor que los demás: el Padre hace que su sol salga sobre los buenos y sobre los malos (cf. Mt 5:45). ¡El Padre ama a todos! Aprendamos de Dios que siempre es bueno con todos, a diferencia de nosotros que solo podemos ser buenos con alguno, con alguno que me gusta.
Hermanos y hermanas, santos y pecadores, todos somos hermanos amados por el mismo Padre. Y, en el ocaso de la vida, seremos juzgados por el amor, por cómo hemos amado. No solo el amor sentimental, sino también compasivo y concreto, de acuerdo con la regla evangélica -¡no la olvidéis!- “Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos, más pequeños a mí lo hicisteis”.Así dice el Señor. Gracias.
14.02.19




FAO: El Papa aboga por el “desarrollo local” y la innovación tecnológica “al servicio de los pobres”

Discurso del Pontífice en la sede central

(14 febrero 2019).- El Papa Francisco ha indicado esta mañana, 14 de febrero de 2019, en la sede de la FAO, en Roma, que el “desarrollo local tiene valor en sí mismo y no en función de otros objetivos. Se trata de lograr que cada persona y cada comunidad pueda desplegar sus propias capacidades de un modo pleno, viviendo así una vida humana digna de tal nombre”.
En el marco de la inauguración de la 42ª sesión del Consejo de los Gobernadores del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), el Pontífice ha visitado esta mañana la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y ha ofrecido un discurso.
Discurso del Papa Francisco
Señor Presidente del FIDA,
Señores Jefes de Estado
Señor Presidente del Consejo de Ministros de Italia,
Señores Ministros,
Señores Delegados y Representantes Permanentes de los Estados miembros,
Señoras y señores:

He aceptado con gusto la invitación que usted me ha dirigido, señor Presidente, en nombre del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), para esta ceremonia de apertura de la cuadragésima segunda sesión del Consejo de Gobernadores de esta Organización intergubernamental.
Mi presencia desea traer a esta Sede los anhelos y necesidades de la multitud de hermanos nuestros que sufren en el mundo. Me gustaría que pudiéramos mirar sus rostros sin sonrojarnos, porque finalmente su clamor ha sido escuchado y sus preocupaciones atendidas. Ellos viven situaciones precarias: el aire está viciado, los recursos naturales esquilmados, los ríos contaminados, los suelos acidificados; no tienen agua suficiente para ellos mismos ni para sus cultivos; sus infraestructuras sanitarias son muy deficientes, sus viviendas escasas y defectuosas.
Y estas realidades se prolongan en el tiempo cuando, por otra parte, nuestra sociedad ha alcanzado grandes logros en otros ámbitos del saber. Esto quiere decir que estamos ante una sociedad que es capaz de avanzar en sus propósitos de bien; y también vencerá la batalla contra el hambre y la miseria, si se lo plantea con seriedad. Estar decididos en esta lucha es primordial para que podamos escuchar —no como un eslogan sino de verdad—: “El hambre no tiene presente ni futuro. Solo pasado”. Para esto, es necesario la ayuda de la comunidad internacional, de la sociedad civil y de cuantos poseen recursos. Las responsabilidades no se evaden, pasándolas de unos a otros, sino que se van asumiendo para ofrecer soluciones concretas y reales. Son éstas lassoluciones concretas y reales las que debemos pasar de unos a otros. La Santa Sede siempre ha alentado los esfuerzos desplegados por las agencias internacionales para afrontar la pobreza. Ya en diciembre de 1964 san Pablo VI, pidió en Bombay y posteriormente reiteró en otras circunstancias, la creación de un Fondo mundial para combatir la miseria y dar un impulso decisivo a la promoción integral de las zonas más depauperadas de la humanidad (cf. Discurso a los participantes en la Conferencia Mundial sobre la Alimentación, 9 noviembre 1974). Y desde entonces, sus sucesores no hemos cesado de animar e impulsar iniciativas semejantes, uno de cuyos ejemplos más notorios es el FIDA.
Esta 42 sesión del Consejo de Gobernadores del FIDA sigue en esta lógica y tiene ante ella un trabajo fascinante y crucial: crear posibilidades inéditas, despejar vacilaciones y poner a cada pueblo en condiciones de afrontar las necesidades que lo afligen. La comunidad internacional, que elaboró la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, necesita dar pasos ulteriores para la consecución real de los 17 objetivos que la conforman. A este respecto, la aportación del FIDA resulta imprescindible para poder cumplir los  dos dos primeros objetivos de la Agenda, los referidos a la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre y la promoción de la soberanía alimentaria. Y nada de ello será posible sin lograr el desarrollo rural, un desarrollo del que viene hablándose desde hace tiempo pero que no termina de concretarse. Y resulta paradójico que buena parte de los más de 820 millones de personas que sufren hambre y malnutrición en el mundo viva en zonas rurales, esto es paradójico, y se dedique a la producción de alimentos y sea campesina. Además, el éxodo del campo a la ciudad es una tendencia global que no podemos obviar en nuestras consideraciones.
El desarrollo local, por lo tanto, tiene valor en sí mismo y no en función de otros objetivos. Se trata de lograr que cada persona y cada comunidad pueda desplegar sus propias capacidades de un modo pleno, viviendo así una vida humana digna de tal nombre. Ayudar a desplegar esto, pero no de arriba hacia abajo, sino con ellos y para ellos –“pour et avec”- dijo el Señor Presidente.
Exhorto a cuantos tienen responsabilidad en las naciones y en los organismos intergubernamentales, así como a quienes pueden contribuir desde el sector público y privado, a desarrollar los cauces necesarios para que puedan implementarse las medidas adecuadas en las regiones rurales de la tierra, para que puedan ser artífices responsables de su producción y progreso.
Los problemas que signan negativamente el destino de muchos hermanos nuestros en la hora presente no podrán resolverse en forma aislada, ocasional o efímera. Hoy más que nunca hemos de sumar esfuerzos, lograr consensos, estrechar vínculos. Los retos actuales son tan intrincados y complejos que no podemos seguir afrontándolos de forma ocasional, con resoluciones de emergencia. Habría que otorgar protagonismo directo a los propios afectados por la indigencia, sin considerarlos meros receptores de una ayuda que puede acabar generando dependencias. Y cuando un pueblo se acostumbra a depender, no se desarrolla. Se trata de afirmar siempre la centralidad de la persona humana, recordando que «los nuevos procesos que se van gestando no siempre pueden ser incorporados en esquemas establecidos desde afuera, sino que deben partir de la misma cultura local» (Carta enc. Laudato si’, 144), que es original siempre. Y en este sentido, y como viene ocurriendo en los últimos años, el FIDA ha conseguido mejores resultados a través de una mayor descentralización, impulsando la cooperación sur-sur, diversificando las fuentes de financiación y los modos de actuación, promoviendo una acción basada en las evidencias y que, a la vez, genera conocimiento. Los animo fraternalmente a continuar por este camino, que es humilde, pero es el justo. Un camino que debe redundar siempre en la mejora de las condiciones de vida de las personas más menesterosas.
Finalmente, comparto con ustedes unas reflexiones más específicas en torno a la temática “Innovaciones e iniciativas empresariales en el mundo rural”, que guía esta sesión del Consejo de Gobernadores del  FIDA. Es necesario apostar por la innovación, la capacidad de emprendimiento, el protagonismo de los actores locales y la eficiencia de los procesos productivos para lograr la transformación rural con vistas a erradicar la desnutrición y a desarrollar de forma sostenible el medio campesino. Y en ese contexto, es necesario fomentar una “ciencia con conciencia” y poner la tecnología realmente al servicio de los pobres. Por otra parte, las nuevas tecnologías no deben contraponerse a las culturas locales y a los conocimientos tradicionales, sino complementarlos y actuar en sinergia con los mismos.
Los animo a todos ustedes, aquí presentes, y a los que trabajan de forma habitual en el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, para que sus trabajos, desvelos y deliberaciones sean en beneficio de los descartados –en esta cultura del descarte- en beneficio de las víctimas de la indiferencia y del egoísmo; y así podamos ver la derrota total del hambre y una copiosa cosecha de justicia y prosperidad. Muchas gracias.
15.02.19


Francisco agradece a las comunidades de acogida a migrantes: “¡Adelante! ¡No tengáis miedo!”

Misa en la ‘Fraterna Domus’

(15 febrero 2019).- Este mediodía, el Papa Francisco ha visitado la Casa Fraterna Domus de Sacrofano, en la provincia de Roma, para celebrar la Santa Misa de apertura del Encuentro ‘Libres del miedo’, promovido y organizado por la Fundación Migrantes, de Cáritas Italiana y del Centro Astalli, que tendrá lugar del 15 al 17 de febrero de 2019.
A su llegada, el Santo Padre ha sido recibido por los obispos presidentes y por los organizadores. Luego, a las 16 horas, en la iglesia de la Fraterna Domus, presidió la Concelebración Eucarística. Durante la Santa Misa, después del discurso de homenaje del Secretario General de la Conferencia Episcopal Italiana, Mons. Stefano Russo, y la proclamación del Evangelio, el Papa pronunció la homilía.
Antes de la bendición final el Presidente de la Fundación Migrantes, Mons. Guerino Di Tora, ha dirigido un saludo al Papa, y le ha regalado un cuadro de tela que representa a Jesús agarrando a Pedro por temor a que se hundiera en el agua, con la inscripción Ego sum nolite timere y el folleto ilustrativo de la exposición Exodus de Safet Zec, promovido y apoyado por la Fundación Migrantes, Caritas Italiana, Caritas de Roma, que se inaugurará el próximo 20 de febrero, en la iglesia de San Francisco Saverio del Caravita en Roma.
De este modo, el Papa, después de haber impartido la bendición final, ha dirigido a todos los fieles presentes unas palabras de agradecimiento: “Antes de decir adiós, quisiera agradecer a cada uno de ustedes por todo lo que hacen: el pequeño paso… Pero el pequeño paso hace el gran viaje de la historia ¡Adelante! ¡No tengáis miedo, sed valientes!”.
Al final, antes de abandonar la casa Fraterna Domus, el Santo Padre saludó a los religiosos que dirigen el Centro y después regresó al Vaticano.
16.02.19




Francisco en la FAO: “Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza”

Saludo del Papa a representantes indígenas

(14 febrero 2019).- “Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza”, ha anunciado en Pontífice esta mañana, 14 de febrero de 2019, en la sede central de la FAO, en Roma. “Ellos nos recuerdan que los seres humanos tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado de la ‘casa común'”.
Coincidiendo con las sesiones del Consejo de Gobernadores, se ha celebrado la cuarta reunión mundial del Foro de los pueblos indígenas, convocada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), en la que han trabajado en torno a “fomentar los conocimientos y las innovaciones de los pueblos originarios en pro de la resiliencia al cambio climático y el desarrollo sostenible”.
El Santo Padre ha recordado que “Dios creó la tierra para beneficio de todos, para que fuera un espacio acogedor en el que nadie se sintiera excluido y todos pudiéramos encontrar un hogar” y ha añadido que “si determinadas decisiones tomadas hasta ahora la han estropeado, nunca es demasiado tarde para aprender la lección y adquirir un nuevo estilo de vida”.
A continuación, ofrecemos el discurso del Papa Francisco a los representantes de los pueblos indígenas.
Saludo del Santo Padre a un grupo de representantes de los pueblos indígenas
Estimadas amigas y amigos:

Agradezco a la señora Myrna Cunningham sus amables palabras y me alegra saludar a quienes, coincidiendo con las sesiones del Consejo de Gobernadores, han celebrado la cuarta reunión mundial del Foro de los pueblos indígenas, convocada por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola(FIDA). El tema de sus trabajos ha sido “fomentar los conocimientos y las innovaciones de los pueblos originarios en pro de la resiliencia al cambio climático y el desarrollo sostenible”.
La presencia de todos ustedes aquí muestra que las cuestiones ambientales son de extrema importancia y nos invita a dirigir nuevamente la mirada a nuestro planeta, herido en muchas regiones por la avidez humana, por conflictos bélicos que engendran un caudal de males y desgracias, así como por las catástrofes naturales que dejan a su paso penuria y devastación. No podemos seguir ignorando estos flagelos, respondiendo a ellos desde la indiferencia o la insolidaridad o posponiendo las medidas que eficazmente los tienen que afrontar. Por el contrario, solo un vigoroso sentido de fraternidad fortalecerá nuestras manos para socorrer hoy a quienes lo precisan y abrir la puerta del mañana a las generaciones que vienen detrás de nosotros.
Dios creó la tierra para beneficio de todos, para que fuera un espacio acogedor en el que nadie se sintiera excluido y todos pudiéramos encontrar un hogar. Nuestro planeta es rico en recursos naturales. Y los pueblos originarios, con su copiosa variedad de lenguas, culturas, tradiciones, conocimientos y métodos ancestrales, se convierten para todos en una llamada de atención que pone de relieve que el hombre no es el propietario de la naturaleza, sino solamente el gerente, aquel que tiene como vocación velar por ella con esmero, para que no se pierda su biodiversidad, y el agua pueda seguir siendo sana y cristalina, el aire puro, los bosques frondosos y el suelo fértil.
Los pueblos indígenas son un grito viviente a favor de la esperanza. Ellos nos recuerdan que los seres humanos tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado de la “casa común”. Y si determinadas decisiones tomadas hasta ahora la han estropeado, nunca es demasiado tarde para aprender la lección y adquirir un nuevo estilo de vida. Se trata de adoptar una manera de proceder que, dejando atrás planteamientos superficiales y hábitos nocivos o explotadores, supere el individualismo atroz, el consumismo convulsivo y el frío egoísmo. La tierra sufre y los pueblos originarios saben del diálogo con la tierra, saben lo que es escuchar la tierra, ver la tierra, tocar la tierra. Saben el arte del bien vivir en armonía con la tierra. Y eso lo tenemos que aprender quienes quizás estemos tentados en una suerte de ilusión progresista a costillas de la tierra. No olvidemos nunca el dicho de nuestros abuelos: “Dios perdona siempre, los hombres perdonamos algunas veces, la naturaleza no perdona nunca”. Y lo estamos viendo, por el maltrato y la explotación. A ustedes, que saben dialogar con la tierra, se les confía el transmitirnos esta sabiduría ancestral.
Si unimos fuerzas y, en espíritu constructivo, entablamos un diálogo paciente y generoso, terminaremos tomando mayor conciencia de que tenemos necesidad los unos de los otros; de que una actuación dañina con el entorno que nos rodea repercute negativamente también en la serenidad y fluidez de la convivencia, que a veces no fue convivencia sino destrucción; de que los indigentes no pueden seguir padeciendo injusticias y los jóvenes tienen derecho a un mundo mejor que el nuestro y aguardan de nosotros respuestas y convincentes.
Gracias a todos ustedes por el tesón con que afirman que la tierra no está únicamente para explotarla sin miramiento alguno, también para cantarle, cuidarla, acariciarla. Gracias por alzar su voz para aseverar que el respeto debido al medio ambiente debe ser siempre salvaguardado por encima de intereses exclusivamente económicos y financieros. La experiencia del FIDA, su competencia técnica, así como los medios de los que dispone, prestan un valioso servicio para roturar caminos que reconozcan que «un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso» (Carta enc. Laudato si’, 194).
Y, en el imaginario colectivo nuestro, también hay un peligro: los pueblos así llamados civilizados “somos de primera” y los pueblos así llamados originarios o indígenas “somos de segunda”. No. Es el gran error de un progreso desarraigado, desmadrado de la tierra. Es necesario que ambos pueblos dialoguen. Hoy urge un “mestizaje cultural” donde la sabiduría de los pueblos originarios pueda dialogar al mismo nivel con la sabiduría de los pueblos más desarrollados, sin anular. “Mestizaje cultural” sería la meta hacia la cual tenemos que seguir con la misma dignidad.
Mientras los animo a seguir adelante, suplico a Dios que no deje de acompañar con sus bendiciones a vuestras comunidades y a quienes en el FIDA trabajan por tutelar a cuantos viven en las zonas rurales y más pobres del planeta, pero más ricas en la sabiduría de convivir con la naturaleza.
17.02.19








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